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Insuficiencia venosa crónica asintomática: cuándo preocuparse aunque no haya síntomas

2/9/2026

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La insuficiencia venosa crónica suele relacionarse con piernas pesadas, edema, dolor, varices visibles o calambres nocturnos. Sin embargo, existe una realidad menos conocida y mucho más peligrosa: puede progresar durante años sin generar síntomas evidentes.
Es lo que se denomina insuficiencia venosa crónica asintomática, una condición frecuente que pasa desapercibida hasta que el daño ya está avanzado.
En otras palabras: las venas pueden estar fallando aunque tú aún no lo notes.

En este artículo, el Dr. Fernando Biguria explica por qué ocurre, a quién afecta, cómo detectarla a tiempo y qué hacer para evitar que una patología silenciosa termine convirtiéndose en un problema serio.


¿Qué es la insuficiencia venosa crónica?
Es una alteración en las venas de las piernas que impide que la sangre fluya adecuadamente de vuelta al corazón.
Se debe, principalmente, a:
  • Pérdida de elasticidad en las paredes venosas
  • Fallo de las válvulas que evitan el reflujo
  • Aumento de la presión venosa sostenida

Este proceso va generando una congestión progresiva que, con el tiempo, puede derivar en varices, edema, pigmentación de la piel, inflamación, eccemas o incluso úlceras venosas.
Pero antes de todo eso… durante años, puede no notarse nada.


¿Por qué puede ser asintomática?
Muchas personas no presentan síntomas en las fases iniciales porque el cuerpo compensa de forma eficaz.
El sistema venoso tiene la capacidad de redistribuir el flujo hacia venas sanas, lo que permite ocultar temporalmente el problema.

Sin embargo, este equilibrio es frágil.
Cuando la enfermedad avanza, esas vías de compensación dejan de ser suficientes y aparecen los síntomas clásicos.

La clave está en que cuando los síntomas aparecen, el daño ya lleva tiempo desarrollándose.


Señales ocultas: lo que no duele también importa
Aunque no haya molestias evidentes, existen signos precoces que deben llamar la atención:
  • Venas reticulares (azuladas, superficiales, pero no dilatadas)
  • Pequeñas arañas vasculares
  • Ligera sensación de temperatura elevada en las piernas
  • Cansancio leve al final del día, fácilmente atribuible al trabajo
  • Marcas del calcetín más pronunciadas de lo habitual
  • Cambios sutiles en la textura de la piel

Ninguno de estos signos es alarmante por sí solo, pero todos son indicios de que la circulación podría no estar funcionando como debería.

Factores de riesgo que hacen más probable una insuficiencia venosa silenciosa
Hay perfiles de pacientes que, incluso sin síntomas, tienen más probabilidades de desarrollar insuficiencia venosa:
  • Antecedentes familiares de varices
  • Profesiones que obligan a estar muchas horas de pie o sentado
  • Sobrepeso u obesidad
  • Embarazos previos
  • Sedentarismo
  • Tabaquismo
  • Personas que ya han tenido trombosis
  • Deportistas que realizan esfuerzos de impacto repetitivo

En estos casos, la enfermedad puede avanzar sin que el paciente note cambios significativos hasta que la patología está avanzada.


¿Cuándo preocuparse aunque no haya síntomas?
La ausencia de dolor no significa ausencia de enfermedad. Hay tres situaciones claras en las que conviene actuar incluso sin molestias:

1. Cuando aparece varicosidad visible, aunque no duela
Las venas visibles no son solo un detalle estético. Son el reflejo de un fallo en el sistema venoso superficial que debe valorarse antes de que derive en problemas mayores.
2. Cuando hay antecedentes familiares
La genética es un factor decisivo. Si tus padres tienen varices, tu probabilidad de desarrollarlas es muy alta, incluso si hoy no sientes nada.
3. Cuando trabajas muchas horas en la misma posición
El sedentarismo y las profesiones estáticas aumentan la presión venosa y favorecen el deterioro valvular. La ausencia de síntomas no significa que las venas estén funcionando bien.


¿Cómo se diagnostica una insuficiencia venosa silenciosa?
La única forma fiable es mediante un estudio con eco-doppler venoso, una prueba no invasiva, rápida y completamente indolora que permite visualizar:
  • Venas dilatadas
  • Fallo valvular
  • Reflujo venoso
  • Áreas de estasis
  • Estado de la red venosa profunda y superficial
Es una herramienta esencial no solo para pacientes con síntomas, sino para aquellos con riesgo elevado, aunque se encuentren bien.


¿Qué ocurre si no se trata?
La insuficiencia venosa crónica es progresiva. No retrocede sola.
Si no se interviene, con el tiempo puede evolucionar hacia:
  • Varices avanzadas
  • Edema crónico
  • Inflamación y dolor
  • Cambios de coloración en la piel
  • Dermatitis o eccemas
  • Úlceras venosas
  • Mayor riesgo de trombosis
Cuanto antes se detecte, más sencillo es tratarla y más se reducen las complicaciones a largo plazo.

Prevención: la mejor herramienta en fases silenciosas
La insuficiencia venosa asintomática se maneja mejor cuando se detecta pronto. Las estrategias recomendadas incluyen:
  • Actividad física regular
  • Rutinas de movilidad si se trabaja sentado o de pie
  • Uso de medias de compresión prescritas por un especialista
  • Control de peso
  • Hidratación adecuada
  • Evitar el calor prolongado en piernas
  • Revisión vascular periódica
Estas medidas pueden frenar el avance de la enfermedad y evitar que dé la cara de forma brusca.​


Que no duela no significa que no exista
La insuficiencia venosa crónica puede desarrollarse sin síntomas durante años, y ese es precisamente el riesgo. Cuando las molestias aparecen, el deterioro ya está hecho.
Por eso, la prevención, el diagnóstico precoz y las revisiones periódicas son claves para proteger las venas antes de que hablen demasiado tarde.
La salud vascular no espera a que duela. Y tú tampoco deberías hacerlo.

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El papel del sueño en la salud vascular: dormir bien también es cuidar tus arterias

10/3/2025

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Dormir no es solo descansar. Mientras dormimos, nuestro cuerpo lleva a cabo tareas fundamentales que afectan directamente a nuestra salud cardiovascular y, en particular, a la salud vascular: reparación de tejidos, regulación hormonal, control de la presión arterial y equilibrio del sistema nervioso autónomo.
​

Numerosos estudios confirman que una mala calidad del sueño está relacionada con un mayor riesgo de hipertensión, trombosis, enfermedad arterial periférica e insuficiencia venosa. En otras palabras: tus arterias y venas también duermen… y lo necesitan.


¿Qué ocurre en tu sistema vascular mientras duermes?
Durante el sueño, especialmente en las fases profundas (NREM), el cuerpo entra en un estado de relajación fisiológica: disminuyen la frecuencia cardíaca, la presión arterial y el tono simpático (es decir, se apaga el “modo alerta”). Este descanso permite:
  • Una mejor oxigenación de los tejidos


  • La autorregulación del endotelio (la capa interna de los vasos)


  • La reparación de microlesiones vasculares


  • La reducción de procesos inflamatorios


Este “mantenimiento nocturno” es clave para mantener arterias flexibles, venas funcionales y una circulación estable. Cuando el sueño falla, todo este proceso se interrumpe.


Dormir mal daña tus vasos: así de claro
1. Fragmentación del sueño y disfunción endotelialLa falta de continuidad en el sueño (despertares frecuentes, insomnio) afecta directamente al endotelio, que regula la dilatación y contracción de los vasos. Cuando el endotelio se altera, se favorecen la inflamación, la rigidez arterial y la formación de placas ateroscleróticas.

2. Apnea del sueño: el gran enemigo silenciosoLa apnea obstructiva del sueño (AOS) es un trastorno frecuente en adultos, especialmente en hombres con sobrepeso. Provoca pausas respiratorias que fragmentan el sueño y generan microdespertares. Cada episodio de apnea eleva bruscamente la presión arterial, genera hipoxia (bajo oxígeno en sangre) y pone en riesgo el sistema vascular. Los pacientes con apnea no tratada tienen más probabilidades de sufrir:
  • Hipertensión resistente


  • Tromboembolismos


  • Infartos


  • Ictus


3. Falta de sueño y mayor riesgo de trombosisDormir menos de 6 horas por noche está asociado con un mayor estado proinflamatorio y hipercoagulabilidad, es decir, una sangre más espesa y propensa a formar coágulos. Esto eleva el riesgo de trombosis venosa profunda (TVP) y embolismo pulmonar, especialmente en personas con otros factores de riesgo (sedentarismo, viajes prolongados, antecedentes familiares).


¿Y qué hay del insomnio crónico o dormir en exceso?
Dormir mal no siempre es dormir poco. Hay personas que pasan muchas horas en la cama, pero no alcanzan las fases de sueño profundo. Este tipo de insomnio crónico mantiene al cuerpo en un estado de estrés fisiológico, con niveles elevados de cortisol y adrenalina, lo que favorece la rigidez arterial y el deterioro del sistema venoso.

Por otro lado, dormir en exceso (más de 9 horas diarias de forma regular) también puede asociarse a problemas vasculares, sobre todo si es síntoma de trastornos respiratorios o metabólicos no diagnosticados.


Recomendaciones para mejorar tu salud vascular desde la almohada
  • 🛌 Duerme entre 7 y 8 horas reales cada noche, idealmente con horarios estables.


  • 🌡️ Mantén una temperatura agradable en la habitación (entre 18–21 °C).


  • 💡 Evita pantallas al menos 1 hora antes de acostarte: la luz azul retrasa la melatonina.


  • 🚫 Reduce el consumo de cafeína, alcohol y cenas copiosas antes de dormir.


  • 🧘 Integra rutinas relajantes previas: lectura, estiramientos suaves, respiración profunda.


  • 🛏️ Consulta con un profesional si roncas fuerte, te despiertas cansado o tienes somnolencia diurna excesiva: podrías tener apnea del sueño.


Dormir bien también salva arterias
Tu cuerpo no descansa por capricho: lo hace para repararse, regularse y protegerse. Si cuidas tu alimentación, haces ejercicio y controlas el estrés… pero no duermes bien, estás dejando fuera una pieza clave en la salud vascular.

La medicina endovascular es cada vez más precisa y menos invasiva, pero la mejor cirugía sigue siendo la prevención. Y empieza cada noche, con los ojos cerrados y el corazón latiendo tranquilo.


¿Notas fatiga, pesadez en las piernas o tensión arterial difícil de controlar? ¿Te han dicho que roncas o duermes mal?
Consulta con el Dr. Fernando Biguria para una evaluación vascular completa y un enfoque de salud que también tenga en cuenta tu descanso.


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¿Tienes predisposición genética a tener varices o trombosis?

10/3/2025

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Algunas personas desarrollan várices o sufren trombosis sin haber tenido factores de riesgo evidentes: no fuman, hacen ejercicio, no tienen sobrepeso… y aun así, un día, aparece la hinchazón, el dolor o el coágulo.
La respuesta, en muchos casos, no está en lo que haces, sino en lo que heredas.
Sí, las enfermedades vasculares también tienen un componente genético. Y conocerlo puede marcar la diferencia entre prevenir… o tratar cuando ya es demasiado tarde.



¿Qué papel juega la genética en las enfermedades venosas?La genética no es una sentencia, pero sí una pista poderosa. En el caso de las várices, se ha comprobado que existe una fuerte predisposición hereditaria: si uno de tus padres las tiene, tu riesgo se multiplica. Si ambos las tienen, ese riesgo puede ser superior al 80%.
En el caso de la trombosis venosa profunda (TVP) o el tromboembolismo pulmonar, existen mutaciones específicas que aumentan la tendencia a formar coágulos, incluso en personas jóvenes o sin antecedentes quirúrgicos.



Principales factores hereditarios implicados🔹 Trombofilias genéticasSon alteraciones genéticas que aumentan la tendencia del cuerpo a coagular más de lo normal. Entre las más frecuentes están:
  • Factor V Leiden: la mutación más común en Europa. Aumenta notablemente el riesgo de trombosis.


  • Mutación en el gen de la protrombina (G20210A)


  • Déficit de antitrombina, proteína C o proteína S


Estas condiciones pueden pasar desapercibidas hasta que un evento trombótico aparece por primera vez… o se repite sin causa aparente.
🔹 Colagenopatías o debilidad estructural venosaEn las várices, la genética suele afectar la estructura de las paredes venosas, que se vuelven más propensas a dilatarse y perder su tono. No se trata solo de mala circulación, sino de una debilidad heredada del propio tejido vascular.



¿Debería hacerme un test genético?No siempre. Pero hay situaciones clínicas donde sí está indicado:
  • Trombosis a edad temprana (menores de 50 años)


  • Trombosis sin causa aparente (no hay cirugías, vuelos largos, embarazos, etc.)


  • Historia familiar directa de trombosis o embolias


  • Abortos recurrentes (puede estar asociado a trombofilias no diagnosticadas)


  • Pacientes que van a someterse a cirugías mayores con antecedentes familiares positivos


Una simple analítica de sangre puede detectar muchas de estas alteraciones. No se trata de crear alarma, sino de conocer tu mapa genético para actuar a tiempo.



¿Qué se puede hacer si tengo predisposición?La clave está en la prevención personalizada. Si tienes antecedentes familiares o un diagnóstico genético confirmado, tu plan de salud vascular debe incluir:
  • Revisión periódica con eco-doppler


  • Uso de medias de compresión si hay insuficiencia venosa incipiente


  • Control de factores modificables: peso, sedentarismo, tabaquismo


  • Prevención específica antes de intervenciones quirúrgicas, vuelos largos o embarazos


  • Anticoagulación profiláctica en situaciones de riesgo (si está indicada)


Conocer tu predisposición no te convierte en paciente crónico, te convierte en un paciente informado.



Conclusión: lo que heredas, puedes gestionarloLa genética influye, pero no determina. Saber si tienes predisposición a várices o trombosis te permite anticiparte, prevenir complicaciones graves y vivir con mayor tranquilidad.
En medicina vascular, el mejor tratamiento muchas veces es el que no se llega a necesitar.

¿Tienes antecedentes familiares de trombosis o varices? ¿Has tenido un episodio sin explicación clara?
Consulta con el Dr. Fernando Biguria y realiza una evaluación personalizada para conocer tu riesgo genético y vascular.
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Crioterapia y baños de agua fría: ¿amigos o enemigos de la circulación?

9/6/2025

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El frío ha vuelto. Esta vez no como enemigo, sino como tendencia. Baños de hielo, duchas heladas, sesiones de crioterapia y hasta retiros de "cold therapy" prometen beneficios para la salud física y mental. Pero, ¿qué hay de la salud vascular? ¿Es realmente buena idea exponer nuestro sistema circulatorio a temperaturas extremas?
En este artículo analizamos los efectos del frío en la circulación periférica, los beneficios reales, los riesgos ocultos y qué pacientes deben tener especial precaución.


¿Qué es la crioterapia? La crioterapia es una técnica que utiliza el frío extremo con fines terapéuticos. Puede aplicarse de forma local (por ejemplo, en una lesión muscular con hielo) o sistémica (por inmersión en agua helada o cámaras de aire frío a -100 °C o más).

En el ámbito deportivo y del bienestar, la exposición controlada al frío se ha popularizado por sus supuestos efectos antiinflamatorios, analgésicos, circulatorios e incluso mentales (gracias a la liberación de endorfinas y adrenalina).


¿Qué efectos tiene el frío en la circulación?

🧊Vasoconstricción inmediata
Cuando nos exponemos a bajas temperaturas, el cuerpo activa un mecanismo de vasoconstricción periférica: los vasos sanguíneos se estrechan para conservar el calor central. Esto reduce el flujo sanguíneo en las extremidades y puede provocar palidez, rigidez o sensación de hormigueo.

🔁 Posterior vasodilatación reactiva
Al finalizar la exposición al frío, el cuerpo reacciona con una vasodilatación compensatoria. Esto mejora transitoriamente el flujo sanguíneo, lo cual es uno de los argumentos que defienden sus beneficios circulatorios. Sin embargo, este proceso puede ser contraproducente en ciertos pacientes.

¿Puede mejorar la salud vascular?En personas sanas, sí. Algunos estudios han observado que la exposición puntual al frío:
  • Mejora el tono vascular


  • Reduce el edema en piernas tras ejercicio intenso


  • Estimula la circulación gracias al contraste frío-calor


Además, se ha relacionado con una mejora del sistema nervioso autónomo, que regula también la vasomotricidad.
Sin embargo, los beneficios dependen del tiempo, la intensidad del frío y la condición física del paciente. Y aquí es donde hay que hacer una gran advertencia.


¿Quiénes deben tener precaución (o evitarlo)? 
Personas con enfermedad vascular diagnosticada: Si tienes varices, trombosis previa, enfermedad arterial periférica o síndrome de Raynaud, la exposición al frío puede desencadenar una crisis o agravar los síntomas. La vasoconstricción puede reducir el aporte de oxígeno en zonas ya comprometidas y, en casos severos, generar isquemia.

Pacientes mayores o con problemas cardiacos: El frío intenso provoca un aumento brusco de la tensión arterial y de la frecuencia cardíaca por activación del sistema simpático. Esto puede ser peligroso en personas con hipertensión, cardiopatías o antecedentes de ictus.

Cirugía vascular recienteTras una intervención vascular, el frío puede alterar el proceso de cicatrización, interferir con prótesis o afectar el comportamiento hemodinámico en zonas tratadas.​

¿Y entonces… se puede o no?
La respuesta es la de siempre en medicina: depende del paciente. En personas jóvenes, sin antecedentes, la crioterapia puede utilizarse de forma controlada, moderada y supervisada. En pacientes con enfermedad vascular, debe evitarse salvo indicación médica.

No todos los cuerpos responden igual al frío. Y lo que para uno es un estímulo saludable, para otro puede ser un factor de riesgo.

Conclusión: el frío no es inocente
La crioterapia y los baños de agua fría pueden ofrecer beneficios circulatorios en personas sanas, pero no son una práctica universal ni exenta de riesgos.

Si padeces algún tipo de enfermedad vascular o tienes antecedentes familiares, consulta siempre antes de exponerte a temperaturas extremas.


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Cómo influye la temperatura en la vascularización periférica: prevención según la estación del año

9/6/2025

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El sistema vascular periférico —arterias, venas y capilares que irrigan nuestras extremidades— es especialmente sensible a los cambios de temperatura. Tanto el frío como el calor extremo pueden alterar la dinámica circulatoria, exacerbar síntomas en pacientes con enfermedad vascular y, en casos severos, desencadenar complicaciones clínicas.

¿La solución? Conocer cómo responde el cuerpo a las estaciones y adaptar tanto los hábitos como los tratamientos según el clima.

Termorregulación y vasos sanguíneos: una relación estrecha
Nuestro organismo utiliza los vasos sanguíneos para regular la temperatura interna. Es un mecanismo de defensa natural:
  • En ambientes fríos, los vasos se contraen (vasoconstricción) para conservar el calor corporal.

  • En ambientes calurosos, los vasos se dilatan (vasodilatación) para liberar calor a través de la piel.

Este simple ajuste puede tener consecuencias importantes para personas con insuficiencia venosa, enfermedad arterial periférica (EAP), diabetes o antecedentes de trombosis.

Efectos del frío en la circulación periférica

1. Vasoconstricción intensa: El frío extremo puede generar un cierre excesivo de los vasos periféricos, lo que reduce la oxigenación en tejidos distales (manos, pies, dedos). En pacientes con EAP, esto puede provocar dolor (claudicación), entumecimiento o úlceras isquémicas.

2. Fenómeno de Raynaud: El descenso de temperatura puede desencadenar episodios de palidez, cianosis y dolor en dedos, típico del síndrome de Raynaud. Aunque suele ser benigno, puede ser muy incapacitante en climas fríos.

3. Mayor viscosidad sanguínea: El frío aumenta la concentración de fibrinógeno y puede favorecer la agregación plaquetaria, elevando el riesgo de trombosis en personas predispuestas.

¿Cómo prevenir?
  • Uso de guantes, calcetines térmicos y calzado aislante.

  • Evitar cambios bruscos de temperatura (por ejemplo, salir sin abrigo de un lugar muy calefaccionado).

  • Ejercicio suave y regular para estimular la circulación.

  • Mantener la piel bien hidratada y protegida.


Efectos del calor en la circulación periférica

1. Vasodilatación excesiva: El calor provoca una apertura generalizada de los vasos. Esto puede generar edema (hinchazón), sensación de piernas pesadas o incluso mareos por hipotensión en personas mayores o con fármacos vasodilatadores.

2. Agravamiento de la insuficiencia venosa: El verano es el enemigo natural de las várices. La dilatación venosa ralentiza el retorno sanguíneo y favorece la acumulación de sangre en extremidades inferiores, empeorando los síntomas.

3. Mayor sudoración y pérdida de líquidos: Una hidratación insuficiente espesa la sangre y eleva el riesgo de trombosis venosa, especialmente en pacientes sedentarios o con factores de riesgo previos.

¿Cómo prevenir?
  • Beber agua con frecuencia, incluso sin tener sed.

  • Evitar la exposición prolongada al sol o al calor ambiental intenso.

  • Elevar las piernas al final del día.

  • Uso de medias compresoras si existe insuficiencia venosa diagnosticada.

  • Ejercicio regular: caminar en piscina es ideal (baja carga, alto retorno venoso).

Otoño y primavera: estaciones de transición, pero no inofensivas

Aunque las temperaturas son más moderadas, los cambios bruscos pueden ser traicioneros. La inestabilidad térmica favorece la aparición de crisis vasculares en pacientes con patología crónica. Aquí, la clave está en la adaptación progresiva del cuerpo y el uso preventivo de la medicación si hay antecedentes.

¿Y la altitud o el viento? No solo la temperatura es relevante. Factores como el viento fuerte (que acelera la pérdida de calor) o la altitud (que reduce la presión de oxígeno) también afectan la vascularización periférica.

Personas con arteriopatía o antecedentes trombóticos deben consultar antes de viajes a zonas de montaña o exposiciones prolongadas a ambientes extremos.



Conclusión:

El clima también circula por nuestras venas

El sistema vascular es dinámico y responde de forma directa al entorno. Entender cómo influye la temperatura en la circulación periférica nos permite anticipar síntomas, adaptar tratamientos y mejorar la calidad de vida de los pacientes con enfermedades vasculares.

La prevención estacional no es una moda, es una estrategia médica inteligente.

¿Tienes síntomas que empeoran con el frío o el calor? ¿Te preocupa cómo afecta el clima a tu salud vascular?
Consulta con el Dr. Fernando Biguria y recibe una evaluación personalizada con pautas según la estación del año.

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Cirugía endovascular en personas mayores: criterios de selección y riesgo-beneficio

8/8/2025

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Vivimos más. Pero también queremos vivir mejor. En ese contexto, la cirugía endovascular se ha convertido en una opción clave para tratar patologías vasculares en personas mayores sin asumir los riesgos de una cirugía abierta convencional. ¿Pero todos los pacientes ancianos son candidatos? ¿Qué se tiene en cuenta antes de tomar la decisión? ¿Compensa realmente intervenir a los 80 o 90 años?

Hoy profundizamos en los criteriCaos médicos, las ventajas reales y los desafíos que plantea operar a nuestros pacientes de edad avanzada con técnicas endovasculares.


¿Por qué considerar la cirugía endovascular en mayores?La población geriátrica crece a pasos agigantados. Y con ella, los casos de aneurismas de aorta, estenosis carotídea o enfermedad arterial periférica.
El enfoque endovascular permite acceder al sistema vascular sin abrir el cuerpo, usando catéteres guiados por imagen. Esto reduce considerablemente el trauma quirúrgico, la pérdida de sangre y el tiempo de recuperación.
En personas mayores, donde las reservas fisiológicas son limitadas y la cirugía tradicional puede ser inasumible, la opción endovascular abre una puerta que hace apenas 20 años ni existía.


Criterios clave para seleccionar a un paciente mayor

No todos los pacientes de edad avanzada son iguales. La edad cronológica importa, sí, pero la edad biológica es la que manda. Estos son los principales criterios que valoramos:

1. Estado funcional y autonomía previa: Un paciente autónomo, que camina, cocina y realiza su vida cotidiana con independencia, tiene más que ganar (y menos que perder) con una intervención.

2. Fragilidad clínica: Se evalúa con escalas como la de Fried o la Clinical Frailty Scale. Pacientes frágiles tienen más riesgo de complicaciones, pero si la patología vascular amenaza directamente su vida o funcionalidad, la intervención puede estar justificada.

3. Expectativa de vida y calidad posterior: Operar a una persona de 85 años con buena salud general y expectativa de vida razonable puede ser mucho más rentable clínicamente que a alguien de 70 años con múltiples comorbilidades mal controladas.

4. Riesgo anestésico:La anestesia general puede evitarse en muchas técnicas endovasculares, optando por anestesia local o sedación. Esto reduce riesgos en pacientes con insuficiencia cardíaca o respiratoria.

5. Complejidad anatómica:La morfología de la lesión (por ejemplo, en un aneurisma de aorta abdominal) debe permitir un sellado adecuado. En casos complejos, se puede considerar el uso de endoprótesis personalizadas (fenestradas o ramificadas).


Riesgo-beneficio: ¿hasta cuándo operar?Beneficios potenciales:
  • Reducción de mortalidad perioperatoria frente a cirugía abierta
  • Menor estancia hospitalaria
  • Menos dolor postoperatorio
  • Recuperación más rápida
  • Menor impacto funcional


Riesgos a considerar:
  • Complicaciones renales (por contraste)
  • Trombosis o embolias postoperatorias
  • Fallo del sellado o necesidad de reintervención
  • Infección de prótesis, aunque rara
  • Riesgo de sobretratamiento en pacientes sin síntomas o con esperanza de vida muy limitada


La clave está en equilibrar el beneficio funcional real frente al coste biológico de intervenir.

Casos en los que la cirugía endovascular es claramente beneficiosa
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  • Aneurisma de aorta abdominal asintomático pero grande (>5,5 cm) en pacientes de 80+ años con buena función renal y movilidad
  • Isquemia crítica de miembros inferiores, donde la cirugía puede evitar una amputación y mantener la autonomía
  • Estenosis carotídea significativa en pacientes con eventos isquémicos previos y buena recuperación funcional


¿Y cuándo es mejor no operar?
  • Pacientes encamados o con demencia severa
  • Expectativa de vida limitada (<1 año) por enfermedades terminales
  • Fragilidad extrema, con dependencia total
  • Aneurismas pequeños y estables sin signos de complicación
En estos casos, el tratamiento médico y el control clínico estrecho pueden ser más prudentes y éticos.

Conclusión: operar con cabeza… y con corazónLa cirugía endovascular en personas mayores no debe decidirse por la edad, sino por la calidad de vida que se busca preservar o devolver. La tecnología actual permite intervenir de forma mínimamente invasiva, pero no debemos olvidar que cada intervención tiene un coste fisiológico y emocional.

¿Tienes un familiar mayor al que han diagnosticado una patología vascular?
Consulta con el Dr. Fernando Biguria para valorar de forma personalizada las opciones más seguras y efectivas.
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Gestión del paciente deportivo tras cirugía cardiovascular: vuelta al ejercicio

8/8/2025

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La cirugía cardiovascular, ya sea mediante técnicas abiertas o procedimientos endovasculares mínimamente invasivos, representa un punto de inflexión en la vida de cualquier paciente. Pero cuando ese paciente es una persona activa o incluso un deportista habitual, las preguntas se multiplican: ¿Cuándo puedo volver a entrenar? ¿Qué tipo de ejercicios son seguros? ¿Qué señales indican que debo parar?

Este artículo está dedicado a quienes ven en el movimiento no solo un hábito, sino un estilo de vida. Vamos a analizar cómo debe gestionarse la reincorporación al ejercicio físico tras una cirugía cardiovascular, desde una perspectiva clínica, segura y realista.

¿Por qué el ejercicio debe volver… pero con cabeza?Tras una intervención cardiovascular, el cuerpo necesita tiempo para adaptarse a los cambios estructurales y funcionales. El ejercicio físico, bien prescrito, es una herramienta terapéutica poderosa: mejora la capacidad aeróbica, controla factores de riesgo, reduce la ansiedad postoperatoria y disminuye la probabilidad de nuevos eventos cardiovasculares.

Sin embargo, una reincorporación prematura o mal orientada puede suponer un riesgo real: arritmias, elevación de la presión arterial, sobrecarga del injerto o stent, e incluso compromiso hemodinámico.

Hitos clave en el retorno al ejercicio1. Evaluación inicial: no es lo mismo correr que caminar
Cada paciente debe ser valorado de forma individualizada. Las variables clave a tener en cuenta son:

  • Tipo de cirugía (bypass coronario, reparación valvular, implante de stent aórtico, etc.)
  • Tiempo desde la intervención
  • Presencia de síntomas actuales
  • Pruebas de esfuerzo (idealmente con ergoespirometría)
  • Capacidad funcional preoperatoria

Una persona operada de una válvula mitral no puede seguir el mismo ritmo que alguien con una revascularización coronaria simple. El deporte no es la meta, es el camino… y hay que elegir el más seguro.

2. Fase de rehabilitación cardiaca: el eslabón olvidado
A menudo se salta, pero debería ser obligatoria. La rehabilitación cardiovascular supervisada (fase II) es el mejor entorno para retomar el ejercicio en condiciones controladas. Aquí se mide el esfuerzo, se entrena la resistencia y se gana seguridad.

Al terminar esta fase, es cuando el paciente puede pasar a una fase III no supervisada, con plan individualizado de entrenamiento.

Tipos de ejercicio recomendados (y los que no)Ejercicios aconsejados:Aeróbicos de baja intensidad al principio: caminata rápida, bicicleta estática, natación suave.

Entrenamiento interválico moderado (una vez estabilizado): combina tramos de esfuerzo leve y medio.

Trabajo de fuerza con cargas ligeras: mejora la masa muscular y reduce la presión arterial sistólica en esfuerzo si se hace correctamente.

Ejercicios a evitar o limitar:
  • Actividades con picos de intensidad súbita (HIIT, sprints, deportes de contacto).
  • Ejercicios de Valsalva (levantamientos isométricos muy exigentes).
  • Inmersión en agua fría o apnea prolongada (riesgo para la regulación autonómica).

Red flags: señales de alerta que exigen frenar
Durante el ejercicio, estas señales indican que hay que parar y consultar con el especialista:

  • Dolor torácico o presión retroesternal
  • Palpitaciones sostenidas o arritmias
  • Mareo o pérdida de conocimiento
  • Disnea desproporcionada al esfuerzo
  • Fatiga excesiva postejercicio (>24 h)

Nunca debe minimizarse un síntoma. En pacientes operados del corazón, el cuerpo siempre avisa, pero hay que saber escucharlo.

¿Y los pacientes deportistas de alto rendimiento?En estos casos, el regreso al deporte competitivo es posible, pero debe ir acompañado de:

  • Pruebas funcionales con carga máxima​
  • Evaluación ecocardiográfica dinámica
  • Monitorización Holter y control del ritmo
  • Opinión colegiada entre cardiólogo deportivo y cirujano vascular

Muchos pacientes vuelven a correr maratones, competir en ciclismo o escalar montañas. Pero la paciencia y la progresividad son las verdaderas medallas de oro en esta etapa.
El corazón también entrenaLa cirugía cardiovascular no es el final del camino deportivo. Al contrario: puede ser el reinicio, más consciente y seguro, de una vida activa. El ejercicio es medicina, pero como toda medicina, debe dosificarse, ajustarse y monitorizarse.

Con un plan individualizado, supervisión médica y escucha activa del cuerpo, volver al deporte es no solo posible, sino deseable.

¿Tienes dudas sobre tu caso específico o quieres iniciar un plan de actividad física tras tu intervención? Consulta con el Dr. Fernando Biguria para una evaluación personalizada y segura.
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Cuidados pre y post cirugía cardiovascular en verano: lo que debes tener en cuenta

7/2/2025

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El verano trae consigo temperaturas elevadas, más exposición solar, cambios en la rutina y viajes. Para las personas que van a someterse —o se han sometido recientemente— a una cirugía cardiovascular o endovascular, esta época del año requiere precauciones especiales.

En este artículo, te explicamos los principales cuidados pre y postoperatorios en cirugía vascular durante el verano, para asegurar una recuperación segura y sin complicaciones.

¿Por qué el verano exige más cuidados tras una cirugía cardiovascular?El calor intenso puede afectar negativamente la circulación sanguínea, favoreciendo la retención de líquidos, la inflamación de piernas y pies, e incluso el riesgo de trombosis venosa profunda si no se toman las precauciones adecuadas. Además, el sudor, el sol o el exceso de humedad pueden interferir con la cicatrización de heridas o el correcto uso de vendajes y medias compresivas.

Cuidados preoperatorios si vas a operarte en verano1. Mantente bien hidratado
Una hidratación adecuada mejora la viscosidad de la sangre y favorece la circulación. Beber entre 1.5 y 2 litros de agua al día es fundamental, especialmente si hay exposición al sol o actividad física.

2. Evita la exposición prolongada al calor
Antes de la cirugía, evita largas caminatas al sol o ambientes con temperaturas extremas. El sobrecalentamiento puede aumentar la presión arterial y provocar malestar circulatorio.

3. Cuida tu piel
Evita quemaduras solares, heridas o picaduras en la zona a intervenir, ya que podrían retrasar la cirugía o aumentar el riesgo de infección postoperatoria.

4. Organiza tu entorno
Prepara con anticipación un espacio cómodo, fresco y ventilado para tu recuperación. Asegúrate de tener a mano lo que puedas necesitar: ropa holgada, agua, medicación y documentos médicos.

Cuidados postoperatorios en época de calor1. Protege la herida de la humedad y el sudor
El sudor puede irritar la piel y comprometer la cicatrización. Mantén la herida limpia y seca, y sigue las indicaciones médicas sobre el cambio de apósitos. Evita piscinas, playas o duchas muy prolongadas hasta tener autorización médica.

2. Usa ropa ligera y transpirable
Elige prendas cómodas, de algodón, que no rocen la zona intervenida ni generen acumulación de humedad. Esto favorece la ventilación de la piel y evita infecciones locales.

3. No dejes de usar las medias de compresión
Aunque puedan parecer incómodas en verano, son fundamentales para prevenir trombosis, mejorar el retorno venoso y acelerar la recuperación. Se recomienda colocarlas a primera hora del día y retirarlas solo cuando esté indicado.

Consejo: Aplica un talco especial o coloca las medias después de ducharte y secarte bien para mayor comodidad.

4. Evita la exposición directa al sol en la zona operada
El sol puede pigmentar de forma permanente una cicatriz reciente. Cúbrela bien con ropa o apósitos y, una vez cicatrizada, aplica protector solar alto (FPS 50+) si va a estar expuesta.

5. Mantente en movimiento, sin excederte
Caminar suavemente varias veces al día favorece la circulación y previene complicaciones como la trombosis venosa profunda. Evita el reposo absoluto o permanecer muchas horas sentado sin moverte.

¿Se puede viajar tras una cirugía vascular en verano?Dependerá del tipo de cirugía, del tiempo transcurrido y de la evolución de cada paciente. En general:

  • Evita vuelos largos durante las primeras semanas postoperatorias.
 
  • Si viajas en coche, haz pausas cada 1–2 horas para estirar las piernas.
 
  • Usa medias compresivas durante el viaje si así lo indicó tu cirujano.
 
  • Consulta siempre antes de viajar: un control previo puede ayudarte a evitar complicaciones.

¿Qué síntomas deben alertarte durante la recuperación?Consulta de inmediato si presentas:

  • Dolor intenso o que empeora repentinamente
 
  • Fiebre o enrojecimiento alrededor de la herida
 
  • Hinchazón asimétrica o repentina en piernas
 
  • Sangrado, secreción o calor en la zona operada

Estos signos pueden indicar una infección o complicación vascular y deben evaluarse lo antes posible.

Y recuerda: la recuperación en verano requiere atención especial, pero con los cuidados adecuados puedes sanar sin contratiempos.

Si estás por operarte o ya lo hiciste, no subestimes el poder de la prevención. Un entorno controlado, buenos hábitos y seguimiento médico harán la diferencia.

Agenda tu consulta con el Dr. Fernando Biguria, especialista en cirugía cardiovascular y endovascular, y recibe una atención personalizada, segura y con tecnología médica de vanguardia. Tu salud circulatoria merece cuidado, también en vacaciones.
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Alimentos que mejoran la salud vascular: cuida tus venas y arterias desde la dieta

7/2/2025

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La salud del sistema vascular depende de muchos factores: genética, actividad física, control de enfermedades crónicas y, por supuesto, la alimentación. Lo que comes puede influir directamente en la elasticidad de tus arterias, la circulación sanguínea y el riesgo de enfermedades cardiovasculares o venosas como las várices.

En este artículo, te explicamos cuáles son los mejores alimentos para la salud vascular, por qué ayudan y cómo incorporarlos fácilmente en tu dieta.

¿Por qué la alimentación afecta al sistema vascular?El sistema vascular —formado por arterias, venas y capilares— es responsable de transportar oxígeno y nutrientes a todo el cuerpo. Cuando consumimos alimentos ricos en grasas poco saludables, azúcares refinados o exceso de sal, se favorece la inflamación, la rigidez arterial y la formación de placas.

Por el contrario, una dieta rica en antioxidantes, fibra, grasas saludables y micronutrientes puede:

  • Mejorar la circulación sanguínea
 
  • Reducir la presión arterial
 
  • Proteger el endotelio vascular (la capa interna de los vasos)
 
  • Disminuir el riesgo de trombosis y aterosclerosis

Alimentos beneficiosos para tus arterias y venasA continuación, te presentamos una lista de alimentos que contribuyen a la buena salud vascular, respaldados por estudios científicos y experiencia clínica.

1. Frutos rojos
Ejemplos: fresas, arándanos, moras, frambuesas.
Los frutos rojos son ricos en antocianinas, antioxidantes que protegen los vasos sanguíneos y reducen la inflamación. También favorecen la producción de óxido nítrico, mejorando la circulación.

Cómo consumirlos: en desayunos, batidos o como snack natural entre comidas.

2. Ajo
El ajo contiene alicina, un compuesto que actúa como vasodilatador natural, ayuda a reducir la presión arterial y mejora la circulación. También tiene propiedades antitrombóticas, lo que significa que puede prevenir la formación de coágulos.

Consejo: su efecto es mayor si se consume crudo o ligeramente cocido.

3. Pescados grasos
Ejemplos: salmón, sardinas, caballa, atún.
Estos pescados son fuentes excelentes de ácidos grasos omega-3, que reducen la inflamación y ayudan a mantener la flexibilidad arterial. También bajan los niveles de triglicéridos en sangre.

Frecuencia recomendada: mínimo dos veces por semana.

4. Aceite de oliva virgen extra
El aceite de oliva aporta grasas monoinsaturadas y polifenoles, dos componentes clave para mantener niveles saludables de colesterol y prevenir la oxidación de las arterias.

Uso ideal: en crudo, para aliñar ensaladas, verduras o platos cocidos.

5. Cacao puro o chocolate negro
El cacao con más del 70 % de pureza contiene flavonoides que estimulan la circulación, protegen los vasos sanguíneos y reducen la presión arterial. Eso sí, debe consumirse en pequeñas cantidades y sin azúcares añadidos.

Porción recomendada: entre 15 y 20 gramos al día.

6. Vegetales de hoja verde
Ejemplos: espinaca, rúcula, acelga, lechuga romana.
Estos vegetales aportan nitratos naturales que se convierten en óxido nítrico en el cuerpo. Este compuesto mejora la función endotelial y promueve una circulación saludable.

Forma de consumo: en ensaladas, batidos verdes o salteados.

La importancia de la hidratación para la circulaciónAdemás de los alimentos sólidos, el agua también juega un papel crucial. Una buena hidratación mantiene la sangre fluida, facilita el retorno venoso y reduce el riesgo de formación de coágulos.

Consejo: bebe al menos 1.5 a 2 litros de agua al día, o más si haces ejercicio o vives en un clima caluroso.

Alimentos que conviene evitar para proteger tus vasos sanguíneos
Así como hay alimentos beneficiosos, también existen otros que es mejor limitar para prevenir enfermedades vasculares:

  • Alimentos ultraprocesados (bollería, comida rápida)
 
  • Grasas trans y saturadas
 
  • Exceso de sal (embutidos, productos enlatados)
 
  • Azúcares refinados (bebidas azucaradas, postres industriales)
 
  • Reducir su consumo es clave para mantener arterias y venas sanas a largo plazo.

Y recuerda, cuidarse es esencial, pero si ya presentas molestias como hinchazón, pesadez, dolor o várices visibles, no lo dejes pasar. Un diagnóstico oportuno puede evitar complicaciones mayores.

Agenda tu consulta con el Dr. Fernando Biguria, especialista en cirugía vascular y endovascular, y accede a una evaluación profesional, personalizada y respaldada por tecnología médica de vanguardia.

Tu sistema vascular trabaja por ti todos los días. Es momento de devolverle el cuidado que merece.

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¿Por qué me duelen las piernas si no tengo varices visibles?

5/9/2025

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Muchas personas llegan a consulta con una pregunta muy común: “¿Por qué me duelen las piernas si no tengo varices visibles?”
El malestar, la pesadez o la hinchazón en las piernas suele asociarse automáticamente con las varices, esas venas abultadas y azuladas que se notan fácilmente bajo la piel. Pero ¿qué pasa cuando no hay señales externas? La respuesta puede estar en una afección silenciosa: la insuficiencia venosa crónica sin varices visibles, también conocida como varices internas o varices ocultas.

¿Qué son las varices internas?
Las varices internas son venas que han perdido su capacidad de transportar adecuadamente la sangre de regreso al corazón, pero no se manifiestan en la superficie de la piel. Es decir, el problema circulatorio existe, pero no siempre es visible a simple vista.

Esto ocurre cuando las válvulas dentro de las venas, cuya función es evitar el flujo retrógrado de la sangre, dejan de funcionar correctamente. Como resultado, la sangre se acumula en la parte baja de las piernas, causando síntomas molestos sin que haya signos externos evidentes.

Principales síntomas de las varices ocultas
Si bien no se ven, las varices internas sí se sienten. Algunos de los síntomas más comunes incluyen:

  • Pesadez en las piernas, especialmente al final del día.

  • Dolor o sensación de quemazón en pantorrillas.

  • Hinchazón (edema) en tobillos o pies.

  • Calambres nocturnos.

  • Picazón o cambios en la piel, como oscurecimiento o sequedad.

  • Sensación de piernas inquietas o fatiga constante.

Estos síntomas suelen empeorar después de estar mucho tiempo de pie o sentado, o durante climas calurosos.

¿Quiénes son más propensos a padecerlas?
Las varices internas no son exclusivas de un grupo específico, pero existen ciertos factores de riesgo que aumentan las probabilidades de desarrollarlas:

  • Antecedentes familiares de insuficiencia venosa.

  • Trabajos que requieren estar muchas horas de pie (como docentes, enfermeros, peluqueros).

  • Sedentarismo.

  • Sobrepeso u obesidad.

  • Cambios hormonales (embarazo, menopausia).

  • Uso prolongado de anticonceptivos hormonales.

  • Edad (a partir de los 40, el riesgo aumenta).

¿Cómo se diagnostican las varices no visibles?
Dado que no se observan a simple vista, el diagnóstico de varices internas debe hacerse mediante un estudio específico llamado ecografía Doppler venosa. Esta prueba permite visualizar el flujo sanguíneo en las venas y detectar zonas donde hay reflujo venoso o dilatación interna.

La evaluación con Doppler es rápida, indolora y no invasiva, y es clave para confirmar un diagnóstico preciso y definir el tratamiento adecuado.
¿Qué pasa si no se tratan?
Ignorar los síntomas puede tener consecuencias. La insuficiencia venosa, aunque no sea visible, es progresiva. Si no se trata, puede derivar en complicaciones como:

  • Dermatitis ocre (cambios en la coloración de la piel).

  • Úlceras venosas en tobillos o piernas.

  • Flebitis (inflamación de las venas).

  • Trombosis venosa superficial o profunda.

  • Cuanto antes se detecte, mejores serán los resultados del tratamiento.

Tratamientos disponibles
El tratamiento dependerá del grado de insuficiencia venosa y de las características del paciente, pero algunas de las opciones más frecuentes son:

1. Medidas conservadoras

  • Uso de medias de compresión graduada, que ayudan al retorno venoso.

  • Ejercicio físico regular, especialmente caminar.

  • Elevación de piernas varias veces al día.

  • Cambios posturales si se trabaja mucho tiempo de pie o sentado.

2. Tratamientos médicos o quirúrgicos

  • En casos más avanzados, puede indicarse:

  • Escleroterapia con espuma guiada por ecografía.

  • Terapia láser endovenoso (EVLT).

  • Radiofrecuencia.

  • Flebectomía ambulatoria.

  • Cirugía venosa tradicional (en casos puntuales).

Estos procedimientos suelen realizarse de forma ambulatoria y permiten al paciente retomar sus actividades cotidianas en poco tiempo.

¡Escucha a tus piernas!
El dolor, la pesadez o la hinchazón en las piernas no deben ignorarse, aunque no haya varices visibles. Las venas pueden estar dañadas por dentro, y el cuerpo está enviando señales que no deben subestimarse.

La buena noticia es que la insuficiencia venosa tiene tratamiento. El primer paso es acudir a un especialista en cirugía vascular o endovascular, como el Dr. Fernando Biguria, quien podrá evaluar tu caso con precisión y ofrecerte la mejor solución.

¿Tienes molestias en las piernas y no sabes por qué? Agenda una cita con el Dr. Fernando Biguria y obtén un diagnóstico completo. Tu salud venosa merece atención profesional.

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