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Piernas inquietas o circulación deficiente: cómo diferenciarlas

4/6/2026

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Muchas personas acuden a consulta describiendo una sensación difícil de explicar: incomodidad en las piernas, necesidad de moverlas, pesadez o incluso pequeños calambres.
Y la duda es siempre la misma: ¿es un problema de circulación o algo neurológico?
El síndrome de piernas inquietas y la insuficiencia venosa pueden compartir síntomas similares, pero no tienen el mismo origen ni el mismo tratamiento. Confundirlos es más frecuente de lo que parece, y puede retrasar el diagnóstico correcto.
En este artículo, el Dr. Fernando Biguria explica cómo diferenciarlos, qué señales deben alertar y cuándo es recomendable una valoración vascular.


¿Qué es el síndrome de piernas inquietas?
El síndrome de piernas inquietas (SPI) es un trastorno neurológico caracterizado por una necesidad irresistible de mover las piernas, generalmente acompañada de sensaciones incómodas.
Estas sensaciones suelen describirse como:
  • Hormigueo
  • Picor interno
  • Sensación eléctrica
  • Incomodidad difícil de definir
Características clave del SPI
  • Aparece en reposo, especialmente al estar sentado o tumbado
  • Empeora por la noche
  • Mejora al mover las piernas
  • Puede interferir con el sueño
El problema no está en las venas ni en las arterias, sino en la regulación neurológica, especialmente relacionada con la dopamina.

¿Qué es la insuficiencia venosa?
La insuficiencia venosa es un problema circulatorio en el que las venas tienen dificultad para devolver la sangre desde las piernas al corazón.
​
Esto ocurre cuando las válvulas venosas no funcionan correctamente y la sangre se acumula en las extremidades inferiores.
Síntomas típicos de origen venoso
  • Sensación de pesadez en las piernas
  • Hinchazón en tobillos o pies
  • Dolor que empeora al final del día
  • Varices visibles
  • Calambres nocturnos
  • Mejora al elevar las piernas
En este caso, el problema es mecánico: la sangre no circula correctamente.

Principales diferencias entre piernas inquietas y problema vascular
Aunque pueden parecer similares, existen claves claras para diferenciarlos.
Momento en el que aparecen
  • El síndrome de piernas inquietas aparece en reposo, especialmente por la noche
  • La insuficiencia venosa empeora tras pasar muchas horas de pie o sentado
Tipo de sensación
  • El SPI genera una incomodidad interna difícil de describir
  • El problema venoso produce pesadez, presión o dolor más localizado
Relación con el movimiento
  • En el SPI, moverse alivia de forma inmediata
  • En la insuficiencia venosa, el alivio suele ser más progresivo (caminar o elevar piernas)
Signos visibles
  • El SPI no presenta signos externos
  • La insuficiencia venosa puede mostrar varices, edema o cambios en la piel

¿Pueden coexistir ambos problemas?
Sí, y es más habitual de lo que parece.
Un paciente puede tener insuficiencia venosa leve y síndrome de piernas inquietas al mismo tiempo, lo que complica el diagnóstico si no se realiza una evaluación adecuada.
Por eso es importante no quedarse solo con la descripción de los síntomas, sino analizar el contexto completo.

Factores que pueden favorecer cada uno
En el síndrome de piernas inquietas
  • Déficit de hierro
  • Alteraciones del sueño
  • Estrés
  • Embarazo
  • Factores genéticos
En la insuficiencia venosa
  • Sedentarismo
  • Trabajo de pie o sentado muchas horas
  • Sobrepeso
  • Antecedentes familiares de varices
  • Edad

Cuándo sospechar un problema vascularHay señales que orientan claramente hacia una causa circulatoria:
Señales de alerta vascular
  • Hinchazón frecuente en tobillos
  • Venas visibles o en aumento
  • Sensación de pesadez constante
  • Empeoramiento progresivo
  • Mejora al elevar las piernas
En estos casos, es recomendable realizar un estudio vascular con eco-doppler, que permite valorar el estado de las venas y detectar posibles alteraciones en el flujo sanguíneo.
La importancia de un diagnóstico correcto
Confundir ambos cuadros puede llevar a tratamientos inadecuados:
  • Tratar un problema venoso como si fuera neurológico puede retrasar su evolución
  • Ignorar un síndrome de piernas inquietas puede afectar gravemente al descanso
Un diagnóstico preciso permite:
  • Aplicar el tratamiento adecuado
  • Evitar complicaciones
  • Mejorar la calidad de vida del paciente

Qué hacer si tienes síntomas en las piernas
Si notas molestias frecuentes en las piernas, lo más importante es observar:
  • Cuándo aparecen
  • Qué las alivia
  • Si hay signos visibles
  • Si interfieren con el sueño
A partir de ahí, una valoración médica puede orientar el origen del problema.
En consulta, el Dr. Biguria realiza una evaluación completa que permite distinguir entre causas vasculares y no vasculares, y plantear el tratamiento más adecuado en cada caso.
Conclusión: no todo es circulación… pero tampoco hay que descartarla
Las molestias en las piernas son frecuentes, pero no siempre tienen el mismo origen.
Diferenciar entre un problema neurológico y uno vascular es clave para actuar correctamente.
Escuchar al cuerpo, observar los síntomas y consultar a tiempo permite evitar errores y mejorar el bienestar desde el inicio.
Porque a veces, lo que parece una simple incomodidad… es una señal que conviene entender.
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La hidratación y la circulación: por qué beber agua también protege tus venas

3/12/2026

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Cuando hablamos de salud vascular, solemos pensar en ejercicio, colesterol o presión arterial. Sin embargo, existe un hábito simple que muchas veces se pasa por alto y que tiene un impacto directo en la circulación: la hidratación.
Beber suficiente agua no solo ayuda a mantener el equilibrio del organismo, sino que también juega un papel fundamental en la fluidez de la sangre, el funcionamiento del sistema venoso y la prevención de problemas circulatorios.
El cuerpo humano está compuesto en gran parte por agua, y el sistema circulatorio depende de ese equilibrio para transportar oxígeno, nutrientes y hormonas a todos los tejidos. Cuando el nivel de hidratación disminuye, la sangre se vuelve más espesa y el trabajo del sistema vascular se complica.
En este artículo, el Dr. Fernando Biguria explica cómo la hidratación influye en la circulación, por qué beber agua protege las venas y qué hábitos pueden ayudarte a mantener una buena salud vascular.

La relación entre hidratación y sistema circulatorio
El sistema circulatorio funciona como una red de transporte que distribuye sangre por todo el organismo. Para que este sistema funcione correctamente, la sangre debe mantener una viscosidad adecuada, es decir, una consistencia que permita circular con facilidad por arterias, venas y capilares.
Cuando el cuerpo está correctamente hidratado, el volumen de plasma —la parte líquida de la sangre— se mantiene estable. Esto permite que la sangre fluya con normalidad y que el corazón no tenga que realizar un esfuerzo excesivo para bombearla.
Sin embargo, cuando existe deshidratación, incluso leve, la sangre se vuelve más concentrada y espesa. Este cambio puede dificultar la circulación y aumentar el riesgo de problemas vasculares.

Cómo afecta la deshidratación a la circulación
La falta de agua en el organismo puede generar varios efectos que afectan directamente al sistema vascular.
Aumento de la viscosidad sanguíneaCuando el cuerpo pierde líquidos y no se reponen adecuadamente, el volumen plasmático disminuye. Esto provoca que la sangre sea más densa, lo que dificulta su circulación.
Una sangre más espesa aumenta el esfuerzo que debe realizar el corazón para mantener el flujo sanguíneo y puede favorecer la formación de coágulos en personas con factores de riesgo.
  • Mayor riesgo de trombosis
La deshidratación puede favorecer condiciones que facilitan la formación de trombos.
Cuando la sangre circula con mayor dificultad, aumenta la probabilidad de que se formen coágulos, especialmente en las venas profundas de las piernas. Este fenómeno es particularmente relevante en situaciones como:
  • Viajes largos
  • Altas temperaturas
  • Enfermedades que favorecen la coagulación
  • Sedentarismo prolongado
Mantener una hidratación adecuada ayuda a mantener la sangre más fluida y reduce este riesgo.
  • Alteraciones en el retorno venoso
El sistema venoso depende en gran medida del movimiento muscular y de una circulación sanguínea adecuada para devolver la sangre al corazón.
Cuando el cuerpo está deshidratado, puede aumentar la sensación de pesadez en las piernas, hinchazón o fatiga circulatoria, especialmente en personas con predisposición a insuficiencia venosa.

La importancia de la hidratación en verano y en personas mayores
Existen momentos y perfiles de población en los que la hidratación es especialmente importante para proteger la salud vascular.

Temperaturas elevadas
El calor provoca vasodilatación y aumenta la pérdida de líquidos a través del sudor. Esto puede favorecer la deshidratación si no se compensa con una ingesta adecuada de agua.
Durante los meses de verano, es más frecuente observar síntomas como:
  • Hinchazón en las piernas
  • Sensación de pesadez
  • Empeoramiento de las varices
Beber agua regularmente ayuda a compensar estos efectos y a mantener una circulación más eficiente.

Personas mayores
Con la edad, el mecanismo de la sed se vuelve menos eficiente. Muchas personas mayores no perciben la necesidad de beber agua con la misma intensidad que en edades más jóvenes.
Esto aumenta el riesgo de deshidratación, lo que puede afectar tanto al sistema vascular como al cardiovascular.
Por esta razón, es recomendable prestar especial atención a la hidratación en adultos mayores, incluso cuando no manifiesten sed.

Cuánta agua necesita el cuerpo para mantener una buena circulaciónLas necesidades de hidratación pueden variar según la edad, el peso, la actividad física o las condiciones ambientales.
Sin embargo, como orientación general, la mayoría de los adultos debería consumir entre 1,5 y 2 litros de agua al día, aumentando esta cantidad en situaciones como:
  • Actividad física intensa
  • Climas calurosos
  • Enfermedades que provocan pérdida de líquidos
No es necesario esperar a sentir sed para beber agua. De hecho, la sed suele aparecer cuando el organismo ya ha comenzado a deshidratarse.

Consejos para mejorar la hidratación y cuidar la salud vascular
Mantener una buena hidratación es un hábito sencillo que puede tener un impacto positivo en la circulación.
Algunas recomendaciones prácticas incluyen:
  • Beber agua de forma regular a lo largo del día
  • Aumentar la ingesta de frutas y verduras ricas en agua
  • Reducir el consumo de bebidas azucaradas o con alcohol
  • Prestar especial atención a la hidratación durante el ejercicio
  • Beber agua antes, durante y después de viajes largos
Estas pequeñas acciones ayudan a mantener el volumen sanguíneo adecuado y facilitan el trabajo del sistema circulatorio.

Un gesto simple con gran impacto en tus venas
Cuidar la salud vascular no siempre requiere grandes cambios. En muchas ocasiones, hábitos simples como beber suficiente agua pueden marcar una diferencia importante en la circulación.
Una buena hidratación ayuda a mantener la sangre fluida, reduce el riesgo de trombosis y mejora el retorno venoso, especialmente en personas con predisposición a problemas circulatorios.
Por eso, prestar atención a la hidratación diaria no solo beneficia al organismo en general, sino que también es una forma efectiva de proteger nuestras arterias y venas a largo plazo.
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Señales tempranas de enfermedad vascular que muchas personas ignoran

3/12/2026

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Las enfermedades vasculares suelen asociarse a síntomas evidentes como dolor intenso, varices muy visibles o problemas circulatorios graves. Sin embargo, la realidad es que muchas patologías vasculares comienzan con señales leves y fácilmente ignoradas.

El sistema vascular —formado por arterias, venas y capilares— es el encargado de transportar sangre, oxígeno y nutrientes a todo el cuerpo. Cuando algo empieza a fallar, el organismo suele enviar pequeñas señales de alerta mucho antes de que aparezcan complicaciones importantes.
Reconocer estos signos tempranos puede marcar la diferencia entre un diagnóstico precoz y una enfermedad vascular avanzada. En este artículo, el Dr. Fernando Biguria explica cuáles son los síntomas iniciales que muchas personas pasan por alto y cuándo conviene acudir a una evaluación vascular.

¿Qué es una enfermedad vascular?
Una enfermedad vascular es cualquier alteración que afecta al sistema circulatorio fuera del corazón. Esto incluye problemas en arterias, venas o capilares que dificultan el flujo normal de la sangre.
Entre las patologías vasculares más frecuentes encontramos:
  • Insuficiencia venosa crónica
  • Varices
  • Enfermedad arterial periférica
  • Trombosis venosa profunda
  • Problemas de microcirculación
Aunque algunas de estas condiciones pueden tardar años en manifestarse de forma clara, las primeras señales suelen aparecer mucho antes.

Señales tempranas de problemas vasculares
Identificar los síntomas iniciales es clave para actuar a tiempo y evitar complicaciones.
Pesadez o cansancio en las piernasUna de las señales más comunes es la sensación de piernas pesadas, especialmente al final del día.

Muchas personas lo atribuyen simplemente al trabajo o al cansancio acumulado. Sin embargo, este síntoma puede indicar que el retorno venoso no está funcionando correctamente.
Cuando las venas tienen dificultad para devolver la sangre hacia el corazón, esta se acumula en las extremidades inferiores, generando esa sensación de fatiga o presión.

Hinchazón en tobillos o pies
El edema leve en tobillos o pies es otro signo temprano de alteración circulatoria.
Suele aparecer al final del día o después de pasar muchas horas sentado o de pie. Aunque puede parecer algo pasajero, la hinchazón recurrente puede indicar:
  • Insuficiencia venosa inicial
  • Problemas en el retorno sanguíneo
  • Alteraciones en la microcirculación
Si la inflamación se repite con frecuencia, conviene realizar una valoración vascular.

Aparición de arañas vasculares
Las arañas vasculares o telangiectasias son pequeñas venas superficiales visibles bajo la piel.
Aunque muchas veces se consideran solo un problema estético, en algunos casos pueden ser la primera señal de que existe una debilidad en el sistema venoso.
Su presencia puede indicar que las válvulas venosas comienzan a perder eficacia, lo que favorece la aparición posterior de varices.

Cambios de temperatura en las extremidades
Sentir las piernas o los pies constantemente fríos, incluso cuando la temperatura ambiente es normal, puede ser un indicador de problemas de circulación arterial.
Cuando las arterias no transportan suficiente sangre a las extremidades, los tejidos reciben menos oxígeno y calor, generando esa sensación de frío persistente.
Este síntoma debe vigilarse especialmente en personas con factores de riesgo cardiovascular.

Hormigueo o sensación de adormecimiento
El hormigueo en piernas o pies no siempre está relacionado con problemas neurológicos. En muchos casos puede ser consecuencia de alteraciones en la circulación sanguínea.
Cuando el flujo de sangre se reduce o se ralentiza, los tejidos pueden experimentar sensaciones de:
  • Adormecimiento
  • Pinchazos
  • Calambres leves
Aunque ocasionalmente puede deberse a una mala postura, si aparece con frecuencia es recomendable evaluarlo.

Factores de riesgo que favorecen la enfermedad vascular

Además de los síntomas iniciales, existen factores que aumentan la probabilidad de desarrollar problemas vasculares.
SedentarismoPasar muchas horas sentado o sin moverse reduce la activación del llamado “corazón periférico”, que son los músculos de las piernas encargados de ayudar al retorno venoso.
El sedentarismo es uno de los factores más importantes en la aparición de insuficiencia venosa.
  • Predisposición genética
Las enfermedades venosas, especialmente las varices, tienen un componente hereditario importante.
Si existen antecedentes familiares, es recomendable prestar especial atención a las primeras señales.
  • Edad y cambios hormonales
Con el paso del tiempo, las paredes de las venas y arterias pueden perder elasticidad.
Además, los cambios hormonales —como embarazo o menopausia— pueden afectar la circulación venosa y favorecer la aparición de problemas vasculares.
  • Cuándo acudir a un especialista vascular
Muchas personas retrasan la consulta médica porque los síntomas parecen leves o esporádicos. Sin embargo, la detección precoz es fundamental para evitar complicaciones mayores.
Es recomendable acudir a un especialista si aparecen:
  • Hinchazón recurrente en las piernas
  • Dolor o pesadez persistente
  • Varices visibles
  • Cambios de color en la piel
  • Sensación de frío constante en pies o manos
Una evaluación vascular mediante exploración clínica y pruebas como el eco-doppler vascular permite detectar problemas circulatorios antes de que progresen.

Escucha las señales del cuerpo
Las enfermedades vasculares no suelen aparecer de forma repentina. En la mayoría de los casos, el cuerpo envía señales tempranas que muchas personas ignoran o consideran normales.
Prestar atención a estos síntomas y actuar a tiempo puede prevenir problemas mayores y mejorar la calidad de vida.
La salud vascular depende en gran parte de la prevención, el diagnóstico precoz y el seguimiento adecuado. Ante cualquier duda, una valoración especializada puede ayudar a identificar el origen del problema y establecer el tratamiento más adecuado.
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Efectos del estrés crónico sobre las venas y las arterias

3/5/2026

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Cuando la tensión emocional también deja huella en el sistema vascularTodos sabemos que el estrés afecta el cuerpo: trastornos del sueño, tensión muscular, digestiones pesadas… Pero uno de sus impactos más silenciosos y peligrosos es el que ejerce sobre nuestras arterias y venas.
Aunque no lo veas ni lo sientas de inmediato, el estrés crónico tiene una profunda influencia sobre la salud vascular. Afecta la presión arterial, favorece la inflamación y altera la función del endotelio (la capa interna de los vasos sanguíneos).
Es, en muchos casos, el detonante invisible de enfermedades que parecían tener otra causa.

En este artículo, el Dr. Biguria analiza cómo actúa el estrés sobre el sistema circulatorio, qué signos deben alertarte y cómo empezar a proteger tus vasos… también desde lo emocional.
¿Qué es el estrés crónico y cómo afecta al cuerpo?El estrés agudo —como el que sentimos ante una emergencia puntual— es una respuesta normal y adaptativa. Activa el sistema nervioso simpático, aumenta el ritmo cardíaco y libera hormonas como el cortisol y la adrenalina.
El problema comienza cuando esta activación se mantiene en el tiempo, día tras día, sin descanso ni recuperación.
Eso es el estrés crónico: una sobrecarga sostenida del sistema nervioso que mantiene al cuerpo en un estado de alerta permanente.

Este estado prolongado tiene consecuencias fisiológicas directas sobre el sistema vascular:
  • Aumento sostenido de la presión arterial
  • Endurecimiento y estrechamiento de las arterias
  • Disfunción endotelial (pérdida de elasticidad y respuesta de los vasos)
  • Mayor riesgo de trombosis
  • Alteración de la frecuencia cardíaca
  • Incremento de la inflamación sistémica

    Arterias bajo presión: estrés e hipertensión

    Una de las consecuencias más directas del estrés crónico es el aumento persistente de la presión arterial.
    Las hormonas del estrés provocan vasoconstricción (estrechamiento de los vasos) y aumentan la resistencia al flujo sanguíneo.

    Con el tiempo, esta presión constante:
  • Daña la capa interna de las arterias (endotelio)
  • Aumenta el riesgo de microlesiones que favorecen la formación de placas
  • Favorece el engrosamiento de las paredes arteriales
  • Dispara el riesgo de enfermedades como infarto, ictus o enfermedad arterial periférica
  • El estrés no solo genera tensión emocional. También endurece las arterias, y con ello, el corazón trabaja más y peor.

    Venas y retorno venoso: cómo se ven afectadasAunque el impacto sobre las arterias es más estudiado, el estrés también afecta al sistema venoso.
    En estados de estrés crónico:

  • La circulación se vuelve más superficial, con menor retorno profundo
  • Se altera el tono venoso, favoreciendo la dilatación y estancamiento de la sangre
  • Aumenta el riesgo de pesadez, edema y aparición de varices
  • Se favorece la hipercoagulabilidad, elevando el riesgo de trombosis venosa en personas predispuestas
  • Además, el estrés suele venir acompañado de sedentarismo, malos hábitos alimentarios y peor descanso, lo cual agrava aún más estos efectos.

    El papel de la inflamación crónicaUna de las claves más recientes en la relación entre estrés y enfermedad vascular es la inflamación sistémica de bajo grado.
    El estrés crónico altera el equilibrio del sistema inmunológico, generando una respuesta inflamatoria sostenida que daña los vasos a nivel microscópico.

    Esa inflamación:
  • Facilita la formación de placas de ateroma
  • Favorece la agregación de plaquetas (más riesgo de coágulos)
  • Dificulta la regeneración del tejido vascular
  • Puede incluso contribuir al deterioro de válvulas venosas
  • Esto explica por qué personas con niveles altos de estrés presentan mayor rigidez arterial, peor recuperación vascular tras intervenciones y peor respuesta a tratamientos.

    ¿Cómo saber si el estrés está afectando tu salud vascular?
    Aunque no siempre hay síntomas específicos, hay señales que deben encender las alarmas si coinciden con situaciones de estrés mantenido:
  • Tensión arterial difícil de controlar
  • Aumento de la sensación de fatiga o falta de aire
  • Dolor en las piernas al caminar o pesadez constante
  • Aparición de varices o edema sin causa aparente
  • Cefaleas, visión borrosa o zumbidos
  • Alteraciones en el ritmo cardíaco (palpitaciones, taquicardias)
  • Si estás atravesando un periodo prolongado de estrés y presentas alguno de estos signos, conviene realizar una evaluación vascular completa.


    ¿Cómo proteger tus venas y arterias del estrés?La clave está en un abordaje integral: cuerpo y mente. No basta con tomar medicación si el estilo de vida continúa dañando los vasos.
    Algunas estrategias efectivas incluyen:
  • Incorporar técnicas de manejo del estrés: respiración, meditación, mindfulness
  • Realizar actividad física regular (mejor si es aeróbica y moderada)
  • Dormir entre 7 y 8 horas de calidad
  • Reducir el consumo de ultraprocesados y aumentar alimentos antiinflamatorios
  • Evaluar de forma periódica tu presión arterial, función vascular y salud emocional
  • Buscar ayuda profesional si el estrés interfiere con tu calidad de vida

    Conclusión: el estrés también deja cicatrices en tus vasos+
    ​El estrés crónico no es solo una carga emocional: es un factor de riesgo vascular de primer nivel. Afecta tu corazón, tus arterias, tus venas… incluso antes de que aparezcan los síntomas.

    Por eso, en consulta, el Dr. Biguria no solo evalúa las imágenes o los pulsos.
    También escucha, analiza el contexto y propone soluciones integrales. Porque prevenir enfermedades vasculares también implica cuidar cómo vivimos.
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Salud vascular y microbioma: ¿qué conexión hay entre tus intestinos y tus vasos sanguíneos?

2/9/2026

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Durante años, la salud cardiovascular se ha relacionado casi exclusivamente con la presión arterial, el colesterol o el sedentarismo. Sin embargo, una nueva pieza entra con fuerza en este rompecabezas: el microbioma intestinal.
Cada vez más estudios revelan una conexión directa entre el equilibrio (o desequilibrio) de nuestras bacterias intestinales y la salud de nuestras arterias y venas. En otras palabras: tus vasos sanguíneos también dependen de tu flora intestinal.
En este artículo, el Dr. Biguria analiza esta relación invisible, cómo influye en la enfermedad vascular y qué hábitos pueden ayudarte a proteger tu sistema circulatorio desde el intestino.

¿Qué es el microbioma intestinal?
El microbioma es el conjunto de microorganismos que viven en nuestro aparato digestivo, principalmente en el colon. Hablamos de billones de bacterias, virus, hongos y otros microbios que forman una comunidad viva, dinámica y única en cada persona.
Estas bacterias no solo participan en la digestión: también regulan el sistema inmunológico, producen vitaminas, modulan la inflamación… y ahora sabemos que también influyen en la salud cardiovascular.

¿Cómo afecta el intestino a las arterias?
El vínculo entre intestino y sistema vascular es complejo, pero hay tres mecanismos principales que explican esta conexión:

1. Inflamación sistémica
Un microbioma desequilibrado (disbiosis) puede provocar un estado de inflamación crónica de bajo grado. Esta inflamación afecta directamente al endotelio vascular (la capa interna de las arterias), haciéndolo más vulnerable a lesiones, placas y trombos.

2. Producción de metabolitos dañinos

Ciertas bacterias intestinales metabolizan nutrientes como la colina o la L-carnitina (presentes en carnes rojas y huevos) en una sustancia llamada TMAO (óxido de trimetilamina), que se ha relacionado con:
  • Aumento del riesgo de infarto
  • Mayor rigidez arterial
  • Promoción de la aterosclerosis
Niveles elevados de TMAO en sangre se asocian con mayor riesgo cardiovascular, incluso en personas sin otros factores clásicos.

3. Alteración del metabolismo lipídico y de la glucosa
Un microbioma sano regula mejor el metabolismo de las grasas y la insulina. La disbiosis, por el contrario, se asocia con resistencia a la insulina, hiperglucemia y aumento de triglicéridos, factores todos que dañan progresivamente las arterias.


¿Qué enfermedades vasculares se relacionan con la disbiosis?
Aunque aún es un campo en expansión, ya se han encontrado vínculos sólidos entre un microbioma alterado y las siguientes condiciones:
  • Aterosclerosis precoz
  • Hipertensión arterial resistente
  • Enfermedad arterial periférica
  • Insuficiencia venosa crónica
  • Mayor riesgo de trombosis venosa profunda
En muchos casos, estas alteraciones no se deben solo a un factor, sino a un entorno intestinal que favorece el desequilibrio inflamatorio y vascular.


Factores que alteran tu microbioma y afectan tu sistema vascular
Existen múltiples elementos que pueden dañar la diversidad y el equilibrio de tu microbiota intestinal:
  • Dietas altas en azúcares refinados y procesados
  • Abuso de carnes rojas y embutidos
  • Uso prolongado de antibióticos o antiinflamatorios
  • Estrés crónico
  • Sedentarismo
  • Falta de fibra vegetal
  • Falta de exposición al entorno natural (entornos demasiado “estériles”)
Todos estos factores no solo alteran el intestino. También generan un entorno metabólico e inflamatorio que impacta directamente sobre las venas y arterias.


¿Y qué alimentos o hábitos protegen la salud intestinal y vascular?
La buena noticia es que el microbioma se puede modificar, y con ello, reducir el riesgo vascular.
Los hábitos más protectores incluyen:
  • Alta ingesta de fibra vegetal (frutas, verduras, legumbres, cereales integrales)
  • Alimentos fermentados naturales: kéfir, yogur sin azúcar, chucrut, kombucha
  • Omega-3: presentes en pescado azul, semillas y frutos secos
  • Evitar el consumo excesivo de carnes rojas y productos ultraprocesados
  • Actividad física moderada regular
  • Descanso adecuado
  • Reducción del estrés crónico
Estos factores favorecen la diversidad bacteriana, reducen la inflamación sistémica y ayudan a mantener la integridad de las paredes vasculares.


¿Cómo se evalúa el estado del microbioma?
Existen análisis específicos que permiten estudiar la composición del microbioma, aunque no están aún integrados en la práctica clínica habitual.
Sin embargo, el seguimiento vascular sí puede alertar de sus consecuencias, incluso antes de que se manifiesten síntomas digestivos.
Por eso, en pacientes con factores de riesgo vascular sin causa aparente, inflamación crónica o antecedentes de enfermedad precoz, conviene tener en cuenta el eje intestino-circulación.



Tus venas también dependen de tus bacterias
La salud vascular ya no puede entenderse sin mirar al intestino.
Un microbioma equilibrado no solo mejora la digestión: también regula la inflamación, modula el metabolismo y protege tus arterias y venas de procesos silenciosos pero peligrosos.
Cuidar lo que comes, cómo te mueves y cómo gestionas el estrés es una forma real y eficaz de cuidar tu sistema circulatorio.
Y si ya hay factores de riesgo o antecedentes vasculares, un enfoque integral —donde también se tenga en cuenta el intestino— puede marcar la diferencia.

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Vascularización en deportistas de alto rendimiento: cuando el músculo exige más vasculatura

2/9/2026

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El músculo entrenado no solo gana volumen, potencia o resistencia. También reclama una red vascular más eficiente que le permita oxigenarse, nutrirse y recuperarse con rapidez.
Y ahí entra en juego un concepto fundamental para el rendimiento y la salud: la vascularización funcional.

Tanto en deportes de fondo como de fuerza, el sistema vascular se adapta al esfuerzo sostenido, pero no siempre lo hace al ritmo del atleta.
Cuando la vascularización se queda corta, pueden aparecer desde caídas de rendimiento hasta problemas clínicos más serios como síndrome compartimental, claudicación inducida por ejercicio o trombosis venosa asociada a esfuerzo.

Hoy hablamos de cómo se adapta la red vascular al deporte de alto nivel, qué señales indican que no lo está haciendo bien y cuándo conviene una evaluación vascular específica.


Más músculo, más sangre: una demanda fisiológica constante
Durante el ejercicio intenso, el flujo sanguíneo puede multiplicarse por 20 o más en la zona muscular activa.

Para sostener ese flujo sin colapsos, el cuerpo se adapta mediante:
  • Vasodilatación de arterias preexistentes
  • Angiogénesis: formación de nuevos capilares
  • Mayor eficacia en el retorno venoso
  • Aumento del volumen plasmático
Estas adaptaciones ocurren de forma gradual, y están mediadas por señales metabólicas, hormonales y mecánicas (como el estrés del propio ejercicio).
Cuanto más intenso y prolongado el estímulo, más exigente es la demanda vascular.

El problema aparece cuando esas adaptaciones son insuficientes, tardías o ineficaces.


¿Qué pasa cuando la vascularización no alcanza?
Aunque el deportista entrene correctamente, hay situaciones en las que la red vascular no se desarrolla al nivel que requiere el músculo.
Esto puede deberse a:
  • Factores genéticos
  • Alteraciones estructurales del sistema arterial o venoso
  • Trastornos de la coagulación
  • Compresión vascular por hipertrofia
  • Microinflamación crónica o sobreuso

Y el resultado no siempre se manifiesta como dolor agudo. A veces son signos difusos que se arrastran durante semanas:
  • Sensación de “pierna muerta” o pesadez unilateral tras entrenar
  • Caída del rendimiento sin causa aparente
  • Recuperación más lenta de lo habitual
  • Calambres frecuentes, incluso con buena hidratación
  • Frialdad o palidez en la zona distal después del ejercicio
  • Dolor tipo “pinchazo” en la misma zona al iniciar la actividad

Estos síntomas pueden pasar desapercibidos en la autopercepción del deportista, pero son pistas importantes.


Trastornos vasculares frecuentes en atletas
A pesar de su buen estado físico, los deportistas también pueden desarrollar patologías vasculares específicas del esfuerzo, muchas veces infradiagnosticadas:

1. Claudicación inducida por ejercicio
Se produce cuando hay una obstrucción parcial en una arteria (frecuente en la ilíaca externa en ciclistas o corredores) que no genera síntomas en reposo pero sí durante el ejercicio.
El músculo se queda sin aporte adecuado y aparece dolor, debilidad o bloqueo.

2. Síndrome de atrapamiento poplíteo
Afecta a jóvenes deportistas con hipertrofia muscular. El músculo comprime la arteria poplítea en determinados gestos, provocando isquemia transitoria.

3. Trombosis venosa asociada a esfuerzo (síndrome de Paget-Schroetter)
Se presenta en deportes de tren superior (remo, escalada, halterofilia), donde hay compresión repetitiva de la vena subclavia, generando inflamación y trombosis.

4. Varices y reflujo venoso en atletas
Aunque se asocian a vida sedentaria, los deportes de impacto (crossfit, running, fútbol) también pueden generar reflujo venoso secundario al estrés mecánico crónico sobre las válvulas.



¿Cuándo debe un deportista valorar su salud vascular?
No todos los atletas necesitan estudios vasculares. Pero sí deberían considerarlo quienes:
  • Presentan síntomas recurrentes en una misma extremidad durante o después del ejercicio
  • Tienen antecedentes familiares de enfermedad vascular
  • Han tenido trombosis previas
  • Sufren caídas de rendimiento inexplicables
  • Se han sometido a programas de entrenamiento muy exigentes en poco tiempo
  • Practican deportes con alta carga sobre una misma zona (remo, ciclismo, halterofilia, etc.)

En estos casos, una ecografía doppler arterial y venosa es una herramienta sencilla y no invasiva para detectar obstrucciones, compresiones o reflujo, y actuar antes de que se convierta en una lesión limitante.


Prevención y control: claves para una vascularización funcional
La vascularización adecuada no solo se entrena, también se cuida.
Estos puntos son clave para todo deportista:
  • Evitar el sobreentrenamiento: dar tiempo al cuerpo a adaptarse
  • Hidratación y alimentación adecuadas: fundamentales para volumen sanguíneo y viscosidad
  • Movilidad y flexibilidad: un músculo tenso puede comprimir estructuras vasculares
  • Vigilar las cargas de impacto en ejercicios de alta intensidad
  • No ignorar los signos de alerta: pesadez, dolor unilateral, frío o coloración anómala
  • Revisión médica preventiva, especialmente si hay antecedentes o síntomas sutiles

Más allá del músculo, están las venas y las arterias
El músculo no entrena solo. Necesita una red vascular capaz de acompañar su rendimiento sin fallos.
Y aunque el cuerpo humano es eficiente, no es infalible: incluso en atletas, pueden surgir disfunciones vasculares que limiten el rendimiento… o la salud.

La clave está en conocer los riesgos, escuchar al cuerpo y actuar a tiempo.
Porque cuando el músculo pide más, las venas y arterias también deben estar listas para responder.

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Apnea del sueño y salud vascular: un riesgo que se siente mientras dormimos

2/9/2026

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Dormir mal no solo agota. También puede afectar seriamente a la salud de tus arterias y venas.
La apnea del sueño es mucho más que ronquidos o fatiga. Se trata de un trastorno respiratorio que interrumpe el flujo de oxígeno mientras dormimos y que, mantenido en el tiempo, tiene un impacto directo sobre la salud cardiovascular y la circulación periférica.
Aunque habitualmente se asocia a problemas cardíacos o hipertensión, cada vez hay más evidencia que relaciona la apnea con enfermedad arterial periférica, insuficiencia venosa, trombosis e inflamación vascular crónica.​

¿Qué es la apnea del sueño?
​
La apnea obstructiva del sueño (AOS) es una condición en la que la vía aérea superior colapsa de forma repetida durante el sueño, interrumpiendo la respiración por unos segundos o incluso minutos.
Esto provoca:
  • Disminución de la oxigenación sanguínea
  • Microdespertares constantes
  • Cambios bruscos en la presión arterial y frecuencia cardíaca
  • Activación del sistema nervioso simpático

El resultado es un sueño no reparador, y un cuerpo que, durante la noche, sufre un estado de estrés fisiológico continuo.


¿Cómo afecta a las arterias y venas?
Aunque la apnea parece una condición respiratoria, su verdadero impacto es sistémico, y la circulación está entre los órganos más afectados.
1. Hipoxia intermitente: enemigo vascular silencioso
Cada episodio de apnea reduce la entrada de oxígeno al organismo. Esta hipoxia repetida activa mecanismos inflamatorios, incrementa la liberación de radicales libres y daña el endotelio (la capa interna de los vasos sanguíneos).
Con el tiempo, este daño favorece:
  • Endurecimiento de las arterias
  • Formación de placas de ateroma
  • Disminución de la capacidad de dilatación vascular
  • Mayor riesgo de trombos

2. Aumento de la presión venosa
Durante los eventos de apnea, hay variaciones importantes en la presión torácica y abdominal, que dificultan el retorno venoso. Esto puede agravar cuadros de insuficiencia venosa, favorecer la aparición de várices y empeorar la sintomatología en piernas (hinchazón, pesadez, calambres).

3. Activación del sistema simpático
Cada microdespertar genera una descarga de adrenalina y cortisol. Este estado de "alarma crónica" mantiene una presión arterial elevada, altera el tono vascular y contribuye a la rigidez de los vasos.

Apnea del sueño y enfermedad arterial periférica
Diversos estudios han encontrado una asociación directa entre apnea del sueño y enfermedad arterial periférica (EAP), una condición en la que las arterias que llevan sangre a las piernas se estrechan o bloquean.
Pacientes con apnea moderada o severa tienen:
  • Mayor riesgo de desarrollar EAP
  • Más complicaciones postquirúrgicas en intervenciones vasculares
  • Peor capacidad de cicatrización
  • Menor tolerancia al ejercicio físico
  • Más riesgo de eventos isquémicos (úlceras, claudicación, amputaciones)


En estos casos, el diagnóstico y tratamiento de la apnea es clave para mejorar el pronóstico vascular.


Apnea, trombosis y riesgo venoso
Además del daño arterial, la apnea se ha relacionado con un mayor riesgo de trombosis venosa profunda (TVP).
La hipoxia, la inflamación crónica y la alteración del flujo venoso aumentan la posibilidad de formación de coágulos, especialmente en personas con factores de riesgo adicionales: sedentarismo, obesidad, antecedentes familiares o viajes prolongados.

Una apnea no tratada puede multiplicar ese riesgo, incluso sin que el paciente lo perciba.
¿Quién debe preocuparse?
Aunque la apnea del sueño puede afectar a cualquier persona, hay grupos con mayor riesgo vascular asociado:
  • Personas con obesidad o sobrepeso
  • Pacientes con hipertensión resistente
  • Personas con várices avanzadas o antecedentes de trombosis
  • Pacientes con enfermedad arterial periférica diagnosticada
  • Quienes refieren somnolencia diurna, ronquidos intensos o pausas respiratorias nocturnas

    En todos estos perfiles, descartar o tratar la apnea puede mejorar significativamente la salud vascular global.
¿Y si ya tengo diagnóstico? Cómo proteger tu sistema vascular

Si ya has sido diagnosticado de apnea del sueño, hay medidas clave que pueden reducir el riesgo vascular:
  1. Cumplir con el tratamiento con CPAP (presión positiva continua en la vía aérea): reduce episodios de apnea, mejora la oxigenación y disminuye la activación simpática.

  2. Mantener un peso saludable: el exceso de grasa, especialmente en cuello y abdomen, agrava la apnea y dificulta la circulación.

  3. Evitar alcohol, sedantes y tabaquismo: aumentan el colapso de la vía aérea y deterioran la salud vascular.

  4. Realizar ejercicio moderado: mejora la oxigenación, el retorno venoso y la función endotelial.

  5. Revisiones vasculares periódicas: sobre todo si hay antecedentes de varices, trombosis o enfermedad arterial periférica.

Cuidar el sueño también es cuidar tus arterias
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La apnea del sueño no solo quita energía. Puede deteriorar silenciosamente el sistema vascular, empeorar enfermedades ya presentes y aumentar el riesgo de eventos graves.
La buena noticia es que con un diagnóstico a tiempo y el tratamiento adecuado, es posible proteger arterias, venas y calidad de vida.
Si tienes síntomas o factores de riesgo, consulta con un especialista. Porque a veces, lo que parece solo cansancio, es una señal del sistema vascular pidiendo atención.

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Sedentarismo digital: teclado, pantalla y retorno venoso. ¿Qué tienen que ver?

2/9/2026

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Pasamos más horas sentados que nunca. Frente al ordenador, frente al móvil, frente a una pantalla que no se apaga ni en el trabajo, ni en casa.
Y aunque el impacto de este estilo de vida sobre la vista, la postura o el sueño es ya bien conocido, hay una consecuencia silenciosa de la que se habla poco: el daño que este sedentarismo provoca en nuestra circulación venosa.

El retorno venoso es un proceso clave para la salud vascular. Si se ralentiza o bloquea, aparecen síntomas como pesadez, edema, varices… y en algunos casos, complicaciones más serias como la trombosis venosa profunda.
Y sí: sentarse durante horas, sin moverse, con las piernas dobladas, frente a una pantalla, puede desencadenar todo esto.
​


¿Qué es el retorno venoso y por qué se ve afectado por el sedentarismo?

El sistema venoso se encarga de llevar la sangre de vuelta al corazón desde las extremidades.
A diferencia del sistema arterial, que tiene la fuerza del bombeo cardíaco, el venoso depende de tres factores clave:
  • La contracción muscular de las piernas (especialmente los gemelos, llamados también "corazón periférico")

  • La presión negativa torácica durante la respiración

  • La función valvular venosa (válvulas que evitan el reflujo)

Cuando pasamos horas en la misma posición, con las piernas en ángulo recto o cruzadas, y sin activar la musculatura de las piernas, este sistema pierde eficiencia.
La sangre se acumula en las extremidades, la presión venosa aumenta, y se desencadenan los primeros síntomas.



Síntomas frecuentes en personas con vida digital sedentaria
  • Sensación de pesadez en las piernas, especialmente al final del día

  • Edema (hinchazón) en tobillos y pies

  • Hormigueos o calambres nocturnos

  • Aparición progresiva de várices o arañas vasculares

  • En casos más severos: dolor punzante, enrojecimiento o calor local, signos de alarma para una posible trombosis

Muchos de estos síntomas son normalizados por el paciente: “estoy cansado”, “he estado mucho tiempo sentado”, “me pasa solo en verano”…
Pero en realidad, son avisos claros de que el retorno venoso está fallando.


El entorno digital como nuevo factor de riesgo vascular
Hoy, gran parte del sedentarismo no viene del ocio, sino del trabajo. Profesionales de oficina, diseñadores, programadores, administrativos, estudiantes…
La tecnología ha mejorado muchas cosas, pero también ha cambiado cómo nos movemos (o cómo dejamos de hacerlo).

Lo que antes era un rato frente a la pantalla, ahora es el día completo:
8 horas trabajando, 2 horas con el móvil, 3 viendo series… y apenas 1 hora de movimiento real.

El cuerpo no está diseñado para eso. Y el sistema venoso, mucho menos.

Consecuencias a largo plazo: más allá de la pesadez
Cuando este estilo de vida se mantiene en el tiempo, las consecuencias pueden ser más serias:
  • Insuficiencia venosa crónica: las venas pierden elasticidad, aparecen varices y se cronifican los síntomas

  • Pigmentación de la piel, eccemas o incluso úlceras venosas

  • Trombosis venosa profunda: formación de coágulos que pueden poner en riesgo la vida si migran al pulmón

Además, el sedentarismo digital suele ir acompañado de otros factores que agravan la situación: sobrepeso, mala hidratación, poca actividad física y posturas inadecuadas.

¿Qué se puede hacer?

La buena noticia es que gran parte de estos problemas se pueden prevenir con pequeños cambios diarios, sin necesidad de dejar el trabajo ni desconectarse de la tecnología.
1. Microactividad cada hora
Levantarse, caminar dos minutos, estirarse, mover tobillos y pantorrillas. El cuerpo necesita movimiento constante para que la circulación fluya.
2. Postura adecuada
Evitar cruzar las piernas, mantener los pies apoyados en el suelo, y usar un reposapiés si es necesario. La ergonomía también es vascular.
3. Uso de medias compresoras
En pacientes con antecedentes venosos, várices visibles o síntomas persistentes, el uso de medias de compresión médica durante la jornada laboral mejora el retorno venoso y alivia la sintomatología.
4. Hidratación y alimentación
Beber agua con frecuencia, reducir el exceso de sal y evitar alimentos inflamatorios contribuye a mantener una sangre menos viscosa y un sistema venoso más eficiente.
5. Valoración médica preventiva
No hay que esperar a que las várices estén marcadas o los síntomas sean incapacitantes. Una consulta a tiempo puede detectar problemas antes de que se compliquen.

Moverse también es medicina
El sedentarismo digital ha llegado para quedarse. Pero sus consecuencias no tienen por qué hacerlo.
Pequeños cambios diarios, una postura más consciente y una revisión vascular periódica pueden marcar la diferencia entre vivir con molestias o vivir con ligereza.

Porque al final, el cuerpo siempre avisa. Solo hay que aprender a escucharlo… incluso cuando estás frente a una pantalla.

¿Trabajas muchas horas sentado y ya notas molestias en las piernas? ¿Tienes várices o antecedentes familiares y pasas demasiado tiempo sin moverte?
Reserva tu consulta con el Dr. Fernando Biguria y descubre cómo cuidar tu salud venosa sin desconectarte de tu vida.

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Nutrición antiedad vascular: alimentos, micronutrientes y circulación saludable

2/9/2026

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El envejecimiento vascular no es solo una cuestión de años. Es una consecuencia directa del estilo de vida que llevamos.
Y entre todos los factores que lo aceleran o lo ralentizan, la alimentación ocupa un lugar central.

Las arterias, venas y capilares envejecen cuando se inflaman, se endurecen, acumulan depósitos o pierden su capacidad de respuesta. Por suerte, ciertos alimentos y nutrientes pueden protegerlos, ralentizar ese proceso y mejorar la salud circulatoria a cualquier edad.
En este artículo, el Dr. Fernando Biguria analiza qué comer —y qué evitar— si lo que buscas no es solo vivir más… sino vivir mejor, con un sistema vascular más joven y funcional.​

¿Qué significa “envejecimiento vascular”?
El sistema vascular envejece cuando:
  • Las arterias pierden elasticidad (rigidez arterial)

  • Las venas se vuelven menos eficientes (retorno venoso lento)

  • Aumenta la inflamación crónica de bajo grado

  • Se acumulan placas de grasa (aterosclerosis)

  • Disminuye la función del endotelio, la capa interna que regula la vasodilatación


Este deterioro no ocurre solo por cumplir años. También depende del entorno, el estrés, el sedentarismo, el sueño… y, por supuesto, de lo que comemos a diario.

Nutrientes clave para unas arterias jóvenes

Grasas saludables: el escudo invisible
Las grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas (como las del aceite de oliva virgen extra, aguacate, frutos secos o pescado azul) reducen la inflamación endotelial, mejoran el perfil lipídico y protegen contra la rigidez arterial.
En cambio, las grasas trans o saturadas en exceso (bollería industrial, embutidos grasos, frituras…) aceleran el deterioro vascular.

Polifenoles: antioxidantes con efecto real
Los polifenoles son compuestos vegetales con efecto antioxidante y antiinflamatorio. Se encuentran en:
  • Uvas negras y frutos rojos

  • Cacao puro (mínimo 85%)

  • Té verde

  • Cúrcuma

  • Cebolla y ajo

Estos nutrientes neutralizan los radicales libres, mejoran la función endotelial y favorecen una circulación más fluida.

Magnesio, potasio y sodio: el trío que regula la presión
  • El magnesio relaja las paredes vasculares

  • El potasio ayuda a eliminar sodio y reduce la tensión arterial

  • El sodio, en exceso, la eleva


La dieta mediterránea, rica en verduras, legumbres y frutas frescas, ofrece un balance natural que favorece el equilibrio de estos tres elementos.

Vitamina C y vitamina E: protectores vasculares
  • La vitamina C estimula la producción de colágeno, esencial para la integridad de los vasos.

  • La vitamina E protege las membranas celulares del estrés oxidativo.

Ambas actúan como aliados del sistema venoso, especialmente en pacientes con várices o problemas de fragilidad capilar.

¿Qué alimentos priorizar en una dieta vascular saludable?
Una alimentación protectora para tus vasos sanguíneos debería estar basada en:
  • Verduras de hoja verde: espinaca, rúcula, acelga, kale

  • Frutas con bajo índice glucémico: frutos del bosque, granada, kiwi

  • Pescado azul: salmón, sardina, caballa (2-3 veces por semana)

  • Legumbres: lentejas, garbanzos, alubias

  • Frutos secos naturales: nueces, almendras, pistachos

  • Cereales integrales reales: avena, arroz integral, pan 100% de centeno

  • Agua como bebida principal, sin azúcares añadidos ni edulcorantes

Este patrón alimentario no solo previene enfermedad vascular, sino que puede revertir parcialmente el daño en fases iniciales.

¿Y los suplementos? ¿Son necesarios?
En algunos casos, sí. Especialmente en pacientes con déficits diagnosticados o con necesidades aumentadas (postquirúrgicos, adultos mayores, personas con enfermedades autoinmunes o inflamatorias). Algunos suplementos con respaldo científico incluyen:
  • Omega 3 de alta concentración

  • Magnesio citrato para mejorar la vasodilatación y el descanso

  • Vitamina D en casos de déficit, que también influye en la presión arterial

  • Coenzima Q10: mejora la función endotelial y la energía mitocondrial


Eso sí: nunca deben sustituir una alimentación equilibrada. Su papel es complementar, no reemplazar.

Lo que sí envejece tus vasos (y rápido)
Hay alimentos y hábitos que claramente aceleran el envejecimiento vascular:
  • Azúcar en exceso → inflamación crónica y rigidez arterial

  • Ultraprocesados → grasas trans, aditivos, sal en exceso

  • Bebidas azucaradas y alcohólicas → alteran la glucemia, la presión y deshidratan

  • Frituras repetidas → aceites oxidados que dañan el endotelio

  • Dietas altas en carnes rojas procesadas y pobres en fibra


A largo plazo, el exceso de estos alimentos “estrecha” literalmente la salud arterial


Comer bien también es medicina
Cada día, con cada comida, eliges en qué dirección envejece tu sistema vascular.
Y lo más interesante es que no necesitas hacer dieta, sino entender cómo alimentar a tus arterias y venas con inteligencia.
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No se trata de prohibir, sino de priorizar. De llenar tu plato de alimentos que realmente nutren y protegen. De convertir la comida en una herramienta de salud, no en un factor silencioso de deterioro.
Como siempre dice el Dr. Biguria: la cirugía es una solución, pero la prevención sigue siendo el mejor tratamiento. Y empieza en la mesa.

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Cambio climático, olas de calor o frío extremo y salud vascular: la incidencia estacional ampliada

2/9/2026

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El cambio climático no solo afecta al planeta. También afecta a nuestros cuerpos. Y en particular, al sistema vascular, que responde de forma directa a los cambios de temperatura, humedad, presión atmosférica y estrés térmico.
En las últimas décadas, hemos pasado de tener estaciones predecibles a experimentar olas de calor y frío cada vez más extremas, intensas y prolongadas. Esta nueva realidad tiene consecuencias clínicas tangibles: más ingresos por eventos cardiovasculares, mayor número de trombosis, crisis hipertensivas y empeoramiento de enfermedades venosas crónicas.
En este artículo, el Dr. Fernando Biguria analiza cómo el clima extremo influye en la salud vascular y qué podemos hacer —como pacientes y como sociedad— para anticiparnos a estos cambios.

El sistema vascular: un regulador térmico sensible
​Nuestros vasos sanguíneos no solo transportan oxígeno y nutrientes. También son el principal mecanismo de regulación térmica del cuerpo.
Cuando hace calor, los vasos se dilatan para liberar calor a través de la piel (vasodilatación).
Cuando hace frío, se contraen para conservar la temperatura interna (vasoconstricción).
Este sistema funciona bien cuando los cambios son progresivos y suaves. Pero con exposiciones extremas —como una ola de calor de 45 °C o una entrada súbita de aire polar—, el sistema se ve forzado, y aparecen las crisis vasculares.


Olas de calor: el enemigo silencioso de las venas
El calor extremo puede tener un impacto directo sobre la circulación periférica:

🔥 Vasodilatación excesiva y edema
Cuando la temperatura ambiente es muy alta, las venas se dilatan en exceso y pierden capacidad de contracción. Esto ralentiza el retorno venoso, acumula sangre en las piernas y genera:
  • Pesadez

  • Hinchazón (especialmente en tobillos y pies)

  • Dolor

  • Calambres nocturnos


En personas con insuficiencia venosa crónica o várices, estos síntomas se intensifican notablemente durante los meses más calurosos.

⚠️ Riesgo de trombosis
La deshidratación (común en verano) aumenta la viscosidad de la sangre, lo que favorece la formación de coágulos. Además, el sedentarismo derivado del calor —pasar muchas horas en casa o en reposo— puede agravar este riesgo.
En pacientes con factores predisponentes (vuelos largos, obesidad, trombofilias, cirugía reciente), las olas de calor actúan como desencadenante de eventos trombóticos.

Frío extremo: un reto para las arterias
En el otro extremo térmico, el frío intenso también afecta al sistema vascular, especialmente arterial.
❄️ Vasoconstricción y crisis isquémicas

Cuando la temperatura cae bruscamente, el cuerpo reduce el flujo sanguíneo a las extremidades para conservar el calor central. Esto puede provocar:
  • Entumecimiento

  • Cambios de coloración en manos y pies

  • Dolores agudos tipo claudicación

  • Crisis en pacientes con enfermedad arterial periférica

  • Agravamiento del síndrome de Raynaud


Además, el frío puede elevar la presión arterial y aumentar el riesgo de infarto e ictus en personas vulnerables, especialmente mayores o con antecedentes cardiovasculares.

¿Qué dice la evidencia médica?
Diversos estudios epidemiológicos han confirmado lo que ya se ve en consulta:
Las temperaturas extremas aumentan la incidencia de eventos vasculares.
Algunos datos relevantes:
  • Durante las olas de calor, se incrementan los casos de trombosis venosa profunda y embolismo pulmonar.

  • Las crisis hipertensivas y eventos isquémicos aumentan tras caídas bruscas de temperatura.

  • Las hospitalizaciones por insuficiencia venosa o linfedema son más frecuentes en verano.


Esto confirma que el sistema vascular es altamente termosensible y que el cambio climático ya tiene consecuencias clínicas visibles.

¿Qué podemos hacer ante esta nueva realidad climática?
1. Adaptar la prevención al climaYa no basta con dar recomendaciones estacionales tradicionales. Hay que:
  • Beber más agua incluso sin sed

  • Usar medias de compresión todo el año si hay indicación

  • Evitar la exposición prolongada al calor o al frío

  • Hacer pausas activas en casa si el clima impide salir

  • Controlar estrictamente la presión arterial en cambios de estación

2. Educar al paciente vascular
Es fundamental que las personas con patología venosa o arterial entiendan cómo responde su cuerpo al clima y qué síntomas no deben ignorar: pesadez que no cede, edema anómalo, cambios de color en extremidades, etc.
3. Valorar el impacto ambiental en cada diagnóstico
En consulta, cada vez es más importante preguntar por la exposición térmica del paciente: si trabaja en exteriores, si tiene mala climatización en casa, si ha viajado a zonas con climas extremos.
El clima ya es un factor clínico más.


Conclusión: el clima cambia… y tu circulación también
No podemos detener el cambio climático desde una consulta, pero sí podemos ayudar a nuestros pacientes a entender cómo afecta a su salud vascular y cómo protegerse ante condiciones extremas.
Porque el calor y el frío no son solo una cuestión de incomodidad: son, cada vez más, desencadenantes silenciosos de eventos vasculares graves.
En la consulta del Dr. Fernando Biguria, la prevención se adapta al clima, y el tratamiento siempre parte del conocimiento individual del paciente y de su entorno.


¿Notas que tus síntomas circulatorios empeoran en verano o invierno? ¿Tienes antecedentes de trombosis o enfermedad arterial y vives en una zona con clima extremo?
Consulta con el Dr. Fernando Biguria para una valoración completa y un plan de cuidado vascular adaptado a ti… y al clima que te rodea.


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