Después de los 50: qué cambios vasculares merece la pena vigilar aunque te encuentres bien10/5/2026 Cumplir 50 años no significa que aparezca automáticamente un problema vascular. Sin embargo, sí marca una etapa en la que algunos cambios en arterias y venas empiezan a ser más frecuentes, incluso en personas activas, sin dolor y con una buena calidad de vida.
El sistema vascular también envejece. Las arterias pueden perder progresivamente elasticidad, aumenta la posibilidad de que se formen placas de ateroma y las venas pueden volverse menos eficientes a la hora de devolver la sangre desde las piernas hacia el corazón. Muchos de estos cambios avanzan lentamente y durante años sin producir síntomas claros. Por eso, después de los 50, la prevención vascular no debería consistir únicamente en acudir al médico cuando algo duele. Conocer los factores de riesgo, observar determinados cambios y realizar una valoración cuando está indicada permite detectar problemas antes de que lleguen a limitar la vida diaria. ¿Qué ocurre en nuestros vasos sanguíneos con la edad? Las arterias y las venas son estructuras dinámicas que cambian a lo largo de toda la vida. Con el paso de los años, las paredes arteriales pueden hacerse progresivamente más rígidas. Además, factores como la hipertensión, el colesterol elevado, el tabaquismo, la diabetes o el sedentarismo pueden acelerar este proceso. En el sistema venoso también pueden producirse cambios. Las paredes de las venas pierden parte de su elasticidad y las válvulas encargadas de impedir que la sangre retroceda pueden funcionar con menor eficacia. Estos cambios no significan necesariamente enfermedad, pero sí hacen que determinados problemas vasculares sean más frecuentes conforme aumenta la edad. La aterosclerosis puede avanzar sin síntomas Uno de los aspectos más importantes de la salud arterial es que la enfermedad puede evolucionar durante mucho tiempo sin dar señales evidentes. La aterosclerosis consiste en la acumulación progresiva de grasa, colesterol y otros elementos en las paredes arteriales. Cuando estas placas crecen, disminuye el espacio disponible para que circule la sangre. ¿Por qué puede pasar desapercibida? El organismo tiene una gran capacidad de adaptación. Una arteria puede ir estrechándose progresivamente sin que el paciente note nada mientras el flujo sanguíneo continúe siendo suficiente para cubrir las necesidades de los tejidos. Los síntomas aparecen normalmente cuando esa reserva empieza a ser insuficiente, especialmente durante el ejercicio. En las piernas, uno de los signos típicos es la claudicación intermitente: dolor o cansancio muscular al caminar que desaparece después de descansar. Después de los 50, los factores de riesgo pesan más Algunas personas llegan a esta edad sin ninguna enfermedad vascular diagnosticada, pero acumulan factores de riesgo desde hace décadas.
Con el tiempo puede favorecer su rigidez y acelerar el daño vascular.
El problema es que no produce dolor ni síntomas por sí mismo. Una persona puede sentirse perfectamente mientras el proceso aterosclerótico sigue avanzando.
Los pies requieren especial atención en estos pacientes porque pueden coexistir alteraciones de la circulación y pérdida de sensibilidad.
Incluso haber fumado durante años en el pasado es un dato importante que debe formar parte de una valoración vascular. Cambios en las piernas que no conviene normalizar A partir de cierta edad es fácil atribuir determinadas molestias simplemente al envejecimiento. Sin embargo, algunas señales pueden estar relacionadas con un problema vascular. Dolor al caminar Si aparece dolor en los gemelos, muslos o glúteos después de caminar una determinada distancia y desaparece al detenerse, conviene investigar la circulación arterial. No debería asumirse automáticamente que se trata de falta de forma física o de una molestia muscular. Pies constantemente fríos Una sensación persistente de frío, especialmente cuando existe diferencia clara entre ambos pies, puede estar relacionada con una disminución del flujo sanguíneo. Heridas que tardan en cicatrizar Una pequeña lesión que permanece abierta durante demasiado tiempo puede ser una señal de que los tejidos no están recibiendo suficiente sangre. Esto requiere especial atención en personas con diabetes o antecedentes cardiovasculares. Cambios en el color de la piel Palidez, tonalidades azuladas, zonas muy rojizas o cambios persistentes en el color de pies y piernas pueden justificar una valoración médica. Las venas también cambian después de los 50 No todo el riesgo vascular está relacionado con las arterias. La insuficiencia venosa se vuelve también más frecuente con la edad. Cuando las válvulas venosas pierden eficacia, la sangre puede acumularse en las extremidades inferiores y aumentar la presión dentro de las venas. Señales de insuficiencia venosa Conviene prestar atención a:
¿Hace falta una revisión vascular simplemente por cumplir 50? No necesariamente. La edad por sí sola no significa que todas las personas deban someterse automáticamente a las mismas pruebas. La necesidad de una valoración depende del conjunto de factores de riesgo y antecedentes de cada paciente. ¿Quién debería prestar más atención?Una valoración puede resultar especialmente interesante si existen:
¿Qué se valora en una consulta vascular? Una revisión vascular no significa automáticamente realizar pruebas complejas. La historia clínica y la exploración física proporcionan mucha información. El especialista puede valorar los pulsos de las piernas, observar la piel, analizar la presencia de varices o edema y estudiar los factores de riesgo cardiovascular. Cuando existe una indicación concreta, pueden realizarse pruebas como el índice tobillo-brazo o el eco-Doppler vascular. El eco-Doppler Esta prueba permite estudiar mediante ultrasonidos el flujo sanguíneo de arterias y venas. Puede ayudar a detectar estrechamientos arteriales, reflujo venoso, alteraciones de las válvulas o secuelas de episodios trombóticos. Es una exploración no invasiva y especialmente útil cuando existen síntomas o antecedentes que justifican estudiar la circulación. La prevención vascular después de los 50 La edad no puede modificarse. Muchos otros factores, sí. Mantener actividad física regular, controlar la presión arterial, vigilar colesterol y glucosa, evitar el tabaco, mantener un peso adecuado y seguir una alimentación equilibrada sigue siendo la base de la prevención cardiovascular. Pero existe otro elemento fundamental: no esperar a que aparezca un problema importante para empezar a prestar atención a la circulación. Una revisión médica puede ayudar a identificar factores de riesgo que hasta ese momento habían pasado desapercibidos. Encontrarse bien no siempre cuenta toda la historia La mayoría de los problemas vasculares no aparecen de un día para otro. Pueden desarrollarse lentamente durante años mientras el organismo compensa los cambios y el paciente continúa haciendo una vida completamente normal. Después de los 50, conocer la presión arterial, el colesterol, la glucosa, los antecedentes familiares y el estado general de la circulación permite construir una prevención mucho más precisa. No se trata de buscar enfermedades donde no las hay. Se trata de identificar qué merece vigilancia antes de que se convierta en un problema. Si tienes factores de riesgo cardiovascular, antecedentes familiares o has empezado a notar cambios en tus piernas, una valoración con el Dr. Fernando Biguria puede ayudarte a conocer el estado de tu circulación y decidir si necesitas seguimiento o alguna medida específica de prevención.
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Septiembre supone para muchas personas un cambio brusco de ritmo. Después de semanas con más paseos, días de playa, viajes, actividades al aire libre o simplemente más oportunidades para moverse, llega la vuelta a la oficina y con ella regresan las horas frente al ordenador.
Para nuestras piernas, ese cambio también se nota. Permanecer sentado durante periodos prolongados reduce la actividad de la musculatura de las piernas y puede dificultar el retorno venoso. Al final de la jornada pueden aparecer pesadez, hinchazón en los tobillos, cansancio o sensación de tensión, especialmente en personas con varices o insuficiencia venosa previa. La vuelta a la rutina es, por tanto, un buen momento para revisar algunos hábitos y evitar que el escritorio se convierta en un enemigo de nuestra circulación. ¿Qué ocurre en tus piernas cuando vuelves a pasar horas sentado? El sistema venoso de las piernas tiene que devolver la sangre hacia el corazón trabajando contra la gravedad. Para conseguirlo cuenta con la ayuda de las válvulas de las venas y, sobre todo, del movimiento muscular. Cuando caminamos, la contracción de los gemelos comprime las venas y favorece el ascenso de la sangre. Este mecanismo se conoce habitualmente como bomba muscular de la pantorrilla. Cuando nos sentamos durante mucho tiempo, esta bomba pierde actividad. La sangre circula con menor estímulo desde las extremidades inferiores y puede aumentar temporalmente la acumulación de sangre y líquido en las piernas. La evidencia disponible también muestra que permanecer sentado durante periodos prolongados afecta a la función vascular de las extremidades inferiores, mientras que interrumpir esos periodos con movimiento puede ayudar a reducir ese efecto. Del verano al escritorio: un cambio que la circulación puede notar No es necesariamente el verano lo que mejora la circulación, sino los hábitos que suelen acompañarlo. Caminar por la playa, hacer turismo, nadar, moverse por una ciudad nueva o simplemente pasar menos horas frente al ordenador puede incrementar nuestra actividad cotidiana. Al regresar al trabajo, esos movimientos espontáneos pueden desaparecer de golpe. Menos pasos durante el día Aunque hagamos ejercicio una hora después del trabajo, permanecer seis, siete u ocho horas prácticamente inmóviles continúa suponiendo un periodo prolongado de sedentarismo. El entrenamiento ayuda a mantener una buena salud cardiovascular, pero no convierte automáticamente en inocuas todas las horas que pasamos sentados. Más tiempo con las rodillas flexionadas La postura habitual frente al ordenador mantiene caderas y rodillas flexionadas durante largos periodos. El problema principal no es esa postura en sí misma, sino mantenerla sin cambios durante demasiado tiempo. Vuelven las jornadas largas Reuniones, llamadas, comidas rápidas delante del ordenador y tareas que se enlazan unas con otras pueden hacer que pasen horas sin levantarnos de la silla. Cuando esto se convierte en rutina, las piernas terminan notándolo. Señales que indican que tus piernas necesitan más movimiento Tras la vuelta a la oficina es frecuente notar ciertas molestias, especialmente durante las primeras semanas. Pesadez al terminar la jornada Esa sensación de piernas cansadas que aparece por la tarde puede estar relacionada con una menor eficiencia del retorno venoso. Tobillos más hinchados Si al quitarte los zapatos o los calcetines observas marcas más pronunciadas o cierta hinchazón, puede existir una acumulación de líquido relacionada con la inmovilidad. Necesidad constante de cambiar de postura Sentir incomodidad, presión o necesidad de mover las piernas es otra señal de que han permanecido demasiado tiempo quietas. Varices más molestas Las personas que ya presentan varices pueden notar más pesadez o sensación de tensión durante jornadas prolongadas frente al escritorio. Estos síntomas no implican necesariamente una enfermedad vascular importante, pero cuando son frecuentes conviene prestarles atención. Cómo cuidar la circulación al volver a la oficina No hace falta convertir la jornada laboral en una sesión de entrenamiento. La clave está en evitar periodos excesivamente largos sin movimiento. Levántate periódicamente Una de las medidas más sencillas es interrumpir las horas sentado. Puedes aprovechar para ir a por agua, hablar presencialmente con un compañero, realizar una llamada caminando o simplemente dar unos pasos por la oficina. Lo importante es romper la inmovilidad. Activa los gemelos desde la propia silla Si no puedes levantarte en ese momento, mueve las piernas. Sube y baja los talones manteniendo las puntas apoyadas en el suelo, después realiza el movimiento contrario y flexiona los tobillos de forma repetida. Son movimientos discretos que permiten activar la musculatura de la pantorrilla. Evita permanecer con las piernas cruzadas durante horas Cruzar las piernas ocasionalmente no provoca una enfermedad vascular por sí mismo, pero mantener una postura fija durante mucho tiempo reduce aún más el movimiento de las extremidades. Cambiar de posición con frecuencia resulta más importante que encontrar una única postura supuestamente perfecta. Aprovecha los desplazamientos Si es posible, una parte del trayecto al trabajo puede convertirse en una oportunidad para caminar. Bajarse una parada antes, aparcar algo más lejos o utilizar las escaleras son formas sencillas de introducir movimiento sin necesidad de modificar demasiado la agenda. ¿Estar de pie es suficiente? Cambiar la silla por una mesa elevada puede resultar útil para variar la postura, pero permanecer completamente quieto de pie tampoco es la solución. La circulación necesita movimiento muscular. Alternar entre estar sentado, levantarse, caminar y cambiar de posición resulta más interesante que sustituir ocho horas sentado por ocho horas de pie. Hidratación, alimentación y circulación en la oficina La vuelta al trabajo también suele traer cambios en horarios y alimentación. Mantener una hidratación adecuada durante la jornada es importante para el funcionamiento general del sistema circulatorio. Tener una botella de agua cerca puede ser una estrategia sencilla para recordar beber regularmente. Además, levantarse para rellenarla introduce pequeñas pausas activas de forma natural. También conviene controlar el exceso de sal y los alimentos ultraprocesados, especialmente en personas que presentan tendencia a la retención de líquidos o hinchazón en las piernas. ¿Cuándo conviene hacer una valoración vascular? No toda sensación de cansancio en las piernas significa que exista insuficiencia venosa. Sin embargo, hay síntomas que no deberían convertirse en parte normal de la jornada laboral:
Septiembre también puede ser un buen momento para revisar tus piernas La vuelta a la rutina suele estar llena de nuevos propósitos: recuperar horarios, volver al gimnasio, organizar la alimentación o mejorar el descanso. La circulación también puede formar parte de esa puesta a punto. Si durante el verano has estado más activo y al regresar a la oficina empiezas a notar pesadez, hinchazón o molestias que antes apenas percibías, quizá no sea casualidad. Puede ser simplemente el efecto de pasar más horas inmóvil, pero también puede hacer visible un problema venoso que ya estaba presente. Volver a la rutina sin dejar quieta tu circulación Trabajar sentado no implica necesariamente tener mala circulación. El problema aparece cuando la inmovilidad se prolonga durante horas y se repite día tras día. Introducir movimiento durante la jornada, activar las piernas, caminar siempre que sea posible y prestar atención a los primeros síntomas son medidas sencillas que pueden ayudar a proteger la salud venosa. Septiembre obliga a volver a muchas rutinas. La de pasar horas sin levantarnos de la silla no tiene por qué ser una de ellas. Si la pesadez, la hinchazón o las varices empiezan a formar parte de tu día a día, una valoración con el Dr. Fernando Biguria puede ayudar a conocer el estado de tu circulación y decidir qué medidas son las más adecuadas para tus piernas. Una pequeña herida en la pierna debería cicatrizar progresivamente. Sin embargo, cuando existe un problema importante de circulación venosa, algunas lesiones permanecen abiertas durante semanas, reaparecen o incluso surgen sin que el paciente recuerde haber sufrido un traumatismo relevante.
Es lo que puede ocurrir con las úlceras venosas, heridas crónicas relacionadas habitualmente con una insuficiencia venosa mantenida en el tiempo. Una de sus características más reconocibles es su localización: aparecen con frecuencia en la zona inferior de la pierna, especialmente alrededor del tobillo. No es casualidad. La gravedad, el aumento de presión dentro de las venas y el deterioro progresivo de los tejidos convierten esta zona en uno de los puntos más vulnerables. En este artículo, el Dr. Fernando Biguria explica qué es una úlcera venosa, por qué se forma, qué señales suelen aparecer antes y por qué necesita una valoración vascular adecuada. ¿Qué es una úlcera venosa? Una úlcera venosa es una herida crónica de la pierna causada por un funcionamiento deficiente del sistema venoso. Las venas tienen la misión de devolver la sangre desde las piernas hacia el corazón. Para conseguirlo cuentan con unas pequeñas válvulas internas que ayudan a impedir que la sangre vuelva hacia abajo por efecto de la gravedad. Cuando estas válvulas dejan de funcionar correctamente, parte de la sangre puede acumularse en las extremidades inferiores. Este problema recibe el nombre de insuficiencia venosa. Si la situación se mantiene durante mucho tiempo, aumenta la presión dentro de las venas y se producen cambios progresivos en los tejidos de la pierna. La piel puede inflamarse, cambiar de color, endurecerse y volverse más frágil. En fases avanzadas, una pequeña lesión puede no cicatrizar correctamente y convertirse en una úlcera. ¿Por qué las úlceras venosas aparecen alrededor del tobillo? La zona comprendida entre la pantorrilla y el tobillo está especialmente expuesta a las consecuencias de la hipertensión venosa. La gravedad aumenta la presión en la parte inferior de la pierna Cuando estamos de pie, la sangre debe ascender desde los pies hasta el corazón trabajando contra la gravedad. En una persona con un sistema venoso sano, las válvulas y la contracción de la musculatura de la pantorrilla ayudan a realizar ese recorrido. Cuando existe insuficiencia venosa, este mecanismo pierde eficacia y la presión se transmite hacia las zonas más bajas de la pierna. El área situada alrededor del tobillo soporta especialmente ese aumento de presión durante muchas horas cada día. Los tejidos sufren los efectos de la hipertensión venosa La presión mantenida dentro del sistema venoso afecta también a los pequeños vasos sanguíneos y a los tejidos que rodean las venas. Con el tiempo puede producirse inflamación crónica y acumulación de líquido. La piel recibe un entorno menos favorable para mantenerse sana y reparar pequeñas lesiones. Por este motivo, las úlceras venosas suelen localizarse en la denominada zona de la polaina, es decir, la parte inferior de la pierna alrededor del tobillo, con especial frecuencia cerca de la cara interna. ¿Qué señales pueden aparecer antes de una úlcera? Una úlcera venosa normalmente no aparece de la nada. En muchos pacientes existen señales previas de insuficiencia venosa que pueden llevar meses o años evolucionando. Hinchazón frecuente de tobillos El edema que aumenta al final del día es uno de los síntomas habituales. Puede mejorar después del descanso nocturno y reaparecer conforme transcurren las horas. Varices Las venas dilatadas y tortuosas pueden indicar que existe un problema en el funcionamiento del sistema venoso superficial. No todas las personas con varices desarrollarán una úlcera, pero unas varices avanzadas acompañadas de otros cambios merecen valoración. Cambios de color en la piel Es frecuente que aparezcan zonas marrones u oscuras alrededor del tobillo. Estos cambios están relacionados, entre otros mecanismos, con la salida y degradación de componentes sanguíneos en los tejidos debido a la hipertensión venosa mantenida. Picor, sequedad o dermatitis La piel puede inflamarse, descamarse o producir picor. A veces estos síntomas se interpretan exclusivamente como un problema dermatológico cuando detrás existe una alteración circulatoria. Endurecimiento de la piel y los tejidos En fases más avanzadas, la piel y el tejido subcutáneo pueden volverse más duros y perder elasticidad. Todos estos cambios indican que la enfermedad venosa lleva tiempo afectando a la zona. ¿Cómo suele ser una úlcera venosa? La apariencia puede variar según cada paciente, pero existen algunas características frecuentes. Suele tratarse de una herida superficial o moderadamente profunda, de bordes irregulares, situada en la parte inferior de la pierna. Puede producir líquido y acompañarse de:
Úlcera venosa y úlcera arterial: no son lo mismo No todas las heridas crónicas de las piernas tienen un origen venoso. Las úlceras arteriales aparecen cuando existe un aporte insuficiente de sangre hacia los tejidos debido a una enfermedad de las arterias. Suelen aparecer con mayor frecuencia en dedos, pies, talones u otras zonas distales o sometidas a presión, aunque la localización por sí sola nunca permite establecer un diagnóstico. Las úlceras arteriales pueden asociarse a:
También existen úlceras de origen mixto, en las que coinciden problemas venosos y arteriales. ¿Cómo se diagnostica una úlcera venosa? El diagnóstico comienza con una exploración clínica completa. El especialista estudia la localización y características de la herida, la piel circundante, la presencia de varices, la hinchazón y los antecedentes del paciente. También es importante evaluar la circulación arterial. Eco-Doppler vascular El eco-Doppler permite estudiar de forma no invasiva el flujo de sangre y conocer el funcionamiento del sistema venoso. Puede detectar reflujo venoso, alteraciones valvulares, secuelas de trombosis y otros problemas que estén manteniendo la hipertensión venosa. Valoración de la circulación arterial Antes de utilizar determinadas terapias de compresión es necesario comprobar que el aporte arterial hacia la extremidad es adecuado. Para ello puede utilizarse el índice tobillo-brazo y otras pruebas vasculares según las características del paciente. Este paso es especialmente importante porque aplicar una compresión intensa en una pierna con una enfermedad arterial significativa puede ser perjudicial. ¿Cómo se trata una úlcera venosa? El tratamiento no consiste únicamente en curar la herida. Para conseguir una cicatrización adecuada y reducir el riesgo de recaída es necesario abordar también el problema circulatorio que la está provocando. Cuidado de la herida La úlcera necesita limpieza, control del tejido dañado y apósitos adecuados según sus características. Si existen signos de infección, el profesional determinará el tratamiento correspondiente. Terapia de compresión Cuando se ha confirmado que la circulación arterial lo permite, la compresión es uno de los pilares fundamentales del tratamiento de las úlceras venosas. Su objetivo es reducir la presión venosa y el edema y favorecer el retorno de la sangre hacia el corazón. El tipo y nivel de compresión deben ser indicados y aplicados por profesionales preparados para ello. Movimiento y activación de la pantorrilla Caminar, cuando la situación clínica lo permite, activa la musculatura de las piernas y ayuda al retorno venoso. También pueden recomendarse ejercicios específicos de movilidad del tobillo. Tratar la insuficiencia venosa En determinados pacientes es necesario actuar sobre las venas responsables del problema mediante tratamientos específicos. Las técnicas disponibles actualmente permiten abordar muchos casos de insuficiencia venosa mediante procedimientos mínimamente invasivos. La indicación depende siempre de la anatomía y de la situación concreta del paciente. ¿Puede volver una úlcera después de cerrar? Sí. Conseguir que una úlcera cicatrice es una parte fundamental del tratamiento, pero si la hipertensión venosa continúa, existe riesgo de que aparezca de nuevo. Por eso el seguimiento es especialmente importante. Mantener las medidas de compresión cuando están indicadas, controlar el peso, mantenerse activo, cuidar la piel y tratar el problema venoso subyacente puede reducir el riesgo de recurrencia. Cuándo conviene consultar Una herida en la pierna que no cicatriza correctamente no debería tratarse durante semanas sin conocer su origen. Conviene solicitar una valoración especialmente si:
Una úlcera alrededor del tobillo puede revelar un problema venoso avanzado La úlcera venosa es una de las posibles consecuencias de una insuficiencia venosa mantenida durante años. Su tendencia a aparecer alrededor del tobillo está relacionada con la presión que soporta el sistema venoso en la parte inferior de las piernas y con el daño progresivo que esa hipertensión puede producir en la piel y los tejidos. Tratar únicamente la herida puede no ser suficiente. Estudiar cómo funciona la circulación, descartar enfermedad arterial y actuar sobre la causa venosa son pasos fundamentales para conseguir una buena cicatrización y reducir el riesgo de que la lesión vuelva a aparecer. Si tienes una herida alrededor del tobillo que no termina de cerrar, cambios importantes en la piel o antecedentes de insuficiencia venosa, una valoración con el Dr. Fernando Biguria puede ayudar a identificar el origen del problema y establecer el tratamiento más adecuado. Superar una trombosis venosa profunda no siempre significa que la pierna vuelva inmediatamente a funcionar como antes. En algunos pacientes, el coágulo puede dejar secuelas en las venas y en sus válvulas que se manifiestan meses después e, incluso, años más tarde.
Hinchazón persistente, pesadez, dolor, cambios en el color de la piel o aparición de nuevas varices pueden formar parte del denominado síndrome postrombótico, una complicación a largo plazo de la trombosis venosa profunda. Conocer estos síntomas es importante porque muchas personas los atribuyen al cansancio, a la edad o a una mala circulación sin relacionarlos con aquella trombosis que sufrieron tiempo atrás. En este artículo, el Dr. Fernando Biguria explica qué es el síndrome postrombótico, por qué aparece, cuáles son sus principales síntomas y qué puede hacerse para controlar sus consecuencias. ¿Qué es el síndrome postrombótico? El síndrome postrombótico es una complicación crónica que puede aparecer después de haber sufrido una trombosis venosa profunda, especialmente cuando esta ha afectado a las venas de las piernas. Durante una trombosis, un coágulo bloquea parcial o completamente una vena profunda. Con el tratamiento adecuado, el organismo puede ir recuperando el flujo sanguíneo, pero la vena no siempre vuelve a su situación original. El propio episodio trombótico puede dañar las válvulas situadas dentro de las venas. Estas estructuras funcionan como pequeñas compuertas que permiten que la sangre avance hacia el corazón e impiden que retroceda. Si las válvulas quedan dañadas, el retorno venoso pierde eficacia y aumenta la presión dentro de las venas de la pierna. Con el paso del tiempo, esta hipertensión venosa puede producir los síntomas característicos del síndrome postrombótico. ¿Cuándo puede aparecer después de una trombosis? Una de las características del síndrome postrombótico es que no tiene por qué aparecer inmediatamente después de la trombosis. En muchos pacientes los síntomas comienzan durante los primeros seis meses o los dos primeros años posteriores al episodio, aunque también pueden desarrollarse mucho más tarde. Esto explica por qué algunas personas no relacionan unas piernas hinchadas o doloridas años después con una trombosis que consideran ya superada. Haber terminado el tratamiento anticoagulante tampoco significa que debamos ignorar cualquier cambio posterior en la pierna afectada. Síntomas del síndrome postrombótico La intensidad es muy variable. Algunas personas presentan molestias leves y ocasionales, mientras que otras desarrollan una insuficiencia venosa crónica que afecta de manera considerable a su calidad de vida.
Puede aumentar a medida que avanza el día, después de permanecer mucho tiempo sentado o de pie y durante épocas de temperaturas elevadas. En algunos pacientes mejora al descansar o elevar la pierna.
También pueden aparecer dolor, calambres, sensación de presión o molestias que aumentan después de caminar o permanecer varias horas en la misma posición.
El aumento mantenido de la presión venosa también puede generar molestias menos evidentes, como picor, hormigueo o sensación de calor en la extremidad afectada.
El organismo puede utilizar vías alternativas para devolver la sangre hacia el corazón cuando determinadas venas profundas han quedado afectadas, haciendo más evidente la circulación superficial.
Estos cambios suelen localizarse especialmente en la parte inferior de la pierna y alrededor del tobillo.
Son heridas que aparecen como consecuencia de una hipertensión venosa mantenida y que pueden resultar difíciles de cicatrizar si no se aborda correctamente el problema circulatorio. ¿Por qué unas personas lo desarrollan y otras no? No todas las personas que han sufrido una trombosis venosa profunda desarrollarán síndrome postrombótico. Existen algunos factores asociados a una mayor probabilidad de sufrirlo.
¿Una pierna hinchada después de una trombosis siempre significa síndrome postrombótico? No. Y esta distinción es especialmente importante. Una persona que ha sufrido anteriormente una trombosis y presenta de repente una nueva hinchazón, dolor, enrojecimiento o sensación de calor en esa misma pierna debe ser valorada para descartar una nueva trombosis. El síndrome postrombótico suele tener una evolución más crónica. Una trombosis recurrente puede producir cambios más repentinos. Ante una modificación brusca de los síntomas no es recomendable asumir que simplemente se trata de una secuela de la trombosis anterior. ¿Cómo se diagnostica el síndrome postrombótico? El diagnóstico parte fundamentalmente de la historia clínica y de la exploración de la pierna. El especialista valorará aspectos como:
En determinados contextos clínicos se utilizan escalas como la de Villalta, que combina síntomas y signos físicos para ayudar a valorar la presencia y gravedad del síndrome postrombótico. ¿Se puede prevenir después de una trombosis? No existe una medida capaz de garantizar que nunca aparecerá. Una de las principales estrategias consiste en tratar correctamente la trombosis inicial y reducir el riesgo de que vuelva a producirse. Cumplir el tratamiento anticoagulante durante el periodo indicado, mantener el seguimiento médico y controlar los factores de riesgo son aspectos fundamentales. También conviene mantener una actividad física adecuada una vez que el especialista lo permita. Caminar y activar la musculatura de las piernas favorece el retorno venoso. Controlar el peso, evitar largos periodos de inmovilidad y seguir las recomendaciones médicas en viajes, intervenciones quirúrgicas u otras situaciones de riesgo también puede ayudar a prevenir nuevas trombosis. ¿Hay que utilizar medias de compresión después de una trombosis? Durante años fue habitual recomendar medias de compresión de forma sistemática después de una trombosis para intentar prevenir el síndrome postrombótico. Actualmente, la evidencia científica no respalda que todos los pacientes deban utilizarlas rutinariamente con ese objetivo. Sin embargo, esto no significa que las medias de compresión hayan dejado de ser útiles. En pacientes que presentan hinchazón, pesadez o molestias venosas pueden ayudar a controlar los síntomas. La decisión sobre el tipo de media, presión y duración de uso debe adaptarse a cada caso. ¿Cómo se trata el síndrome postrombótico? El tratamiento dependerá de la intensidad de los síntomas y del daño venoso existente.
Caminar regularmente suele formar parte de las recomendaciones generales, adaptando siempre el ejercicio a la situación del paciente.
Compresión cuando está indicadaLas medias de compresión pueden ayudar a controlar el edema y la pesadez en pacientes seleccionados. En cuadros más complejos también existen otros dispositivos de compresión que pueden valorarse de manera individual.
En pacientes con úlceras venosas puede ser necesario un abordaje específico y multidisciplinar.
La indicación debe realizarse después de estudiar detalladamente el sistema venoso y valorar la gravedad de los síntomas. La importancia del seguimiento después de una trombosis Una trombosis venosa profunda no siempre termina el día en que desaparecen los síntomas agudos. El sistema venoso puede haber sufrido cambios que necesiten seguimiento a medio y largo plazo. Por eso es importante observar la evolución de la pierna, especialmente si aparecen nuevamente hinchazón, dolor, pesadez, varices o alteraciones en la piel. También es fundamental reducir la posibilidad de una nueva trombosis, ya que las recurrencias aumentan el riesgo de desarrollar secuelas. Haber superado la trombosis no significa olvidarse de la pierna El síndrome postrombótico puede aparecer meses o incluso años después de una trombosis venosa profunda. En muchos casos produce síntomas manejables, pero en otros puede evolucionar hacia insuficiencia venosa crónica, cambios en la piel y, en las formas más graves, úlceras. La clave está en reconocer las señales, mantener el seguimiento y diferenciar una secuela crónica de la posibilidad de una nueva trombosis. Si has sufrido una trombosis y continúas notando hinchazón, pesadez, dolor o cambios en la pierna afectada, una valoración vascular con el Dr. Fernando Biguria permite estudiar cómo ha quedado el sistema venoso y decidir qué medidas pueden ayudarte a controlar los síntomas y proteger tu circulación a largo plazo. Pasar varias horas en la playa parece una actividad completamente inofensiva para la circulación. Sin embargo, permanecer mucho tiempo sentado en una silla baja, tumbado sin cambiar de posición o con las piernas flexionadas puede favorecer la sensación de pesadez, la hinchazón y otras molestias venosas.
El problema no está en ir a la playa, sino en combinar inmovilidad, determinadas posturas y altas temperaturas durante varias horas. Estos factores pueden dificultar el retorno venoso, especialmente en personas que ya tienen varices, insuficiencia venosa, antecedentes de trombosis o predisposición a sufrir problemas circulatorios. Conocer cómo responde el sistema venoso permite disfrutar de la playa sin renunciar al descanso, pero incorporando pequeños movimientos y cambios posturales que ayuden a proteger las piernas. ¿Qué es el retorno venoso y por qué depende del movimiento? El retorno venoso es el proceso mediante el cual la sangre regresa desde las extremidades hasta el corazón. En las piernas, este recorrido se realiza en contra de la gravedad, por lo que el organismo necesita varios mecanismos para impulsarla hacia arriba. Las válvulas situadas en el interior de las venas evitan que la sangre retroceda. Al mismo tiempo, la contracción de los músculos de las pantorrillas actúa como una bomba que comprime las venas y facilita el ascenso de la sangre. Cada paso, movimiento del tobillo o contracción del gemelo contribuye a activar este mecanismo. Cuando permanecemos inmóviles durante mucho tiempo, la bomba muscular pierde actividad y la sangre puede acumularse temporalmente en las extremidades inferiores. Esta situación puede manifestarse mediante hinchazón en los tobillos, sensación de presión, calor, pesadez o cansancio en las piernas. Cómo afectan las sillas bajas a la circulación de las piernas Las sillas de playa suelen situar las caderas muy cerca del suelo. Esto obliga a mantener las rodillas y las ingles bastante flexionadas, especialmente en personas altas o con poca movilidad. Una postura que limita el movimiento Cuanto más baja es la silla, más difícil resulta cambiar de posición, estirar las piernas o levantarse con frecuencia. La postura puede mantenerse durante horas casi sin que la persona sea consciente del tiempo transcurrido. La flexión mantenida de las rodillas no bloquea por sí sola la circulación, pero puede contribuir a reducir la movilidad de los tobillos y las pantorrillas. Si las piernas permanecen quietas, la bomba muscular trabaja menos y aumenta la acumulación de sangre y líquido en las zonas inferiores. También es habitual apoyar el borde de la silla detrás de las rodillas o mantener las piernas cruzadas. Esa presión localizada puede incrementar la incomodidad y favorecer el adormecimiento o la sensación de congestión. El momento de levantarse también cuenta Una silla demasiado baja puede dificultar el gesto de incorporarse, sobre todo en personas mayores, pacientes con problemas articulares o personas con poca fuerza en las piernas. Cuando levantarse requiere demasiado esfuerzo, tendemos a hacerlo con menos frecuencia. Así, lo que debía ser un descanso breve puede terminar convirtiéndose en un periodo prolongado de inmovilidad. Elegir una silla algo más alta y estable facilita los cambios posturales y anima a caminar con mayor frecuencia. ¿Las hamacas son mejores para el retorno venoso? Tumbarse con las piernas extendidas puede resultar más cómodo que permanecer sentado en una silla baja. Además, si las piernas quedan ligeramente elevadas, la gravedad puede favorecer el retorno de la sangre hacia el corazón. Sin embargo, una hamaca tampoco elimina el problema si se permanece inmóvil durante varias horas. Tumbarse no sustituye al movimiento El descanso horizontal puede aliviar temporalmente la pesadez y la hinchazón, pero la musculatura de las pantorrillas sigue necesitando activarse. Mover los tobillos, flexionar los pies o levantarse periódicamente ayuda a mantener el flujo sanguíneo. También conviene vigilar que el borde de la hamaca no ejerza una presión excesiva detrás de las rodillas o sobre la parte posterior de los muslos. La mejor postura no es una posición concreta mantenida durante todo el día. La opción más favorable para la circulación es alternar: sentarse, tumbarse, caminar y mover las piernas con regularidad. Calor, inmovilidad y varices: una combinación incómoda Durante el verano, las altas temperaturas provocan vasodilatación. Los vasos sanguíneos aumentan su diámetro para ayudar al cuerpo a liberar calor, pero este mecanismo puede dificultar el retorno venoso. En personas con varices o insuficiencia venosa, el calor puede intensificar síntomas como: Hinchazón en tobillos y pies La acumulación de sangre y líquido suele hacerse más visible al final del día o después de varias horas en la misma postura. Sensación de piernas pesadas El aumento de la presión venosa puede generar cansancio, tensión o la necesidad constante de cambiar de posición. Mayor visibilidad de las venas Las venas superficiales pueden dilatarse con el calor y hacerse más evidentes, aunque su aspecto puede volver a reducirse cuando baja la temperatura. Picor o sensación de calor en la piel Las personas con insuficiencia venosa también pueden percibir molestias cutáneas, tirantez o picor, especialmente si la piel está seca o expuesta al sol durante mucho tiempo. El calor no crea por sí solo una enfermedad venosa, pero sí puede hacer más evidentes y molestos los síntomas de un problema ya existente. Quién debe prestar especial atención en la playa Cualquier persona puede notar cansancio o hinchazón después de varias horas inmóvil. No obstante, hay perfiles que deben cuidar especialmente la postura y el movimiento: ● Personas con varices o insuficiencia venosa diagnosticada. ● Pacientes con antecedentes de trombosis venosa. ● Personas mayores o con movilidad reducida. ● Mujeres embarazadas. ● Personas con obesidad. ● Pacientes sometidos recientemente a una intervención. ● Personas que toman determinados tratamientos hormonales. ● Quienes presentan antecedentes familiares de enfermedad venosa. En estos casos, la prevención debe adaptarse a la situación clínica de cada paciente. Las medias de compresión, por ejemplo, pueden estar indicadas en determinadas circunstancias, pero deben utilizarse siguiendo las recomendaciones de un profesional. Cómo cuidar la circulación durante un día de playa Disfrutar de varias horas junto al mar no tiene por qué convertirse en un problema para las piernas. Algunos hábitos sencillos ayudan a mantener activo el retorno venoso. Levantarse con frecuencia Conviene cambiar de postura y caminar unos minutos de forma periódica. No es necesario hacer ejercicio intenso: basta con levantarse, acercarse a la orilla o dar un paseo corto. Caminar por la orilla El movimiento de las piernas activa la bomba muscular de las pantorrillas. Además, caminar con el agua a una altura moderada puede aportar una ligera presión externa y una sensación refrescante. Debe hacerse con precaución si existen problemas de equilibrio, heridas en los pies, diabetes o enfermedad arterial. Mover tobillos y pies Desde la silla o la hamaca pueden realizarse movimientos sencillos: levantar y bajar los talones, dibujar círculos con los tobillos o alternar la flexión y extensión de los pies. Estos gestos ayudan a activar la musculatura sin necesidad de abandonar el sitio. Mantener una buena hidratación El calor y la sudoración aumentan la pérdida de líquidos. Beber agua regularmente ayuda a mantener un volumen sanguíneo adecuado y evita la deshidratación. Evitar la exposición prolongada al sol Buscar la sombra durante las horas de mayor temperatura reduce el estrés térmico y puede limitar el empeoramiento de las molestias venosas. No cruzar las piernas durante mucho tiempo Cruzar las piernas ocasionalmente no suele representar un problema, pero mantener esa posición durante periodos prolongados limita el movimiento y puede aumentar la sensación de presión. Señales que no deben atribuirse únicamente al calor La hinchazón leve y simétrica en ambas piernas puede aparecer después de un día caluroso y sedentario. Sin embargo, existen síntomas que requieren una valoración médica. Una pierna claramente más hinchada que la otra, dolor persistente en la pantorrilla, enrojecimiento o un aumento localizado de temperatura pueden ser señales de una trombosis venosa profunda. Si además aparece dificultad para respirar, dolor en el pecho, mareo o sensación de falta de aire, se debe acudir inmediatamente a urgencias. También es recomendable solicitar una valoración vascular si la hinchazón se repite con frecuencia, las varices aumentan, aparecen cambios en la piel o la pesadez empieza a interferir con la actividad cotidiana. Conclusión: descansar sin dejar inmóvil la circulación Las sillas bajas y las hamacas no son perjudiciales por sí mismas. El problema aparece cuando se combinan una postura poco favorable, muchas horas de inmovilidad y temperaturas elevadas. Alternar posiciones, caminar, mover los tobillos, hidratarse y evitar el calor más intenso son medidas sencillas que ayudan a mantener activo el retorno venoso durante un día de playa. Descansar también puede ser compatible con cuidar la circulación. La clave está en no dejar que las piernas pasen toda la jornada de vacaciones trabajando contra la gravedad sin ninguna ayuda. Cuando la pesadez, la hinchazón o las varices se convierten en algo habitual, una valoración con el Dr. Fernando Biguria permite conocer el estado real del sistema venoso y establecer las medidas más adecuadas para cada caso. Durante los meses de calor es frecuente escuchar un consejo que ha pasado de generación en generación: "termina la ducha con agua fría en las piernas".
Muchas personas aseguran notar alivio inmediato, especialmente si sufren pesadez, hinchazón o varices. Pero ¿hasta qué punto este hábito tiene un beneficio real? ¿Puede mejorar la circulación? ¿Es suficiente para tratar un problema venoso? La respuesta es que las duchas frías pueden convertirse en un buen aliado para aliviar síntomas, pero no sustituyen un diagnóstico ni un tratamiento cuando existe una enfermedad vascular. En este artículo, el Dr. Fernando Biguria explica qué efecto produce el agua fría sobre el sistema circulatorio, cuándo está recomendada y en qué situaciones conviene no confiar únicamente en este recurso. ¿Qué ocurre en las venas cuando hace calor? Las venas son vasos sanguíneos con paredes más flexibles que las arterias. Durante el verano, las altas temperaturas provocan una vasodilatación fisiológica, es decir, un aumento del diámetro de los vasos sanguíneos. Este fenómeno dificulta el retorno de la sangre hacia el corazón, especialmente en las piernas, donde la circulación ya trabaja contra la gravedad. Como consecuencia, es habitual experimentar: ● Sensación de piernas pesadas. ● Hinchazón en tobillos y pies. ● Mayor visibilidad de las varices. ● Fatiga al caminar o permanecer de pie. ● Sensación de calor en las piernas. Es precisamente en este contexto donde las duchas frías pueden aportar alivio. ¿Cómo actúa el agua fría sobre la circulación? La aplicación de agua fría produce el efecto contrario al calor: provoca una vasoconstricción temporal, es decir, una disminución del diámetro de los vasos sanguíneos. Este cambio favorece que la sangre circule con mayor eficacia durante un periodo corto de tiempo y ayuda a reducir la sensación de congestión venosa. Beneficios que puede aportar Una ducha fresca en las piernas puede ayudar a: ● Disminuir la sensación de pesadez. ● Reducir la inflamación leve. ● Aliviar la sensación de calor en las piernas. ● Mejorar el confort tras muchas horas de pie. ● Favorecer la recuperación después de una jornada intensa.Por este motivo, muchas personas con insuficiencia venosa encuentran alivio al finalizar el día con agua fresca sobre las piernas. ¿Cuál es la forma correcta de aplicarla? No es necesario utilizar agua extremadamente fría ni soportar temperaturas incómodas. Lo más recomendable es: Aplicar el agua de abajo hacia arriba Dirigir el chorro desde los tobillos hacia las rodillas y, posteriormente, hacia los muslos favorece el retorno venoso siguiendo el recorrido natural de la circulación. Mantener unos segundos en cada pierna No hace falta prolongar la aplicación durante varios minutos. Unos segundos por cada zona suelen ser suficientes para obtener el efecto deseado. Incorporarlo como hábito Las duchas frías no producen beneficios permanentes. Su utilidad aparece cuando se convierten en una rutina, especialmente durante los meses más calurosos. Cuándo las duchas frías no son suficientes Aunque alivian los síntomas, es importante entender que no corrigen el problema que los provoca. Si existe una insuficiencia venosa, unas válvulas venosas deterioradas o unas varices avanzadas, el agua fría únicamente reduce las molestias de forma temporal. La enfermedad continúa evolucionando si no se aborda adecuadamente. Señales de que conviene consultar Si aparecen alguno de estos síntomas de forma repetida, es recomendable realizar una valoración vascular: ● Varices cada vez más visibles. ● Hinchazón diaria. ● Dolor persistente. ● Cambios en la piel de las piernas. ● Picor frecuente. ● Calambres nocturnos. ● Sensación constante de pesadez. En estos casos, limitarse a las duchas frías puede retrasar un diagnóstico que permitiría actuar antes y con mejores resultados. Otras medidas que ayudan a mejorar la circulación Las duchas frías son una herramienta más, pero funcionan mejor cuando se acompañan de hábitos saludables. Mantenerse activo Caminar diariamente activa la musculatura de las piernas y favorece el retorno venoso. Evitar largas horas en la misma postura Si el trabajo obliga a permanecer sentado o de pie durante mucho tiempo, conviene cambiar de posición y mover las piernas con frecuencia. Hidratarse correctamente Una buena hidratación favorece una circulación más eficiente, especialmente durante el verano. Elevar las piernas al descansar Descansar con las piernas ligeramente elevadas facilita el retorno de la sangre hacia el corazón. Utilizar medias de compresión cuando estén indicadas En pacientes con insuficiencia venosa, las medias prescritas por un especialista siguen siendo una de las medidas más eficaces para controlar los síntomas y ralentizar la progresión de la enfermedad. ¿Quién obtiene más beneficio? Las duchas frías suelen ser especialmente útiles en: ● Personas con sensación habitual de piernas pesadas. ● Pacientes con varices leves o moderadas. ● Trabajadores que permanecen muchas horas de pie. ● Personas que practican ejercicio físico en verano. ● Quienes pasan largos periodos caminando durante las vacaciones.No obstante, siempre deben entenderse como una medida de alivio y no como un tratamiento definitivo. Conclusión: un buen hábito, pero no una solución completa Las duchas frías en las piernas pueden ser una excelente forma de aliviar la sensación de pesadez y mejorar el confort durante los meses de calor. Son sencillas, accesibles y ayudan a que la circulación venosa trabaje en mejores condiciones de manera temporal. Sin embargo, cuando las molestias son frecuentes, aparecen varices o los síntomas progresan, es importante no conformarse con aliviar las consecuencias. Lo verdaderamente importante es identificar la causa. Una valoración vascular permite conocer el estado real de las venas y decidir si basta con medidas conservadoras o si es recomendable iniciar un tratamiento específico. Porque cuidar la circulación no consiste solo en sentirse mejor hoy, sino en proteger la salud de las piernas a largo plazo. Cada verano, miles de personas recorren cientos de kilómetros por carretera para disfrutar de sus vacaciones.
Es habitual planificar la ruta, revisar el vehículo o preparar el equipaje, pero existe un aspecto que suele pasar desapercibido: el impacto que un viaje largo en coche puede tener sobre la circulación. Cuando hablamos de trombosis o problemas venosos durante los desplazamientos, casi siempre pensamos en los vuelos de larga distancia. Sin embargo, permanecer muchas horas sentado en un coche puede generar un riesgo muy similar si no se toman las medidas adecuadas. En este artículo, el Dr. Fernando Biguria explica por qué los viajes largos por carretera pueden afectar a la salud vascular y qué hábitos ayudan a proteger las venas durante el trayecto. ¿Por qué viajar muchas horas sentado afecta a la circulación? El sistema venoso de las piernas necesita movimiento para funcionar correctamente. Cada vez que caminamos, los músculos de la pantorrilla actúan como una auténtica "bomba" que impulsa la sangre hacia el corazón. Cuando permanecemos sentados durante varias horas, especialmente con las rodillas flexionadas y apenas movimiento, ese mecanismo pierde eficacia. Como consecuencia: ● El retorno venoso se ralentiza. ● La sangre tiende a acumularse en las piernas. ● Aumenta la presión dentro de las venas. ● Se favorece la aparición de hinchazón y sensación de pesadez.En personas con factores de riesgo, esta situación puede favorecer incluso la formación de un trombo. ¿Qué ocurre exactamente durante un viaje largo? Aunque el coche permita realizar paradas cuando se desee, lo cierto es que muchas personas pasan entre cuatro y ocho horas prácticamente inmóviles. Durante ese tiempo se producen varios cambios fisiológicos. Disminuye el retorno venoso La inmovilidad reduce la acción de los músculos de las piernas, fundamentales para impulsar la sangre de regreso al corazón. El resultado es un flujo venoso más lento y una mayor acumulación sanguínea en las extremidades inferiores. Aumenta la presión dentro de las venas Permanecer sentado durante mucho tiempo incrementa la presión venosa, especialmente en personas que ya presentan insuficiencia venosa o varices. Por eso muchas personas llegan a su destino con: ● Tobillos hinchados. ● Sensación de piernas pesadas. ● Molestias al caminar tras bajarse del vehículo. La deshidratación también influye En verano es frecuente beber menos agua de la necesaria durante el viaje para evitar hacer paradas frecuentes. Sin embargo, la deshidratación hace que la sangre sea más viscosa, dificultando aún más la circulación y aumentando el riesgo de trombosis en personas predispuestas. ¿Quién tiene más riesgo? No todas las personas presentan el mismo riesgo vascular durante un viaje largo. Conviene extremar las precauciones cuando existen factores como: ● Antecedentes personales de trombosis. ● Varices importantes. ● Insuficiencia venosa crónica. ● Obesidad. ● Embarazo. ● Tratamientos hormonales. ● Edad avanzada. ● Cirugía reciente. ●Enfermedades oncológicas. En estos pacientes, un desplazamiento prolongado debería ir acompañado de medidas preventivas específicas. ¿Cómo reducir el riesgo durante un viaje por carretera? La buena noticia es que la mayoría de los problemas vasculares asociados a los viajes pueden prevenirse con medidas muy sencillas. Realiza paradas frecuentes Lo recomendable es detenerse aproximadamente cada dos horas. No basta con bajar del coche unos minutos. Lo ideal es caminar entre cinco y diez minutos para activar la musculatura de las piernas y favorecer el retorno venoso. Mantente hidratado Beber agua durante todo el trayecto ayuda a mantener una adecuada viscosidad sanguínea. Es preferible hacerlo en pequeñas cantidades de forma continua que esperar a tener sed. Evita cruzar las piernas Cruzar las piernas durante mucho tiempo puede dificultar todavía más el retorno venoso. Siempre que sea posible, conviene mantener ambas piernas apoyadas y cambiar ligeramente de posición de forma periódica. Activa los músculos mientras conduces o viajas Incluso sentado es posible realizar pequeños ejercicios: ● Flexionar y extender los tobillos. ● Levantar ligeramente los talones. ● Contraer y relajar los músculos de las pantorrillas.Son movimientos discretos que ayudan a mantener activa la circulación. Utiliza medias de compresión cuando estén indicadas En personas con insuficiencia venosa o antecedentes de trombosis, las medias de compresión pueden convertirse en un gran aliado durante los desplazamientos largos. Eso sí, deben ser prescritas por un profesional, ya que no todas ejercen el mismo nivel de compresión ni están indicadas para cualquier paciente. Señales que no deben ignorarse después del viaje Es normal notar cierta rigidez al bajarse del coche tras varias horas de viaje. Sin embargo, existen síntomas que requieren valoración médica cuanto antes. Consulta si aparecen: ● Hinchazón importante de una sola pierna. ● Dolor intenso en la pantorrilla. ● Enrojecimiento localizado. ● Sensación de calor en una extremidad. ● Dificultad para respirar o dolor torácico tras el viaje.Aunque estos casos son poco frecuentes, pueden indicar una trombosis venosa profunda o una complicación asociada que requiere atención inmediata. ¿Y si ya tienes varices? Las personas con varices suelen notar un empeoramiento de los síntomas durante los viajes largos. La inmovilidad favorece que las venas ya debilitadas acumulen todavía más sangre, aumentando la sensación de pesadez y la inflamación. Por ello es especialmente importante: ● Planificar paradas. ● Caminar siempre que sea posible. ● Mantener una buena hidratación. ● Utilizar las medias de compresión si el especialista las ha recomendado.Estas medidas pueden hacer que el viaje resulte mucho más cómodo y reducir el riesgo de complicaciones. Conclusión: disfrutar del viaje también pasa por cuidar la circulación Cuando pensamos en la prevención vascular solemos fijarnos en el ejercicio, la alimentación o el control del colesterol. Sin embargo, los viajes largos por carretera también forman parte de esas situaciones cotidianas que pueden poner a prueba nuestro sistema venoso. La inmovilidad prolongada, la deshidratación y las altas temperaturas propias del verano crean el escenario perfecto para que aparezcan molestias circulatorias e, incluso, problemas más importantes en personas predispuestas. La buena noticia es que prevenir está al alcance de todos. Caminar unos minutos durante las paradas, mantenerse hidratado y escuchar las señales del cuerpo son gestos sencillos que ayudan a proteger la salud vascular. Y si existen antecedentes de enfermedad venosa, varices o trombosis, una valoración previa con un especialista puede ser la mejor manera de viajar con tranquilidad. Porque unas vacaciones empiezan cuando llegas a tu destino... pero también cuando cuidas de tu circulación durante el camino. Cuando la tensión emocional también deja huella en el sistema vascular
Todos sabemos que el estrés afecta el cuerpo: trastornos del sueño, tensión muscular, digestiones pesadas… Pero uno de sus impactos más silenciosos y peligrosos es el que ejerce sobre nuestras arterias y venas. Aunque no lo veas ni lo sientas de inmediato, el estrés crónico tiene una profunda influencia sobre la salud vascular. Afecta la presión arterial, favorece la inflamación y altera la función del endotelio (la capa interna de los vasos sanguíneos). Es, en muchos casos, el detonante invisible de enfermedades que parecían tener otra causa. En este artículo, el Dr. Biguria analiza cómo actúa el estrés sobre el sistema circulatorio, qué signos deben alertarte y cómo empezar a proteger tus vasos… también desde lo emocional. ¿Qué es el estrés crónico y cómo afecta al cuerpo? El estrés agudo —como el que sentimos ante una emergencia puntual— es una respuesta normal y adaptativa. Activa el sistema nervioso simpático, aumenta el ritmo cardíaco y libera hormonas como el cortisol y la adrenalina. El problema comienza cuando esta activación se mantiene en el tiempo, día tras día, sin descanso ni recuperación. Eso es el estrés crónico: una sobrecarga sostenida del sistema nervioso que mantiene al cuerpo en un estado de alerta permanente. Este estado prolongado tiene consecuencias fisiológicas directas sobre el sistema vascular: ● Aumento sostenido de la presión arterial ● Endurecimiento y estrechamiento de las arterias ● Disfunción endotelial (pérdida de elasticidad y respuesta de los vasos) ● Mayor riesgo de trombosis ● Alteración de la frecuencia cardíaca ● Incremento de la inflamación sistémica Arterias bajo presión: estrés e hipertensión Una de las consecuencias más directas del estrés crónico es el aumento persistente de la presión arterial. Las hormonas del estrés provocan vasoconstricción (estrechamiento de los vasos) y aumentan la resistencia al flujo sanguíneo. Con el tiempo, esta presión constante: ● Daña la capa interna de las arterias (endotelio) ● Aumenta el riesgo de microlesiones que favorecen la formación de placas ● Favorece el engrosamiento de las paredes arteriales ● Dispara el riesgo de enfermedades como infarto, ictus o enfermedad arterial periféricaEl estrés no solo genera tensión emocional. También endurece las arterias, y con ello, el corazón trabaja más y peor. Venas y retorno venoso: cómo se ven afectadas Aunque el impacto sobre las arterias es más estudiado, el estrés también afecta al sistema venoso. En estados de estrés crónico: ● La circulación se vuelve más superficial, con menor retorno profundo ● Se altera el tono venoso, favoreciendo la dilatación y estancamiento de la sangre ● Aumenta el riesgo de pesadez, edema y aparición de varices ● Se favorece la hipercoagulabilidad, elevando el riesgo de trombosis venosa en personas predispuestasAdemás, el estrés suele venir acompañado de sedentarismo, malos hábitos alimentarios y peor descanso, lo cual agrava aún más estos efectos. El papel de la inflamación crónica Una de las claves más recientes en la relación entre estrés y enfermedad vascular es la inflamación sistémica de bajo grado. El estrés crónico altera el equilibrio del sistema inmunológico, generando una respuesta inflamatoria sostenida que daña los vasos a nivel microscópico. Esa inflamación: ● Facilita la formación de placas de ateroma ● Favorece la agregación de plaquetas (más riesgo de coágulos) ● Dificulta la regeneración del tejido vascular ● Puede incluso contribuir al deterioro de válvulas venosasEsto explica por qué personas con niveles altos de estrés presentan mayor rigidez arterial, peor recuperación vascular tras intervenciones y peor respuesta a tratamientos. ¿Cómo saber si el estrés está afectando tu salud vascular? Aunque no siempre hay síntomas específicos, hay señales que deben encender las alarmas si coinciden con situaciones de estrés mantenido: ● Tensión arterial difícil de controlar ● Aumento de la sensación de fatiga o falta de aire ● Dolor en las piernas al caminar o pesadez constante ● Aparición de varices o edema sin causa aparente ● Cefaleas, visión borrosa o zumbidos ● Alteraciones en el ritmo cardíaco (palpitaciones, taquicardias)Si estás atravesando un periodo prolongado de estrés y presentas alguno de estos signos, conviene realizar una evaluación vascular completa. ¿Cómo proteger tus venas y arterias del estrés? La clave está en un abordaje integral: cuerpo y mente. No basta con tomar medicación si el estilo de vida continúa dañando los vasos. Algunas estrategias efectivas incluyen: ● Incorporar técnicas de manejo del estrés: respiración, meditación, mindfulness ● Realizar actividad física regular (mejor si es aeróbica y moderada) ● Dormir entre 7 y 8 horas de calidad ● Reducir el consumo de ultraprocesados y aumentar alimentos antiinflamatorios ● Evaluar de forma periódica tu presión arterial, función vascular y salud emocional ● Buscar ayuda profesional si el estrés interfiere con tu calidad de vida Conclusión: el estrés también deja cicatrices en tus vasos El estrés crónico no es solo una carga emocional: es un factor de riesgo vascular de primer nivel. Afecta tu corazón, tus arterias, tus venas… incluso antes de que aparezcan los síntomas. Por eso, en consulta, el Dr. Biguria no solo evalúa las imágenes o los pulsos. También escucha, analiza el contexto y propone soluciones integrales. Porque prevenir enfermedades vasculares también implica cuidar cómo vivimos. Piernas hinchadas, sensación de pesadez, marcas en los calcetines al final del día… Son síntomas muy comunes, pero también generan una duda frecuente: ¿es retención de líquidos o un problema de circulación venosa? Ambas situaciones pueden parecer similares, pero no tienen el mismo origen ni el mismo tratamiento. Confundirlas puede hacer que el problema real no se aborde correctamente. En este artículo, el Dr. Fernando Biguria explica cómo diferenciar la retención de líquidos de la insuficiencia venosa, qué señales debes observar y cuándo conviene realizar una valoración vascular. ¿Qué es la retención de líquidos? La retención de líquidos, también conocida como edema, se produce cuando el organismo acumula exceso de líquido en los tejidos. Este fenómeno puede estar relacionado con múltiples causas:
¿Qué es un problema venoso? Un problema venoso, como la insuficiencia venosa crónica, ocurre cuando las venas no son capaces de devolver la sangre de forma eficiente al corazón. Esto provoca que la sangre se acumule en las piernas, generando presión y síntomas como:
Principales diferencias entre retención de líquidos y problema venoso Aunque ambos pueden provocar hinchazón, existen claves claras para diferenciarlos. Localización de la hinchazón
Momento en el que aparece
Relación con la postura
Signos visibles
Sensación asociada
El test de la presión: una pista útil Una forma sencilla de orientarse es presionar suavemente la zona hinchada con el dedo. ¿Qué ocurre al presionar?
¿Pueden coexistir ambos problemas? Sí, y es bastante habitual. Una persona puede tener:
Factores que favorecen cada uno Retención de líquidos
Problema venoso
Cuándo acudir a un especialista Aunque la hinchazón sea leve, hay situaciones en las que conviene consultar: Señales de alerta
Qué puedes hacer para mejorar ambos cuadros Aunque el tratamiento depende del origen, hay medidas que ayudan en ambos casos: Recomendaciones generales
Conclusión: entender el origen es clave para tratar bien La hinchazón en las piernas no siempre tiene la misma causa. Diferenciar entre retención de líquidos y problema venoso es fundamental para aplicar el tratamiento correcto. Mientras que uno tiene un origen más general, el otro implica una alteración directa del sistema circulatorio. Escuchar al cuerpo, observar los síntomas y consultar a tiempo permite actuar de forma precisa y evitar que el problema evolucione. Porque no todo edema es venoso… pero cuando lo es, conviene detectarlo cuanto antes. La ropa ajustada forma parte del día a día: pantalones ceñidos, prendas deportivas de compresión, fajas, medias… Pero surge una duda frecuente en consulta: ¿puede la ropa ajustada afectar a la circulación y perjudicar la salud de nuestras venas? La respuesta no es tan simple como un sí o un no. Depende del tipo de prenda, del tiempo de uso y, sobre todo, de la situación vascular de cada persona. En este artículo, el Dr. Fernando Biguria analiza cómo influye la ropa ajustada en la circulación, cuándo puede ser un problema y en qué casos incluso puede resultar beneficiosa. Cómo funciona la circulación venosa en las piernas Para entender el impacto de la ropa, primero hay que comprender cómo funciona el sistema venoso. Las venas de las piernas tienen la función de llevar la sangre de vuelta al corazón, trabajando en contra de la gravedad. Para ello, dependen de:
¿Qué ocurre cuando la ropa es demasiado ajustada? No toda la ropa ajustada es perjudicial, pero hay situaciones en las que puede interferir con la circulación. Compresión localizada y mal distribuidaAlgunas prendas ejercen presión en zonas concretas como:
Esto puede traducirse en:
Restricción del retorno venoso La compresión excesiva en puntos clave del sistema venoso puede actuar como una barrera parcial al flujo sanguíneo. Por ejemplo:
¿Puede provocar varices o problemas circulatorios? La ropa ajustada por sí sola no es la causa principal de varices o insuficiencia venosa. Sin embargo, sí puede actuar como factor agravante en determinados casos. Factores que aumentan el riesgo
Ropa de compresión: cuando la presión es beneficiosa Aquí es importante diferenciar entre ropa ajustada y ropa de compresión médica. ¿Qué son las medias de compresión? Las medias de compresión están diseñadas específicamente para mejorar el retorno venoso, aplicando una presión controlada y progresiva:
Beneficios de la compresión adecuada Cuando están bien indicadas por un profesional, las medias de compresión pueden:
Qué prendas conviene vigilar Algunas prendas pueden ser problemáticas si se usan de forma prolongada o en contextos inadecuados: Ropa a evitar o usar con moderación
Señales de alerta que no debes ignorar Si usas ropa ajustada con frecuencia, es importante observar cómo responde tu cuerpo. Síntomas a tener en cuenta
Recomendaciones para cuidar tu circulación No es necesario renunciar a la ropa ajustada, pero sí usarla con criterio. Hábitos que ayudan a proteger tus venas
Conclusión: no es la ropa, es cómo y cuánto la usas La ropa ajustada no es un problema en sí misma, pero puede influir en la circulación si se utiliza de forma prolongada o sin tener en cuenta la salud vascular individual. En personas con predisposición o problemas venosos, prestar atención a este detalle puede marcar la diferencia entre una circulación fluida y una sintomatología persistente. La clave está en el equilibrio, la observación y la prevención. Ante cualquier duda o síntoma, una valoración vascular permite entender el origen del problema y actuar a tiempo. |
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