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Pasar varias horas en la playa parece una actividad completamente inofensiva para la circulación. Sin embargo, permanecer mucho tiempo sentado en una silla baja, tumbado sin cambiar de posición o con las piernas flexionadas puede favorecer la sensación de pesadez, la hinchazón y otras molestias venosas.
El problema no está en ir a la playa, sino en combinar inmovilidad, determinadas posturas y altas temperaturas durante varias horas. Estos factores pueden dificultar el retorno venoso, especialmente en personas que ya tienen varices, insuficiencia venosa, antecedentes de trombosis o predisposición a sufrir problemas circulatorios. Conocer cómo responde el sistema venoso permite disfrutar de la playa sin renunciar al descanso, pero incorporando pequeños movimientos y cambios posturales que ayuden a proteger las piernas. ¿Qué es el retorno venoso y por qué depende del movimiento? El retorno venoso es el proceso mediante el cual la sangre regresa desde las extremidades hasta el corazón. En las piernas, este recorrido se realiza en contra de la gravedad, por lo que el organismo necesita varios mecanismos para impulsarla hacia arriba. Las válvulas situadas en el interior de las venas evitan que la sangre retroceda. Al mismo tiempo, la contracción de los músculos de las pantorrillas actúa como una bomba que comprime las venas y facilita el ascenso de la sangre. Cada paso, movimiento del tobillo o contracción del gemelo contribuye a activar este mecanismo. Cuando permanecemos inmóviles durante mucho tiempo, la bomba muscular pierde actividad y la sangre puede acumularse temporalmente en las extremidades inferiores. Esta situación puede manifestarse mediante hinchazón en los tobillos, sensación de presión, calor, pesadez o cansancio en las piernas. Cómo afectan las sillas bajas a la circulación de las piernas Las sillas de playa suelen situar las caderas muy cerca del suelo. Esto obliga a mantener las rodillas y las ingles bastante flexionadas, especialmente en personas altas o con poca movilidad. Una postura que limita el movimiento Cuanto más baja es la silla, más difícil resulta cambiar de posición, estirar las piernas o levantarse con frecuencia. La postura puede mantenerse durante horas casi sin que la persona sea consciente del tiempo transcurrido. La flexión mantenida de las rodillas no bloquea por sí sola la circulación, pero puede contribuir a reducir la movilidad de los tobillos y las pantorrillas. Si las piernas permanecen quietas, la bomba muscular trabaja menos y aumenta la acumulación de sangre y líquido en las zonas inferiores. También es habitual apoyar el borde de la silla detrás de las rodillas o mantener las piernas cruzadas. Esa presión localizada puede incrementar la incomodidad y favorecer el adormecimiento o la sensación de congestión. El momento de levantarse también cuenta Una silla demasiado baja puede dificultar el gesto de incorporarse, sobre todo en personas mayores, pacientes con problemas articulares o personas con poca fuerza en las piernas. Cuando levantarse requiere demasiado esfuerzo, tendemos a hacerlo con menos frecuencia. Así, lo que debía ser un descanso breve puede terminar convirtiéndose en un periodo prolongado de inmovilidad. Elegir una silla algo más alta y estable facilita los cambios posturales y anima a caminar con mayor frecuencia. ¿Las hamacas son mejores para el retorno venoso? Tumbarse con las piernas extendidas puede resultar más cómodo que permanecer sentado en una silla baja. Además, si las piernas quedan ligeramente elevadas, la gravedad puede favorecer el retorno de la sangre hacia el corazón. Sin embargo, una hamaca tampoco elimina el problema si se permanece inmóvil durante varias horas. Tumbarse no sustituye al movimiento El descanso horizontal puede aliviar temporalmente la pesadez y la hinchazón, pero la musculatura de las pantorrillas sigue necesitando activarse. Mover los tobillos, flexionar los pies o levantarse periódicamente ayuda a mantener el flujo sanguíneo. También conviene vigilar que el borde de la hamaca no ejerza una presión excesiva detrás de las rodillas o sobre la parte posterior de los muslos. La mejor postura no es una posición concreta mantenida durante todo el día. La opción más favorable para la circulación es alternar: sentarse, tumbarse, caminar y mover las piernas con regularidad. Calor, inmovilidad y varices: una combinación incómoda Durante el verano, las altas temperaturas provocan vasodilatación. Los vasos sanguíneos aumentan su diámetro para ayudar al cuerpo a liberar calor, pero este mecanismo puede dificultar el retorno venoso. En personas con varices o insuficiencia venosa, el calor puede intensificar síntomas como: Hinchazón en tobillos y pies La acumulación de sangre y líquido suele hacerse más visible al final del día o después de varias horas en la misma postura. Sensación de piernas pesadas El aumento de la presión venosa puede generar cansancio, tensión o la necesidad constante de cambiar de posición. Mayor visibilidad de las venas Las venas superficiales pueden dilatarse con el calor y hacerse más evidentes, aunque su aspecto puede volver a reducirse cuando baja la temperatura. Picor o sensación de calor en la piel Las personas con insuficiencia venosa también pueden percibir molestias cutáneas, tirantez o picor, especialmente si la piel está seca o expuesta al sol durante mucho tiempo. El calor no crea por sí solo una enfermedad venosa, pero sí puede hacer más evidentes y molestos los síntomas de un problema ya existente. Quién debe prestar especial atención en la playa Cualquier persona puede notar cansancio o hinchazón después de varias horas inmóvil. No obstante, hay perfiles que deben cuidar especialmente la postura y el movimiento: ● Personas con varices o insuficiencia venosa diagnosticada. ● Pacientes con antecedentes de trombosis venosa. ● Personas mayores o con movilidad reducida. ● Mujeres embarazadas. ● Personas con obesidad. ● Pacientes sometidos recientemente a una intervención. ● Personas que toman determinados tratamientos hormonales. ● Quienes presentan antecedentes familiares de enfermedad venosa. En estos casos, la prevención debe adaptarse a la situación clínica de cada paciente. Las medias de compresión, por ejemplo, pueden estar indicadas en determinadas circunstancias, pero deben utilizarse siguiendo las recomendaciones de un profesional. Cómo cuidar la circulación durante un día de playa Disfrutar de varias horas junto al mar no tiene por qué convertirse en un problema para las piernas. Algunos hábitos sencillos ayudan a mantener activo el retorno venoso. Levantarse con frecuencia Conviene cambiar de postura y caminar unos minutos de forma periódica. No es necesario hacer ejercicio intenso: basta con levantarse, acercarse a la orilla o dar un paseo corto. Caminar por la orilla El movimiento de las piernas activa la bomba muscular de las pantorrillas. Además, caminar con el agua a una altura moderada puede aportar una ligera presión externa y una sensación refrescante. Debe hacerse con precaución si existen problemas de equilibrio, heridas en los pies, diabetes o enfermedad arterial. Mover tobillos y pies Desde la silla o la hamaca pueden realizarse movimientos sencillos: levantar y bajar los talones, dibujar círculos con los tobillos o alternar la flexión y extensión de los pies. Estos gestos ayudan a activar la musculatura sin necesidad de abandonar el sitio. Mantener una buena hidratación El calor y la sudoración aumentan la pérdida de líquidos. Beber agua regularmente ayuda a mantener un volumen sanguíneo adecuado y evita la deshidratación. Evitar la exposición prolongada al sol Buscar la sombra durante las horas de mayor temperatura reduce el estrés térmico y puede limitar el empeoramiento de las molestias venosas. No cruzar las piernas durante mucho tiempo Cruzar las piernas ocasionalmente no suele representar un problema, pero mantener esa posición durante periodos prolongados limita el movimiento y puede aumentar la sensación de presión. Señales que no deben atribuirse únicamente al calor La hinchazón leve y simétrica en ambas piernas puede aparecer después de un día caluroso y sedentario. Sin embargo, existen síntomas que requieren una valoración médica. Una pierna claramente más hinchada que la otra, dolor persistente en la pantorrilla, enrojecimiento o un aumento localizado de temperatura pueden ser señales de una trombosis venosa profunda. Si además aparece dificultad para respirar, dolor en el pecho, mareo o sensación de falta de aire, se debe acudir inmediatamente a urgencias. También es recomendable solicitar una valoración vascular si la hinchazón se repite con frecuencia, las varices aumentan, aparecen cambios en la piel o la pesadez empieza a interferir con la actividad cotidiana. Conclusión: descansar sin dejar inmóvil la circulación Las sillas bajas y las hamacas no son perjudiciales por sí mismas. El problema aparece cuando se combinan una postura poco favorable, muchas horas de inmovilidad y temperaturas elevadas. Alternar posiciones, caminar, mover los tobillos, hidratarse y evitar el calor más intenso son medidas sencillas que ayudan a mantener activo el retorno venoso durante un día de playa. Descansar también puede ser compatible con cuidar la circulación. La clave está en no dejar que las piernas pasen toda la jornada de vacaciones trabajando contra la gravedad sin ninguna ayuda. Cuando la pesadez, la hinchazón o las varices se convierten en algo habitual, una valoración con el Dr. Fernando Biguria permite conocer el estado real del sistema venoso y establecer las medidas más adecuadas para cada caso.
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Durante los meses de calor es frecuente escuchar un consejo que ha pasado de generación en generación: "termina la ducha con agua fría en las piernas".
Muchas personas aseguran notar alivio inmediato, especialmente si sufren pesadez, hinchazón o varices. Pero ¿hasta qué punto este hábito tiene un beneficio real? ¿Puede mejorar la circulación? ¿Es suficiente para tratar un problema venoso? La respuesta es que las duchas frías pueden convertirse en un buen aliado para aliviar síntomas, pero no sustituyen un diagnóstico ni un tratamiento cuando existe una enfermedad vascular. En este artículo, el Dr. Fernando Biguria explica qué efecto produce el agua fría sobre el sistema circulatorio, cuándo está recomendada y en qué situaciones conviene no confiar únicamente en este recurso. ¿Qué ocurre en las venas cuando hace calor? Las venas son vasos sanguíneos con paredes más flexibles que las arterias. Durante el verano, las altas temperaturas provocan una vasodilatación fisiológica, es decir, un aumento del diámetro de los vasos sanguíneos. Este fenómeno dificulta el retorno de la sangre hacia el corazón, especialmente en las piernas, donde la circulación ya trabaja contra la gravedad. Como consecuencia, es habitual experimentar: ● Sensación de piernas pesadas. ● Hinchazón en tobillos y pies. ● Mayor visibilidad de las varices. ● Fatiga al caminar o permanecer de pie. ● Sensación de calor en las piernas. Es precisamente en este contexto donde las duchas frías pueden aportar alivio. ¿Cómo actúa el agua fría sobre la circulación? La aplicación de agua fría produce el efecto contrario al calor: provoca una vasoconstricción temporal, es decir, una disminución del diámetro de los vasos sanguíneos. Este cambio favorece que la sangre circule con mayor eficacia durante un periodo corto de tiempo y ayuda a reducir la sensación de congestión venosa. Beneficios que puede aportar Una ducha fresca en las piernas puede ayudar a: ● Disminuir la sensación de pesadez. ● Reducir la inflamación leve. ● Aliviar la sensación de calor en las piernas. ● Mejorar el confort tras muchas horas de pie. ● Favorecer la recuperación después de una jornada intensa.Por este motivo, muchas personas con insuficiencia venosa encuentran alivio al finalizar el día con agua fresca sobre las piernas. ¿Cuál es la forma correcta de aplicarla? No es necesario utilizar agua extremadamente fría ni soportar temperaturas incómodas. Lo más recomendable es: Aplicar el agua de abajo hacia arriba Dirigir el chorro desde los tobillos hacia las rodillas y, posteriormente, hacia los muslos favorece el retorno venoso siguiendo el recorrido natural de la circulación. Mantener unos segundos en cada pierna No hace falta prolongar la aplicación durante varios minutos. Unos segundos por cada zona suelen ser suficientes para obtener el efecto deseado. Incorporarlo como hábito Las duchas frías no producen beneficios permanentes. Su utilidad aparece cuando se convierten en una rutina, especialmente durante los meses más calurosos. Cuándo las duchas frías no son suficientes Aunque alivian los síntomas, es importante entender que no corrigen el problema que los provoca. Si existe una insuficiencia venosa, unas válvulas venosas deterioradas o unas varices avanzadas, el agua fría únicamente reduce las molestias de forma temporal. La enfermedad continúa evolucionando si no se aborda adecuadamente. Señales de que conviene consultar Si aparecen alguno de estos síntomas de forma repetida, es recomendable realizar una valoración vascular: ● Varices cada vez más visibles. ● Hinchazón diaria. ● Dolor persistente. ● Cambios en la piel de las piernas. ● Picor frecuente. ● Calambres nocturnos. ● Sensación constante de pesadez. En estos casos, limitarse a las duchas frías puede retrasar un diagnóstico que permitiría actuar antes y con mejores resultados. Otras medidas que ayudan a mejorar la circulación Las duchas frías son una herramienta más, pero funcionan mejor cuando se acompañan de hábitos saludables. Mantenerse activo Caminar diariamente activa la musculatura de las piernas y favorece el retorno venoso. Evitar largas horas en la misma postura Si el trabajo obliga a permanecer sentado o de pie durante mucho tiempo, conviene cambiar de posición y mover las piernas con frecuencia. Hidratarse correctamente Una buena hidratación favorece una circulación más eficiente, especialmente durante el verano. Elevar las piernas al descansar Descansar con las piernas ligeramente elevadas facilita el retorno de la sangre hacia el corazón. Utilizar medias de compresión cuando estén indicadas En pacientes con insuficiencia venosa, las medias prescritas por un especialista siguen siendo una de las medidas más eficaces para controlar los síntomas y ralentizar la progresión de la enfermedad. ¿Quién obtiene más beneficio? Las duchas frías suelen ser especialmente útiles en: ● Personas con sensación habitual de piernas pesadas. ● Pacientes con varices leves o moderadas. ● Trabajadores que permanecen muchas horas de pie. ● Personas que practican ejercicio físico en verano. ● Quienes pasan largos periodos caminando durante las vacaciones.No obstante, siempre deben entenderse como una medida de alivio y no como un tratamiento definitivo. Conclusión: un buen hábito, pero no una solución completa Las duchas frías en las piernas pueden ser una excelente forma de aliviar la sensación de pesadez y mejorar el confort durante los meses de calor. Son sencillas, accesibles y ayudan a que la circulación venosa trabaje en mejores condiciones de manera temporal. Sin embargo, cuando las molestias son frecuentes, aparecen varices o los síntomas progresan, es importante no conformarse con aliviar las consecuencias. Lo verdaderamente importante es identificar la causa. Una valoración vascular permite conocer el estado real de las venas y decidir si basta con medidas conservadoras o si es recomendable iniciar un tratamiento específico. Porque cuidar la circulación no consiste solo en sentirse mejor hoy, sino en proteger la salud de las piernas a largo plazo. Cada verano, miles de personas recorren cientos de kilómetros por carretera para disfrutar de sus vacaciones.
Es habitual planificar la ruta, revisar el vehículo o preparar el equipaje, pero existe un aspecto que suele pasar desapercibido: el impacto que un viaje largo en coche puede tener sobre la circulación. Cuando hablamos de trombosis o problemas venosos durante los desplazamientos, casi siempre pensamos en los vuelos de larga distancia. Sin embargo, permanecer muchas horas sentado en un coche puede generar un riesgo muy similar si no se toman las medidas adecuadas. En este artículo, el Dr. Fernando Biguria explica por qué los viajes largos por carretera pueden afectar a la salud vascular y qué hábitos ayudan a proteger las venas durante el trayecto. ¿Por qué viajar muchas horas sentado afecta a la circulación? El sistema venoso de las piernas necesita movimiento para funcionar correctamente. Cada vez que caminamos, los músculos de la pantorrilla actúan como una auténtica "bomba" que impulsa la sangre hacia el corazón. Cuando permanecemos sentados durante varias horas, especialmente con las rodillas flexionadas y apenas movimiento, ese mecanismo pierde eficacia. Como consecuencia: ● El retorno venoso se ralentiza. ● La sangre tiende a acumularse en las piernas. ● Aumenta la presión dentro de las venas. ● Se favorece la aparición de hinchazón y sensación de pesadez.En personas con factores de riesgo, esta situación puede favorecer incluso la formación de un trombo. ¿Qué ocurre exactamente durante un viaje largo? Aunque el coche permita realizar paradas cuando se desee, lo cierto es que muchas personas pasan entre cuatro y ocho horas prácticamente inmóviles. Durante ese tiempo se producen varios cambios fisiológicos. Disminuye el retorno venoso La inmovilidad reduce la acción de los músculos de las piernas, fundamentales para impulsar la sangre de regreso al corazón. El resultado es un flujo venoso más lento y una mayor acumulación sanguínea en las extremidades inferiores. Aumenta la presión dentro de las venas Permanecer sentado durante mucho tiempo incrementa la presión venosa, especialmente en personas que ya presentan insuficiencia venosa o varices. Por eso muchas personas llegan a su destino con: ● Tobillos hinchados. ● Sensación de piernas pesadas. ● Molestias al caminar tras bajarse del vehículo. La deshidratación también influye En verano es frecuente beber menos agua de la necesaria durante el viaje para evitar hacer paradas frecuentes. Sin embargo, la deshidratación hace que la sangre sea más viscosa, dificultando aún más la circulación y aumentando el riesgo de trombosis en personas predispuestas. ¿Quién tiene más riesgo? No todas las personas presentan el mismo riesgo vascular durante un viaje largo. Conviene extremar las precauciones cuando existen factores como: ● Antecedentes personales de trombosis. ● Varices importantes. ● Insuficiencia venosa crónica. ● Obesidad. ● Embarazo. ● Tratamientos hormonales. ● Edad avanzada. ● Cirugía reciente. ●Enfermedades oncológicas. En estos pacientes, un desplazamiento prolongado debería ir acompañado de medidas preventivas específicas. ¿Cómo reducir el riesgo durante un viaje por carretera? La buena noticia es que la mayoría de los problemas vasculares asociados a los viajes pueden prevenirse con medidas muy sencillas. Realiza paradas frecuentes Lo recomendable es detenerse aproximadamente cada dos horas. No basta con bajar del coche unos minutos. Lo ideal es caminar entre cinco y diez minutos para activar la musculatura de las piernas y favorecer el retorno venoso. Mantente hidratado Beber agua durante todo el trayecto ayuda a mantener una adecuada viscosidad sanguínea. Es preferible hacerlo en pequeñas cantidades de forma continua que esperar a tener sed. Evita cruzar las piernas Cruzar las piernas durante mucho tiempo puede dificultar todavía más el retorno venoso. Siempre que sea posible, conviene mantener ambas piernas apoyadas y cambiar ligeramente de posición de forma periódica. Activa los músculos mientras conduces o viajas Incluso sentado es posible realizar pequeños ejercicios: ● Flexionar y extender los tobillos. ● Levantar ligeramente los talones. ● Contraer y relajar los músculos de las pantorrillas.Son movimientos discretos que ayudan a mantener activa la circulación. Utiliza medias de compresión cuando estén indicadas En personas con insuficiencia venosa o antecedentes de trombosis, las medias de compresión pueden convertirse en un gran aliado durante los desplazamientos largos. Eso sí, deben ser prescritas por un profesional, ya que no todas ejercen el mismo nivel de compresión ni están indicadas para cualquier paciente. Señales que no deben ignorarse después del viaje Es normal notar cierta rigidez al bajarse del coche tras varias horas de viaje. Sin embargo, existen síntomas que requieren valoración médica cuanto antes. Consulta si aparecen: ● Hinchazón importante de una sola pierna. ● Dolor intenso en la pantorrilla. ● Enrojecimiento localizado. ● Sensación de calor en una extremidad. ● Dificultad para respirar o dolor torácico tras el viaje.Aunque estos casos son poco frecuentes, pueden indicar una trombosis venosa profunda o una complicación asociada que requiere atención inmediata. ¿Y si ya tienes varices? Las personas con varices suelen notar un empeoramiento de los síntomas durante los viajes largos. La inmovilidad favorece que las venas ya debilitadas acumulen todavía más sangre, aumentando la sensación de pesadez y la inflamación. Por ello es especialmente importante: ● Planificar paradas. ● Caminar siempre que sea posible. ● Mantener una buena hidratación. ● Utilizar las medias de compresión si el especialista las ha recomendado.Estas medidas pueden hacer que el viaje resulte mucho más cómodo y reducir el riesgo de complicaciones. Conclusión: disfrutar del viaje también pasa por cuidar la circulación Cuando pensamos en la prevención vascular solemos fijarnos en el ejercicio, la alimentación o el control del colesterol. Sin embargo, los viajes largos por carretera también forman parte de esas situaciones cotidianas que pueden poner a prueba nuestro sistema venoso. La inmovilidad prolongada, la deshidratación y las altas temperaturas propias del verano crean el escenario perfecto para que aparezcan molestias circulatorias e, incluso, problemas más importantes en personas predispuestas. La buena noticia es que prevenir está al alcance de todos. Caminar unos minutos durante las paradas, mantenerse hidratado y escuchar las señales del cuerpo son gestos sencillos que ayudan a proteger la salud vascular. Y si existen antecedentes de enfermedad venosa, varices o trombosis, una valoración previa con un especialista puede ser la mejor manera de viajar con tranquilidad. Porque unas vacaciones empiezan cuando llegas a tu destino... pero también cuando cuidas de tu circulación durante el camino. Cuando la tensión emocional también deja huella en el sistema vascular
Todos sabemos que el estrés afecta el cuerpo: trastornos del sueño, tensión muscular, digestiones pesadas… Pero uno de sus impactos más silenciosos y peligrosos es el que ejerce sobre nuestras arterias y venas. Aunque no lo veas ni lo sientas de inmediato, el estrés crónico tiene una profunda influencia sobre la salud vascular. Afecta la presión arterial, favorece la inflamación y altera la función del endotelio (la capa interna de los vasos sanguíneos). Es, en muchos casos, el detonante invisible de enfermedades que parecían tener otra causa. En este artículo, el Dr. Biguria analiza cómo actúa el estrés sobre el sistema circulatorio, qué signos deben alertarte y cómo empezar a proteger tus vasos… también desde lo emocional. ¿Qué es el estrés crónico y cómo afecta al cuerpo? El estrés agudo —como el que sentimos ante una emergencia puntual— es una respuesta normal y adaptativa. Activa el sistema nervioso simpático, aumenta el ritmo cardíaco y libera hormonas como el cortisol y la adrenalina. El problema comienza cuando esta activación se mantiene en el tiempo, día tras día, sin descanso ni recuperación. Eso es el estrés crónico: una sobrecarga sostenida del sistema nervioso que mantiene al cuerpo en un estado de alerta permanente. Este estado prolongado tiene consecuencias fisiológicas directas sobre el sistema vascular: ● Aumento sostenido de la presión arterial ● Endurecimiento y estrechamiento de las arterias ● Disfunción endotelial (pérdida de elasticidad y respuesta de los vasos) ● Mayor riesgo de trombosis ● Alteración de la frecuencia cardíaca ● Incremento de la inflamación sistémica Arterias bajo presión: estrés e hipertensión Una de las consecuencias más directas del estrés crónico es el aumento persistente de la presión arterial. Las hormonas del estrés provocan vasoconstricción (estrechamiento de los vasos) y aumentan la resistencia al flujo sanguíneo. Con el tiempo, esta presión constante: ● Daña la capa interna de las arterias (endotelio) ● Aumenta el riesgo de microlesiones que favorecen la formación de placas ● Favorece el engrosamiento de las paredes arteriales ● Dispara el riesgo de enfermedades como infarto, ictus o enfermedad arterial periféricaEl estrés no solo genera tensión emocional. También endurece las arterias, y con ello, el corazón trabaja más y peor. Venas y retorno venoso: cómo se ven afectadas Aunque el impacto sobre las arterias es más estudiado, el estrés también afecta al sistema venoso. En estados de estrés crónico: ● La circulación se vuelve más superficial, con menor retorno profundo ● Se altera el tono venoso, favoreciendo la dilatación y estancamiento de la sangre ● Aumenta el riesgo de pesadez, edema y aparición de varices ● Se favorece la hipercoagulabilidad, elevando el riesgo de trombosis venosa en personas predispuestasAdemás, el estrés suele venir acompañado de sedentarismo, malos hábitos alimentarios y peor descanso, lo cual agrava aún más estos efectos. El papel de la inflamación crónica Una de las claves más recientes en la relación entre estrés y enfermedad vascular es la inflamación sistémica de bajo grado. El estrés crónico altera el equilibrio del sistema inmunológico, generando una respuesta inflamatoria sostenida que daña los vasos a nivel microscópico. Esa inflamación: ● Facilita la formación de placas de ateroma ● Favorece la agregación de plaquetas (más riesgo de coágulos) ● Dificulta la regeneración del tejido vascular ● Puede incluso contribuir al deterioro de válvulas venosasEsto explica por qué personas con niveles altos de estrés presentan mayor rigidez arterial, peor recuperación vascular tras intervenciones y peor respuesta a tratamientos. ¿Cómo saber si el estrés está afectando tu salud vascular? Aunque no siempre hay síntomas específicos, hay señales que deben encender las alarmas si coinciden con situaciones de estrés mantenido: ● Tensión arterial difícil de controlar ● Aumento de la sensación de fatiga o falta de aire ● Dolor en las piernas al caminar o pesadez constante ● Aparición de varices o edema sin causa aparente ● Cefaleas, visión borrosa o zumbidos ● Alteraciones en el ritmo cardíaco (palpitaciones, taquicardias)Si estás atravesando un periodo prolongado de estrés y presentas alguno de estos signos, conviene realizar una evaluación vascular completa. ¿Cómo proteger tus venas y arterias del estrés? La clave está en un abordaje integral: cuerpo y mente. No basta con tomar medicación si el estilo de vida continúa dañando los vasos. Algunas estrategias efectivas incluyen: ● Incorporar técnicas de manejo del estrés: respiración, meditación, mindfulness ● Realizar actividad física regular (mejor si es aeróbica y moderada) ● Dormir entre 7 y 8 horas de calidad ● Reducir el consumo de ultraprocesados y aumentar alimentos antiinflamatorios ● Evaluar de forma periódica tu presión arterial, función vascular y salud emocional ● Buscar ayuda profesional si el estrés interfiere con tu calidad de vida Conclusión: el estrés también deja cicatrices en tus vasos El estrés crónico no es solo una carga emocional: es un factor de riesgo vascular de primer nivel. Afecta tu corazón, tus arterias, tus venas… incluso antes de que aparezcan los síntomas. Por eso, en consulta, el Dr. Biguria no solo evalúa las imágenes o los pulsos. También escucha, analiza el contexto y propone soluciones integrales. Porque prevenir enfermedades vasculares también implica cuidar cómo vivimos. Piernas hinchadas, sensación de pesadez, marcas en los calcetines al final del día… Son síntomas muy comunes, pero también generan una duda frecuente: ¿es retención de líquidos o un problema de circulación venosa? Ambas situaciones pueden parecer similares, pero no tienen el mismo origen ni el mismo tratamiento. Confundirlas puede hacer que el problema real no se aborde correctamente. En este artículo, el Dr. Fernando Biguria explica cómo diferenciar la retención de líquidos de la insuficiencia venosa, qué señales debes observar y cuándo conviene realizar una valoración vascular. ¿Qué es la retención de líquidos? La retención de líquidos, también conocida como edema, se produce cuando el organismo acumula exceso de líquido en los tejidos. Este fenómeno puede estar relacionado con múltiples causas:
¿Qué es un problema venoso? Un problema venoso, como la insuficiencia venosa crónica, ocurre cuando las venas no son capaces de devolver la sangre de forma eficiente al corazón. Esto provoca que la sangre se acumule en las piernas, generando presión y síntomas como:
Principales diferencias entre retención de líquidos y problema venoso Aunque ambos pueden provocar hinchazón, existen claves claras para diferenciarlos. Localización de la hinchazón
Momento en el que aparece
Relación con la postura
Signos visibles
Sensación asociada
El test de la presión: una pista útil Una forma sencilla de orientarse es presionar suavemente la zona hinchada con el dedo. ¿Qué ocurre al presionar?
¿Pueden coexistir ambos problemas? Sí, y es bastante habitual. Una persona puede tener:
Factores que favorecen cada uno Retención de líquidos
Problema venoso
Cuándo acudir a un especialista Aunque la hinchazón sea leve, hay situaciones en las que conviene consultar: Señales de alerta
Qué puedes hacer para mejorar ambos cuadros Aunque el tratamiento depende del origen, hay medidas que ayudan en ambos casos: Recomendaciones generales
Conclusión: entender el origen es clave para tratar bien La hinchazón en las piernas no siempre tiene la misma causa. Diferenciar entre retención de líquidos y problema venoso es fundamental para aplicar el tratamiento correcto. Mientras que uno tiene un origen más general, el otro implica una alteración directa del sistema circulatorio. Escuchar al cuerpo, observar los síntomas y consultar a tiempo permite actuar de forma precisa y evitar que el problema evolucione. Porque no todo edema es venoso… pero cuando lo es, conviene detectarlo cuanto antes. La ropa ajustada forma parte del día a día: pantalones ceñidos, prendas deportivas de compresión, fajas, medias… Pero surge una duda frecuente en consulta: ¿puede la ropa ajustada afectar a la circulación y perjudicar la salud de nuestras venas? La respuesta no es tan simple como un sí o un no. Depende del tipo de prenda, del tiempo de uso y, sobre todo, de la situación vascular de cada persona. En este artículo, el Dr. Fernando Biguria analiza cómo influye la ropa ajustada en la circulación, cuándo puede ser un problema y en qué casos incluso puede resultar beneficiosa. Cómo funciona la circulación venosa en las piernas Para entender el impacto de la ropa, primero hay que comprender cómo funciona el sistema venoso. Las venas de las piernas tienen la función de llevar la sangre de vuelta al corazón, trabajando en contra de la gravedad. Para ello, dependen de:
¿Qué ocurre cuando la ropa es demasiado ajustada? No toda la ropa ajustada es perjudicial, pero hay situaciones en las que puede interferir con la circulación. Compresión localizada y mal distribuidaAlgunas prendas ejercen presión en zonas concretas como:
Esto puede traducirse en:
Restricción del retorno venoso La compresión excesiva en puntos clave del sistema venoso puede actuar como una barrera parcial al flujo sanguíneo. Por ejemplo:
¿Puede provocar varices o problemas circulatorios? La ropa ajustada por sí sola no es la causa principal de varices o insuficiencia venosa. Sin embargo, sí puede actuar como factor agravante en determinados casos. Factores que aumentan el riesgo
Ropa de compresión: cuando la presión es beneficiosa Aquí es importante diferenciar entre ropa ajustada y ropa de compresión médica. ¿Qué son las medias de compresión? Las medias de compresión están diseñadas específicamente para mejorar el retorno venoso, aplicando una presión controlada y progresiva:
Beneficios de la compresión adecuada Cuando están bien indicadas por un profesional, las medias de compresión pueden:
Qué prendas conviene vigilar Algunas prendas pueden ser problemáticas si se usan de forma prolongada o en contextos inadecuados: Ropa a evitar o usar con moderación
Señales de alerta que no debes ignorar Si usas ropa ajustada con frecuencia, es importante observar cómo responde tu cuerpo. Síntomas a tener en cuenta
Recomendaciones para cuidar tu circulación No es necesario renunciar a la ropa ajustada, pero sí usarla con criterio. Hábitos que ayudan a proteger tus venas
Conclusión: no es la ropa, es cómo y cuánto la usas La ropa ajustada no es un problema en sí misma, pero puede influir en la circulación si se utiliza de forma prolongada o sin tener en cuenta la salud vascular individual. En personas con predisposición o problemas venosos, prestar atención a este detalle puede marcar la diferencia entre una circulación fluida y una sintomatología persistente. La clave está en el equilibrio, la observación y la prevención. Ante cualquier duda o síntoma, una valoración vascular permite entender el origen del problema y actuar a tiempo. Muchas personas acuden a consulta describiendo una sensación difícil de explicar: incomodidad en las piernas, necesidad de moverlas, pesadez o incluso pequeños calambres.
Y la duda es siempre la misma: ¿es un problema de circulación o algo neurológico? El síndrome de piernas inquietas y la insuficiencia venosa pueden compartir síntomas similares, pero no tienen el mismo origen ni el mismo tratamiento. Confundirlos es más frecuente de lo que parece, y puede retrasar el diagnóstico correcto. En este artículo, el Dr. Fernando Biguria explica cómo diferenciarlos, qué señales deben alertar y cuándo es recomendable una valoración vascular. ¿Qué es el síndrome de piernas inquietas? El síndrome de piernas inquietas (SPI) es un trastorno neurológico caracterizado por una necesidad irresistible de mover las piernas, generalmente acompañada de sensaciones incómodas. Estas sensaciones suelen describirse como:
¿Qué es la insuficiencia venosa? La insuficiencia venosa es un problema circulatorio en el que las venas tienen dificultad para devolver la sangre desde las piernas al corazón. Esto ocurre cuando las válvulas venosas no funcionan correctamente y la sangre se acumula en las extremidades inferiores. Síntomas típicos de origen venoso
Principales diferencias entre piernas inquietas y problema vascular Aunque pueden parecer similares, existen claves claras para diferenciarlos. Momento en el que aparecen
¿Pueden coexistir ambos problemas? Sí, y es más habitual de lo que parece. Un paciente puede tener insuficiencia venosa leve y síndrome de piernas inquietas al mismo tiempo, lo que complica el diagnóstico si no se realiza una evaluación adecuada. Por eso es importante no quedarse solo con la descripción de los síntomas, sino analizar el contexto completo. Factores que pueden favorecer cada uno En el síndrome de piernas inquietas
Cuándo sospechar un problema vascularHay señales que orientan claramente hacia una causa circulatoria: Señales de alerta vascular
La importancia de un diagnóstico correcto Confundir ambos cuadros puede llevar a tratamientos inadecuados:
Qué hacer si tienes síntomas en las piernas Si notas molestias frecuentes en las piernas, lo más importante es observar:
En consulta, el Dr. Biguria realiza una evaluación completa que permite distinguir entre causas vasculares y no vasculares, y plantear el tratamiento más adecuado en cada caso. Conclusión: no todo es circulación… pero tampoco hay que descartarla Las molestias en las piernas son frecuentes, pero no siempre tienen el mismo origen. Diferenciar entre un problema neurológico y uno vascular es clave para actuar correctamente. Escuchar al cuerpo, observar los síntomas y consultar a tiempo permite evitar errores y mejorar el bienestar desde el inicio. Porque a veces, lo que parece una simple incomodidad… es una señal que conviene entender. Cuando hablamos de salud vascular, solemos pensar en ejercicio, colesterol o presión arterial. Sin embargo, existe un hábito simple que muchas veces se pasa por alto y que tiene un impacto directo en la circulación: la hidratación. Beber suficiente agua no solo ayuda a mantener el equilibrio del organismo, sino que también juega un papel fundamental en la fluidez de la sangre, el funcionamiento del sistema venoso y la prevención de problemas circulatorios. El cuerpo humano está compuesto en gran parte por agua, y el sistema circulatorio depende de ese equilibrio para transportar oxígeno, nutrientes y hormonas a todos los tejidos. Cuando el nivel de hidratación disminuye, la sangre se vuelve más espesa y el trabajo del sistema vascular se complica. En este artículo, el Dr. Fernando Biguria explica cómo la hidratación influye en la circulación, por qué beber agua protege las venas y qué hábitos pueden ayudarte a mantener una buena salud vascular. La relación entre hidratación y sistema circulatorio El sistema circulatorio funciona como una red de transporte que distribuye sangre por todo el organismo. Para que este sistema funcione correctamente, la sangre debe mantener una viscosidad adecuada, es decir, una consistencia que permita circular con facilidad por arterias, venas y capilares. Cuando el cuerpo está correctamente hidratado, el volumen de plasma —la parte líquida de la sangre— se mantiene estable. Esto permite que la sangre fluya con normalidad y que el corazón no tenga que realizar un esfuerzo excesivo para bombearla. Sin embargo, cuando existe deshidratación, incluso leve, la sangre se vuelve más concentrada y espesa. Este cambio puede dificultar la circulación y aumentar el riesgo de problemas vasculares. Cómo afecta la deshidratación a la circulación La falta de agua en el organismo puede generar varios efectos que afectan directamente al sistema vascular. Aumento de la viscosidad sanguíneaCuando el cuerpo pierde líquidos y no se reponen adecuadamente, el volumen plasmático disminuye. Esto provoca que la sangre sea más densa, lo que dificulta su circulación. Una sangre más espesa aumenta el esfuerzo que debe realizar el corazón para mantener el flujo sanguíneo y puede favorecer la formación de coágulos en personas con factores de riesgo.
Cuando la sangre circula con mayor dificultad, aumenta la probabilidad de que se formen coágulos, especialmente en las venas profundas de las piernas. Este fenómeno es particularmente relevante en situaciones como:
Cuando el cuerpo está deshidratado, puede aumentar la sensación de pesadez en las piernas, hinchazón o fatiga circulatoria, especialmente en personas con predisposición a insuficiencia venosa. La importancia de la hidratación en verano y en personas mayores Existen momentos y perfiles de población en los que la hidratación es especialmente importante para proteger la salud vascular. Temperaturas elevadas El calor provoca vasodilatación y aumenta la pérdida de líquidos a través del sudor. Esto puede favorecer la deshidratación si no se compensa con una ingesta adecuada de agua. Durante los meses de verano, es más frecuente observar síntomas como:
Personas mayores Con la edad, el mecanismo de la sed se vuelve menos eficiente. Muchas personas mayores no perciben la necesidad de beber agua con la misma intensidad que en edades más jóvenes. Esto aumenta el riesgo de deshidratación, lo que puede afectar tanto al sistema vascular como al cardiovascular. Por esta razón, es recomendable prestar especial atención a la hidratación en adultos mayores, incluso cuando no manifiesten sed. Cuánta agua necesita el cuerpo para mantener una buena circulaciónLas necesidades de hidratación pueden variar según la edad, el peso, la actividad física o las condiciones ambientales. Sin embargo, como orientación general, la mayoría de los adultos debería consumir entre 1,5 y 2 litros de agua al día, aumentando esta cantidad en situaciones como:
Consejos para mejorar la hidratación y cuidar la salud vascular Mantener una buena hidratación es un hábito sencillo que puede tener un impacto positivo en la circulación. Algunas recomendaciones prácticas incluyen:
Un gesto simple con gran impacto en tus venas Cuidar la salud vascular no siempre requiere grandes cambios. En muchas ocasiones, hábitos simples como beber suficiente agua pueden marcar una diferencia importante en la circulación. Una buena hidratación ayuda a mantener la sangre fluida, reduce el riesgo de trombosis y mejora el retorno venoso, especialmente en personas con predisposición a problemas circulatorios. Por eso, prestar atención a la hidratación diaria no solo beneficia al organismo en general, sino que también es una forma efectiva de proteger nuestras arterias y venas a largo plazo. Las enfermedades vasculares suelen asociarse a síntomas evidentes como dolor intenso, varices muy visibles o problemas circulatorios graves. Sin embargo, la realidad es que muchas patologías vasculares comienzan con señales leves y fácilmente ignoradas.
El sistema vascular —formado por arterias, venas y capilares— es el encargado de transportar sangre, oxígeno y nutrientes a todo el cuerpo. Cuando algo empieza a fallar, el organismo suele enviar pequeñas señales de alerta mucho antes de que aparezcan complicaciones importantes. Reconocer estos signos tempranos puede marcar la diferencia entre un diagnóstico precoz y una enfermedad vascular avanzada. En este artículo, el Dr. Fernando Biguria explica cuáles son los síntomas iniciales que muchas personas pasan por alto y cuándo conviene acudir a una evaluación vascular. ¿Qué es una enfermedad vascular? Una enfermedad vascular es cualquier alteración que afecta al sistema circulatorio fuera del corazón. Esto incluye problemas en arterias, venas o capilares que dificultan el flujo normal de la sangre. Entre las patologías vasculares más frecuentes encontramos:
Señales tempranas de problemas vasculares Identificar los síntomas iniciales es clave para actuar a tiempo y evitar complicaciones. Pesadez o cansancio en las piernasUna de las señales más comunes es la sensación de piernas pesadas, especialmente al final del día. Muchas personas lo atribuyen simplemente al trabajo o al cansancio acumulado. Sin embargo, este síntoma puede indicar que el retorno venoso no está funcionando correctamente. Cuando las venas tienen dificultad para devolver la sangre hacia el corazón, esta se acumula en las extremidades inferiores, generando esa sensación de fatiga o presión. Hinchazón en tobillos o pies El edema leve en tobillos o pies es otro signo temprano de alteración circulatoria. Suele aparecer al final del día o después de pasar muchas horas sentado o de pie. Aunque puede parecer algo pasajero, la hinchazón recurrente puede indicar:
Aparición de arañas vasculares Las arañas vasculares o telangiectasias son pequeñas venas superficiales visibles bajo la piel. Aunque muchas veces se consideran solo un problema estético, en algunos casos pueden ser la primera señal de que existe una debilidad en el sistema venoso. Su presencia puede indicar que las válvulas venosas comienzan a perder eficacia, lo que favorece la aparición posterior de varices. Cambios de temperatura en las extremidades Sentir las piernas o los pies constantemente fríos, incluso cuando la temperatura ambiente es normal, puede ser un indicador de problemas de circulación arterial. Cuando las arterias no transportan suficiente sangre a las extremidades, los tejidos reciben menos oxígeno y calor, generando esa sensación de frío persistente. Este síntoma debe vigilarse especialmente en personas con factores de riesgo cardiovascular. Hormigueo o sensación de adormecimiento El hormigueo en piernas o pies no siempre está relacionado con problemas neurológicos. En muchos casos puede ser consecuencia de alteraciones en la circulación sanguínea. Cuando el flujo de sangre se reduce o se ralentiza, los tejidos pueden experimentar sensaciones de:
Factores de riesgo que favorecen la enfermedad vascular Además de los síntomas iniciales, existen factores que aumentan la probabilidad de desarrollar problemas vasculares. SedentarismoPasar muchas horas sentado o sin moverse reduce la activación del llamado “corazón periférico”, que son los músculos de las piernas encargados de ayudar al retorno venoso. El sedentarismo es uno de los factores más importantes en la aparición de insuficiencia venosa.
Si existen antecedentes familiares, es recomendable prestar especial atención a las primeras señales.
Además, los cambios hormonales —como embarazo o menopausia— pueden afectar la circulación venosa y favorecer la aparición de problemas vasculares.
Es recomendable acudir a un especialista si aparecen:
Escucha las señales del cuerpo Las enfermedades vasculares no suelen aparecer de forma repentina. En la mayoría de los casos, el cuerpo envía señales tempranas que muchas personas ignoran o consideran normales. Prestar atención a estos síntomas y actuar a tiempo puede prevenir problemas mayores y mejorar la calidad de vida. La salud vascular depende en gran parte de la prevención, el diagnóstico precoz y el seguimiento adecuado. Ante cualquier duda, una valoración especializada puede ayudar a identificar el origen del problema y establecer el tratamiento más adecuado. Cuando la tensión emocional también deja huella en el sistema vascularTodos sabemos que el estrés afecta el cuerpo: trastornos del sueño, tensión muscular, digestiones pesadas… Pero uno de sus impactos más silenciosos y peligrosos es el que ejerce sobre nuestras arterias y venas.
Aunque no lo veas ni lo sientas de inmediato, el estrés crónico tiene una profunda influencia sobre la salud vascular. Afecta la presión arterial, favorece la inflamación y altera la función del endotelio (la capa interna de los vasos sanguíneos). Es, en muchos casos, el detonante invisible de enfermedades que parecían tener otra causa. En este artículo, el Dr. Biguria analiza cómo actúa el estrés sobre el sistema circulatorio, qué signos deben alertarte y cómo empezar a proteger tus vasos… también desde lo emocional. ¿Qué es el estrés crónico y cómo afecta al cuerpo?El estrés agudo —como el que sentimos ante una emergencia puntual— es una respuesta normal y adaptativa. Activa el sistema nervioso simpático, aumenta el ritmo cardíaco y libera hormonas como el cortisol y la adrenalina. El problema comienza cuando esta activación se mantiene en el tiempo, día tras día, sin descanso ni recuperación. Eso es el estrés crónico: una sobrecarga sostenida del sistema nervioso que mantiene al cuerpo en un estado de alerta permanente. Este estado prolongado tiene consecuencias fisiológicas directas sobre el sistema vascular:
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